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Algo huele mal en el Concejo de Bogotá

 

Si a la mala imagen que tiene en estos momentos el Concejo de Bogotá por cuenta de los hechos de corrupción en los que se han visto algunos de sus miembros por el Carrusel de la Contratación, le sumamos la creación de unos sindicatos que se hacen con el ánimo de proteger el cargo de algunos asesores que necesariamente tendrían que salir el 1 de enero de 2016, no nos cabría la menor de que el cabildo distrital se ha convertido en toda una asociación para delinquir.
No existe otro término como el anterior, que pueda describir con mejor exactitud este tipo de prácticas con las que se destruye aún más la imagen de esta corporación, hecho que a muy pocos parece importarle y que debería preocupar, no solo a los órganos de control del Distrito Capital, sino también a las autoridades nacionales, porque en Colombia los malos ejemplos tienden a reproducirse.
Este hecho deja muy mal parado no solo al Concejo Distrital, sino también a la organización sindical en Colombia, quien ya de por si tiene mala fama. Es por esto que sorprende que gremios como la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y la Central General del Trabajadores (CGT), hasta el momento han guardado silencio. ¿Será que están esperando que los 60 nuevos sindicatos que se conformaron en el cabildo se afilien a ellas?
Muy mal mensaje el que enviarían las agremiaciones sindicales si llegan a avalar estas prácticas, porque quienes acuden a conformar estos sindicatos, tienen un claro objetivo y es el de continuar devengando unos salarios bastante altos, así no estén prestando ninguna labor en el cabildo.
Bogotá no se puede dar el lujo de permitir un desangre más en su administración, es por esto que sería bueno que las autoridades de control y judiciales, no solo investiguen a los funcionarios que han acudido a estas prácticas, sino también a los actuales concejales que las avalan, indagando además si estos persiguen intereses particulares.
Algo huele mal en todo esto, porque para acudir a esta práctica, se requiere de alguien que esté arriba que no solo asesore, sino que además ayude a llevarla a la realidad, pero no con el ánimo de ayudar a las personas para que no se queden sin trabajo. Partamos de un hecho y es que “no hay almuerzos gratis”.
Si hay un grupo de personas que bajo cualquier leguleyada están atornillándose a unos cargos en el Concejo de Bogotá, es porque alguien de más arriba, no solo les ayuda, sino que además persigue intereses particulares en el Distrito Capital y se vale de una figura legal y un grupo de idiotas útiles para lograr sus fines.
Lamentable resulta que el Concejo de Bogotá en lugar de quitarse la imagen de ser una institución corrupta, peor o igual que el Congreso de la República, más bien la fortalezca y más triste resulta, que las organizaciones sindicales no rechacen la utilización de esta figura y guarden silencio.
@sevillanojarami

 

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