Inicio / Arte y cultura / Adiós a tres generaciones de libreros

Adiós a tres generaciones de libreros

El templo del libro más antiguo de Bogotá se va involuntariamente. Crónica  sobre un encuentro y una despedida

Por Jaír Villano

@VillanoJair

-Ese no lo tengo, pero debe ser buenísimo –contesta con la genuina felicidad que la caracteriza Clara Vanegas Gaitán, la directora, preservadora y gestora cultural de la Librería Mundial–.

La librería Mundial es la librería más longeva de Bogotá. Lleva más de 50 años promocionando libros y creando espacios para la difusión de la cultura. Fue la  tienda donde se comercializó La hojarasca, la primera obra de Gabriel García Márquez. La librería sobrevivió al sanguinario bogotazo, pero no a los proyectos que tienen los dueños del edificio donde hasta dentro poco estará.

Su creador, Jorge Enrique Gaitán, se hizo librero a los 14 años de edad. Sabía el lugar exacto donde reposaban los libros que con voracidad consumía de un establecimiento. Consiguió ese trabajo por saber el lugar donde estaban los libros  que sus empleados desconocían. Tiempo después, fundó su propia tienda, fue el primero en importar sellos editoriales que no habían llegado al país; y, como si fuera poco, cofundó la Cámara Colombiana del Libro.

Inicialmente, la Librería Mundial se ubicaba en la Carrera Séptima. Tres pisos imponentes por la cantidad y la calidad de libros que los componían era el local donde Jorge comercializaba. Pero  comercializar es un verbo que su nieta, Clara, no compartiría.

-Nosotros somos gestores culturales, más que libreros lo que hacemos es promover la cultura.

Esa misma posición la comparte Luis Eduardo Reyes, profesor de publicidad, cinéfilo por afición y lector por vocación; Reyes es uno de los clientes más asiduos de la tienda, sus reminiscencias infantiles se enmarcan dentro de ese local donde podía ver libros (la cacofonía es a propósito).

-Ese libro me lo encontré en un bus, pero no lo he podido leer –le dice Clara a un grupo de jóvenes que se acerca por una novela de Sábato–.

Reyes le cuenta una anécdota a Clara a propósito del escritor argentino, y esta ríe con esa sonrisa contagiosa y con esos ojos de mirada perdida, que no son más que una cualidad de lectora irreparable.

La segunda persona en llevar las riendas de la librería fue Cecilia Gaitán, madre de Clara, ella siguió el acervo librero de una familia que creció entre Dostoievski, Shakespeare, Dante y todos los gigantes.

Seguramente, Clara discreparía, porque a su abuelo le gustaba promocionar los autores colombianos. Esa faena sería seguida por ella, por eso, todos los sábados había una actividad cultural, o muchas veces un encuentro con un autor. Una charla a propósito de su haber, en la que la interacción debía ser el eje principal.

-Clara –la llama Reyes–; la señora pregunta que si tiene libros de cuentos infantiles.

Las miradas de Luis Eduardo (“un amor”, dice Clara), y la señora que pregunta por los libros (“un Amor”, piensa quien relata esto) se dirigen hacia la parte donde se pueden ver decenas de libros que Gaitán separa por secciones. Pero hoy hay cajas, cajas donde reposan los libros que deberá devolver a las editoriales.

Clara responde:

-¡Claro que los hay! –Y se desplaza con esa sonrisa eterna–.

Ese breve desplazamiento lo hizo un tiempo en París. En esa ciudad de mitos literarios, de Baudelaire y Proust, de Sartre y Houellebecq. A la ciudad a la que hay que ir si se quiere ser escritor, como pensaban los hacedores del Boom, Clara fue de visita, pero terminó viviendo. Dice que la experiencia fue enriquecedora, porque allá hay espacios donde se brinda información pertinente para las personas que quieren trabajar en librerías, “no en bibliotecas, que es diferente el concepto”.

www.lapulseada.com.ar
  www.lapulseada.com.ar

La Librería Mundial es democrática en sus libros. Aunque Gaitán es crítica con las imposiciones del mercado, sabe, de cualquier modo, que poco es más que nada, o sea, que es preferible leer antes que no hacerlo. Además, es consiente que la lectura es un proceso, para aprender a sumar grandes dígitos se debe empezar por mínimas cifras, así es la lectura.

Y es que, de otra parte, nadie debería decir qué leer o qué no, dado que en la autonomía reside la esencia del ser humano moderno, quizá en razón a ello, Clara señala que cuando alguien le pregunta por un libro responde:

-Lea lo que le diga su corazón.

Pero así como con el tiempo la calculadora le ahorró esfuerzos a la mente humana, así mismo le pasó al libro. Clara es reflexiva con esto, profiere que muchas veces el mercado no de la tiempo a la gente para pensar que leer, sino que le impone sus “vampiros”.

La librería es dueña de volúmenes que cualquier librero quisiera tener. El día que se hace la visita no se puede  ver el orden cultural establecido; Gaitán señala que había vitrinas con libros de culturas como la india, japonesa, sueca, alemana, etc.

DSC_0471

Recordar todo esto debe ser nostálgico, sobre todo cuando se tiene que aceptar que no hay marcha atrás. Clara se aferra a la única posibilidad  que tiene, esto es, que con los nuevos dueños del edificio se logre llegar a un acuerdo. Recuerda que hace dos días, el 15 de marzo, debía haber entregado, pero son tantos los libros y los objetos por empacar que no hay tiempo.

-¡En defensa del libro, camarada! –dice en voz alta un señor desde la puerta. Clara ríe–.

En defensa de la cultura del libro fue lo que hizo Reyes el día que le escribió a un noticiero lo que iba a pasar con la librería de más años en Bogotá. El noticiero hizo una escueta nota y algunos medios vinieron a dar cuenta del adiós.

Entre las tantas obras que reposan en los anaqueles, alguien elige uno de Hemingway. Clara le dice que se lo va a vender a precio antiguo (es decir, más económico). Por comprar uno se puede obtener otro libro, que Gaitán dice que no tuvo el reconocimiento debido, el muchacho se lleva una joya de José Restrepo, publicado en 1945.

Junto a los libros Clara entrega un separador y un candado pequeño y antiguo, cuando se le dirime por eso desnuda una sonrisa y dice que es para sellar la amistad, porque más que un cliente, el comprador es un nuevo amigo.

Ese comprador escribe esto, y saluda y se despide con la resignación de lo que pudo haber sido su nueva amistad. Un amigo de muchos años y conocimientos que por razones ajenas a su proceder debe ausentarse, ojalá por poco tiempo.

Te puede interesar

Llega a Bogotá CONEJO BLANCO CONEJO ROJO un impactante espectáculo teatral

“Conejo blanco, conejo rojo”, la puesta en escena impactante que ha revolucionado al mundo de...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *