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El problema del consumo de drogas en los colegios requiere de una solución integral

El 72% de los 1.600 estudiantes que participaron en el estudio consumen sustancias psicoactivas.

Es ahora, después de la muerte de un estudiante y la intoxicación 21 jóvenes más, que Bogotá se pellizca y dimensiona el problema rampante de consumo de sustancias psicoactivas que se presenta en sus colegios. Diana Obando, profesora de la facultad de psicología de la Universidad de la Sabana y co-autora del estudio, dice que la alarma actual por fin responde al estado actual de los colegios del distrito:

“Las cifras muestran una situación alarmante. Lo que está pasando es un resultado previsible de lo que se está viendo en los colegios. Es un tema que requiere de medidas, políticas públicas y programas de intervención”, dijo la psicóloga en una entrevista para este medio.

La investigación recabó los datos entre hombres y mujeres de sexto a once de bachillerato de seis colegios del distrito. Los resultados revelaron que el 72% consumen alcohol o lo han probado. 43% consumen tabaco, 11% fuman marihuana, el 7% aspira inhalantes y el 6% consume LCD. El 4% de los estudiantes aceptaron haber probado o cocaína, éxtasis o bazuco.

La pregunta obvia es qué está pasando en las instituciones educativas. La respuesta, según Diana Obando, tiene dos partes esenciales:

Primero, los estudiantes no tienen espacios educativos diferentes a las clases que les permita canalizar sus emociones y ocupar sus tiempos de manera constructiva. “Encontramos que los estudiantes perciben bajas oportunidades de involucramiento en espacios que apoyen el desarrollo de conductas pro sociales. No tiene opciones donde puedan realizar actividades lúdicas, recreativas”, explicó la co-autora.

Segundo, como explicó, “se encontró baja recompensa hacia los estudiantes por parte de los profesores y administrativos de los colegios cuando ellos presentan conductas apropiadas. Se presta más atención a la mala conducta que a la buena. Los logros y las acciones pro sociales no tienen suficiente reconocimiento”

Se ve entonces que los colegios están fallando en aspectos curriculares y motivacionales en su aproximación a la educación de los jóvenes. Los hallazgos de este estudio no concuerdan con la aseveración de Gustavo Petro durante los resultados de un estudio sobre el mismo tema del Centro de Estudio y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana (CEACSC).

“No es en el colegio donde los jóvenes se vuelven adictos. Es al revés, se vuelven adictos en el barrio y en la familia y es por esa razón que se salen del colegio. El colegio, al contrario de lo que se mostró en las últimas semanas, es el contenedor, el cojín de seguridad social que la ciudad tiene para una juventud popular que vive un drama mayúsculo en sus barrios”, dijo el Alcalde.

Obando considera que “es necesaria una solución integral. Sería muy radical decir que sólo la familia y la calle son responsables porque los jóvenes se desarrollan en un contexto escolar que influye en ellos de manera positiva o negativa. Son varios factores los que confluyen en esta problemática y todos son determinantes”.

El problema, según al investigadora, radica precisamente en la comunicación ente estos factores. “No hay una relación entre el colegio y la familia. Falta, entre estos dos contextos, comunicación que favorezca el desarrollo de los adolescentes. En el hogar tiene que haber información de lo que pasa en el colegio y vice versa. Si en el hogar hay conflicto, en el colegio tiene que haber apoyo. Si en el colegio hay influencias negativas, en el hogar tiene que haber diálogo y supervisión.”

Considerar que el colegio es una burbuja de protección es tan errado como considerarlo el origen de todo el problema. Hogar, colegio y comunidad deben ser tres partes de una misma solución. Para la investigadora, uno de los primeros pasos que el distrito debe dar es crear protocolos de reacción ante el consumo de psicotrópicos entre los estudiantes.

“Los colegios suelen tener un manual de convivencia y normativas claras frente otros temas como el académico pero frente al consumo no hay mucha información. Estas situaciones de consumo traen sanciones pero no existen medidas de prevención”, dijo la psicóloga. Según ella, un protocolo básico debe tener tres elementos:

  1. Sistemas de supervisión para identificar los signos de alarma de un joven que pueda estar consumiendo drogas. Esto requiere de un triángulo de comunicación entre el colegio, los jóvenes y los hogares.
  1. Alianzas con instituciones competentes que puedan atender a los jóvenes en los que se identifica un consumo abusivo de psicotrópicos. En estos casos una hospitalización es necesaria, así como un programa riguroso de seguimiento de la conducta del joven.
  1. Alianzas con centros de atención psicológica clínica para los jóvenes que han consumido pero no presentan un abuso de la sustancia. El apoyo terapéutico es necesario para disminuir el riesgo de una adicción.

Las acusaciones y reducciones del problema a un sol factor no son constructivas. Sólo mediante la creación de protocolos de acción y comunicación podrán los colegios convertirse en verdaderos espacios de educación y protección de la juventud.

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