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Coro del colegio Menorah: un ejemplo para seguir

Los habitantes del barrio Eduardo Santos de la capital dicen que, todas las tardes, en la iglesia Santa Helena se escuchan voces celestiales cantándole a Dios y a los cielos. Pero no son ángeles quienes cantan, son las niñas del coro del colegio Técnico Menorah que, desde hace dos años, trabajan de la mano de la Orquesta Filarmónica de Bogotá en un proceso pedagógico – artístico para convertir el canto y a la música en aliados estratégicos de la formación integral de las estudiantes.

Este imponente coro, que cuando se juntan los dos grupos (primaria y bachillerato) alcanza a llegar a 160 cantantes en escena, se ha destacado por la rigurosidad en su trabajo y el profesionalismo de sus presentaciones. De hecho, ya se presentaron con gran éxito en ‘Colegio Al Festival’, cantaron por pedido especial del embajador de Israel para celebrar la independencia del país hebreo y recibieron una invitación especial para hacer parte del ‘XV Festival Artístico del Rodamonte’, en el marco de las celebraciones del cumpleaños 411 del municipio de Cogua (Cundinamarca), que se llevan a cabo esta semana.

Son más de 600 niñas, de entre los 8 y los 15 años, que se benefician de este centro de interés de la Jornada Completa de Bogotá, la cual se implementa exitosamente en Bogotá desde 2012. Con la asesoría y coordinación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, el coro ha logrado profesionalismo y especialización, equiparables solo con las escuelas especializadas y los conservatorios de música.

Además de recibir técnica vocal y teoría musical con artistas profesionales de gran trayectoria, las estudiantes del coro cuentan con el acompañamiento constante de ocho músicos de la filarmónica que con sus flautas, triángulos, violines y fagots, le dan ese toque de elegancia y sofisticación que han hecho de esta agrupación una de las mejores del Distrito en el ámbito escolar.

El repertorio de este angelical coro va más allá de la música clásica y de cámara, también cuenta con temas tradicionales del cancionero popular colombiano, e interpretan las piezas clásicas del mundo en inglés, latín y hebreo. Nada les queda grande.

“El proceso que hemos iniciado con el coro ha sido enriquecedor en muchos sentidos. Con el coro hemos logrado vincular a los padres de familia y a la gente del barrio y de la comunidad, que aplauden iniciativas como estas que propician la formación integral de las estudiantes a través del arte y la música. Hoy podemos decir que el coro es motivo de orgullo en el colegio Menorah”, comenta Yadira Mena, rectora de la institución.

El canto y la música, aliados estratégicos de la educación

Borrar el estigma de que la música coral y las melodías clásicas son un gusto reservado solo para un sector privilegiado de la población, ha sido uno de los desafíos que Jairo Palomeque y todos los músicos de la Orquesta Filarmónica de Bogotá han tenido que asumir para hacer del coro del colegio una agrupación de gran nivel.

Llevar la ‘música culta’ a estudiantes y padres de familia, de todos los orígenes y todos los estratos, sin distinción, ha sido la apuesta de esta iniciativa que ha logrado permear a la institución con la sensibilidad y la estética de la música clásica y coral a esta institución del centro de Bogotá.

“La Orquesta Filarmónica de Bogotá actualmente hace presencia en 35 colegios del Distrito. Con el apoyo de la Secretaría de Educación del Distrito, hemos difundido las músicas académicas en la educación pública de la ciudad”, asegura Clara Leonor Gómez, artista formadora principal de la Filarmónica de Bogotá. “La música es una parte importante en la formación integral. Brinda ese componente afectivo y estético y desarrolla en las niñas habilidades como trabajo en equipo, desarrollo socio-cultural, apertura sonora (ya que cantan en otros idiomas)”, concluye.

Detrás de la teoría musical y la técnica de canto, compromiso que es asumido con rigurosidad y seriedad por parte de las estudiantes, esta iniciativa pretende inculcar en las niñas valores cívicos y de convivencia como: la tolerancia, el respeto, el trabajo en equipo. Y todo a través de la música.

“En este centro de interés el objetivo principal no es la música, sino las estudiantes. Queremos que la música sea para ellas un vehículo para expresarse y dejar volar la creatividad. No es la música por la música, sino que es un instrumento para sacar a flote el talento de las niñas. Nosotros les mostramos cómo se hace y les enseñamos que ellas mismas pueden hacerlo porque el talento está dentro de ellas”, dice Jairo Palomeque, director del coro y uno de los más comprometidos con esta iniciativa.

Las jóvenes y las niñas de este coro llevan con sus melodiosas voces un mensaje de paz y reconciliación que llega a docentes, directivos y padres de familia cada vez que entran en escena. Las integrantes del coro se han convertido en replicadoras de ese mensaje de convivencia y tolerancia en sus salones de clase, en sus casas, en sus barrios.

Con la música han ganado compromiso y disciplina que las estudiantes trasladan de los ensayos a las clases y a sus casas. Han ganado más tolerancia y mejor convivencia y con la música han incrementado el nivel académico de la institución. Los beneficios son innumerables, y todos están dirigidos a mejorar las condiciones de vida del estudiante y su perspectiva hacia el futuro.

Descubriendo el talento escondido

Según estudiantes y profesores, el colegio Menorah ha tenido un antes y un después desde la implementación del coro en la institución. Decenas de niñas de este plantel han descubierto, gracias a la guía y el acompañamiento de sus maestros, un talento que no sabían que tenían y le han demostrado a la comunidad que sin importar las carencias o las limitaciones ‘uno puede lograr todo lo que se propone’.

Ese es el caso de María Camila Ospina, una estudiante de séptimo a quien le cambió la vida gracias al canto. “Aquí uno aprende que tiene talentos escondidos. Antes a mí en la casa me decían que yo no sabía cantar y aquí descubrieron que sí tengo talento para esto. Soy una persona muy feliz haciendo música y cantando. Cuando canto siento una emoción muy grande, una inspiración. El coro es el espacio en donde expreso todo lo que siento”, comenta esta estudiante que ensaya dos veces por semana con toda la rigurosidad y el compromiso que una actividad de esta dimensión exige.

O también el de Tamara Martínez, quien pasó de cantar en la ducha a presentarse en los grandes escenarios musicales de la ciudad. “A mí me gustaba cantar en la ducha, pero pensaba que no cantaba bien. Una vez una profesora me oyó cantando y me invitó a hacer parte del coro. Me gusta mucho porque le muestran a uno cómo se hace y le explican muy bien. Ahora canto a toda hora. Hasta mis papás me piden que les cante en el almuerzo”, comenta la estudiante.

“Que las niñas vean que pueden cantar como los profesionales y hacer parte de un coro de altísimo nivel como este, porque en el circuito musical de la ciudad sabemos que todo lo que venga del ‘Currículo 40×40’ es sinónimo de calidad, eso le cambia la percepción a las estudiantes y les muestra que pueden hacer cualquier cosa que se propongan”, dice el maestro Palomeque destacando el proceso formativo que se ha gestado en el colegio a través del coro.

Esa es la magia y la mística de la música, que ilumina con su sonido mentes y sensibilidades. Este coro hace mucho más que música. Propicia la convivencia, la disciplina, la sensibilidad y lleva implícito el mensaje de que “todo es posible si uno trabaja para lograrlo”. Como dice el director Palomeque: “¡Relajen los oídos y el espíritu y escuchen estas voces celestiales!”

 

Por Nicolás Rodríguez Chaparro

Fotos Julio Barrera

Fuente Secretaría de Educación

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