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De otra reforma tributaria, ¡líbranos Señor!

Por Horacio Serpa Uribe

No hay una cosa peor para un legislador gobiernista, que una reforma tributaria. Es lo más antipático e incómodo, porque nadie quiere imponer nuevos tributos ni desoír los reclamos de la comunidad que se considera afectada. Sin embargo, tiene la responsabilidad de escuchar las explicaciones del gobierno amigo y de cooperar en sus propósitos a menos que se trate de exabruptos o de desconsiderados atropellos. Se es amigo en las buenas y en las malas, y en tratándose de un gobierno tener que buscar nuevas contribuciones al fisco es estar en las malas. Dichosos los opositores que solo buscan mortificar al gobierno y oponérsele en todo para desprestigiarlo, sin que les importe la suerte del pueblo.

El Partido Liberal, yo como uno de sus voceros, dijimos que no le jalábamos al aumento del IVA desde que supimos que a cuadernos y útiles escolares se pensaba, estando exentos, colocar en la tarifa del 5%. La Dirección Liberal sacó una directiva para los Congresistas instándolos a oponerse al IVA para la canasta familiar y a los tributos que afectaran a la clase pobre y media. Reclamamos no aumentar la base gravable para renta, no imponer tributos a las pensiones, defender al internet y a los computadores, a los tenderos, a los libros y a otros productos de primera necesidad.

En las conversaciones preliminares hubo unas victorias tempranas, como pensiones y productos exentos, lo mismo que los gravados con el 5% para que no pasaran a la tarifa general del 19%. El liberalismo luchó para que a los asalariados entre un millón y tres millones y medio de renta mensual no se les aplicara  impuesto sobre la renta, favoreciendo a 800.000 trabajadores. Nos opusimos al impuesto a las gaseosas por considerarlas alimento popular. En las discusiones del Congreso contribuimos para  que se bajara de la tarifa general a la del 5% a importantes artículos y para que se declararan exentos otros como las toallas higiénicas y los tapones de uso femenino. A las motocicletas hasta 200 centímetros cúbicos se les favoreció. Lo mismo a las Iglesias, con fervor y compromiso espiritual. En fin, participamos en importantes discusiones y análisis.

Apoyamos el impuesto a las utilidades, que se aprobó para personas naturales, con nuestro reclamo de que se extendiera a las empresas. También demandamos ser fuertes en la lucha contra la evasión y la elusión y aprobamos cárcel a los que se aprovechan insanamente del patrimonio de todos los colombianos, pues si pagaran lo que les toca no se necesitarían más impuestos. Propusimos que un punto del IVA fuera social para invertirlo en salud y educación y contribuimos a la eliminación de un grupo de exenciones injustificadas. Con objetividad, bastante se logró.

La oposición estuvo en contra pero vale la pena anotar que verdes, Polo y Centro Democrático asistieron a la plenaria del Senado y con su presencia facilitaron que hubiera quorum para decidir. El importante Senador Verde Iván Ospina, ex Alcalde de Cali, voto a favor, con notables y valiosas explicaciones. Cambio Radical se retiró de la sesión. Algunos Senadores de la Unidad Nacional no asistieron, otros se retiraron discretamente a la hora de votar el IVA.

Con un grupo de Senadores propugnamos para que el aumento fuera solo de dos puntos y propuse que aprobáramos una norma para que durante 20 años no hubiera más alzas del IVA. No prosperaron. El gobierno demostró que requería diez billones de pesos para sostener los programas sociales, como Familias en Acción, el pago de las nuevas pensiones,   el PAE que es la alimentación para los niños, el subsidio mensual a los ancianos, mejoramientos de aulas escolares, la ampliación del internet y programas con Alcaldías y Gobernaciones, entre otros. No requería comprobar que la caída del precio del petróleo mermó sus ingresos anuales en 20 billones de pesos. Frente a ese panorama, la mayoría de los liberales votamos afirmativamente en Cámara y Senado, en una difícil pero seria y conveniente actitud de responsabilidad fiscal.

EL Partido Liberal obró de acuerdo con sus planteamientos públicos. Hicimos 3 reuniones conjuntas de Senado y Cámara para examinar la reforma, dos de ellas con asesores expertos y una con estos y el Ministro de Hacienda. Luego, Senado y Cámara liberales, nos reunimos por separado con el gobierno. Los ponentes liberales, lo mismo que los liberales de las comisiones económicas, obraron con supremo esfuerzo, seriedad, responsabilidad y compromiso con las ideas partidarias y la comunidad.

Esta reforma tributaria se hizo para favorecer a la clase empresarial, rebajándoles las cargas tributarias para que tengan mayor competitividad y puedan generar empleo. La mayoría lo ha agradecido, aun cuando otros menos conscientes la han criticado asegurando que esperaban más y más. ¡Increíble!

El ejemplo mayor de insensatez corrió por cuenta del Presidente de Fenalco, doctor Botero. Quien lo hubiera pensado tratándose de una Entidad tan respetable. Pesó más su condición de opositor  bravero al gobierno y por eso no ahorró esfuerzos para criticarlo y para denostar del Congreso Nacional. Ahora se presenta como el nuevo Chapulín de los trabajadores y de los pobres, a quienes defiende a capa y espada contra los maléficos efectos de la reforma tributaria. Sí, claro, de una reforma que se hizo para favorecer  a sus afiliados. Vamos a ver si su careta de cordero aguanta tanto como para defenderles a los asalariados el aumento del 14% al salario mínimo.

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