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Cuando la cirugía estética se convierte en un infierno

Es increíble que con todas las historias trágicas de secuelas y muertes por procedimientos estéticos practicados en consultorios de garaje, las mujeres sigan siendo víctimas de avivatos que posan de cirujanos y son meros estafadores en Bogotá y en Colombia.

Lo vengo denunciando desde el 13 de junio del 2015, cuando promoví y realicé en el Concejo de Bogotá un debate para advertir que este es un problema de salud pública. Invité especialistas, expertos, víctimas y se mostraron casos y pruebas de certificaciones que no cumplían con los requisitos para realizar este tipo de práctica.

Los casos se siguen repitiendo. El último fue conocido esta semana, una mujer que se salvó de morir después de ser inyectada con polímeros que por poco le causan la muerte por cuenta de un envenenamiento general de su cuerpo, causado por la sustancia que le aplicaron.

Este año ya van 21 denuncias por malos procedimientos y el año pasado la cifra llegó a 95. Eso es inadmisible, sobre todo porque las quejas que llegan a las autoridades no corresponden a la realidad, sino a los episodios más graves.

Y cuando hablo de situaciones graves me refiero a mujeres, que son las principales víctimas, que terminaron con senos asimétricos, prótesis encapsuladas, adormecimiento en glúteos, flacidez corporal, abultamiento en senos, hospitalizaciones después de los procedimientos por infección, dolor, fiebre, dificultad respiratoria, salida de líquido y perforación intestinal. E incluso la muerte.

Entre el 2010 y el 2016, 16 personas murieron por procedimientos estéticos mal realizados en Bogotá, según cifras oficiales de la Secretaría Distrital de Salud, que en sus operativos detectó en ese periodo alrededor de 28 establecimientos que carecen de certificados para adelantar esa clase de intervenciones.

Grave es el hecho de que en algunos casos ni siquiera hay consultorios: cinco muertes conocidas por la secretaría de Salud ocurrieron en vivienda, donde no hay ningún tipo de control sanitario o médico. Y alarmante resulta que en las cifras oficiales al menos el 30 por ciento de las instituciones registradas o que prestan servicio no tienen certificado en ese tipo de procedimientos.

El problema que persiste es el bajo registro de las cifras, es decir el subregistro, porque solo los casos que terminan en secuelas o muertes se conocen. Por eso no hay georreferenciación o localización exacta de cuáles son las zonas donde prolifera el fenómeno.

Además de las denuncias por fallecimientos, hay otro tipo de situaciones, como 367 casos registrados en la Secretaría de Salud, hasta el 2016, por irregularidades en los servicios, la mayoría de estas relacionadas con la falta de personal capacitado.

En el periodo del 2010 al 2016 hay 180 casos documentados de pacientes en Bogotá que quedaron con afectaciones directas en su cuerpo, como cicatrices, abultamientos y malformaciones y desfiguraciones.

He llevado a cabo debates, visitas a casas ilegales de estética, he traído al cabildo de Bogotá a personas víctimas, así como a especialistas para prevenir y advertir sobre el grave riesgo que representan las cirugías estéticas de garaje. Es urgente buscar medidas condenatorias y ejemplarizantes para evitar que este fenómeno se siga presentando.

Abundan los casos de falsos cirujanos y consultorios que no están registrados y no cumplen con los requisitos de bioseguridad y con personal no idóneo.

Los cirujanos están realizando unos cursos de fin de semana o máximo tres meses en Perú, Brasil y Argentina y en Colombia muestran un título de cirujano plástico cuando especialistas serios y auténticos de la academia estudian cuatro años para especializarse solo en esta práctica.

Es preciso llamar la atención a las mujeres para que tengan cuidado, porque una de las partes responsable en toda esta cadena son las víctimas que buscan sitios y supuestos profesionales que no están avalados por instituciones serias en el país para realizar estos procedimientos estéticos.

Quiero recordar que como concejal fui coautora en compañía de la concejala Clara Lucía Sandoval de un proyecto que se aprobó y convirtió en acuerdo de la ciudad, en el que se ordena la realización de campañas que informen sobre los riesgos de realizar procedimientos estéticos en lugares no autorizados.

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