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Del Acto a la Independencia, una lucha de siete años

Facsímil del Acto de Absoluta Independencia de Antioquia.
Imagen: Banco de la República

Libertad absoluta de la Corona española, la que declaró el Estado Soberano de Antioquia el 11 de agosto de 1813, solo se obtuvo casi siete años después de esa fecha, el 12 de febrero de 1820, cuando el general de división José María Córdoba derrotó a las tropas de Francisco Warleta, que pretendían recuperar el control de Antioquia con miras a llegar hasta Perú, tras el revés sufrido por los españoles seis meses antes, en la Batalla de Boyacá.

Ese definitivo episodio, conocido como la Batalla de Chorros Blancos, librada en el Norte de Antioquia, donde hoy se ubica el municipio de Yarumal, fue el punto final a un largo proceso que se inició silenciosamente, respondiendo a las señales que llegaban del sur tras el 20 de julio de 1810.

La provincia de Antioquia era, hace 200 años, la antítesis del empuje y el progreso que hoy la caracterizan. Juan Antonio Mon y Velarde había llegado a decir de ella, a finales del siglo XVIII, que era tan pobre como las peores de África, mientras que la preeminencia la tenían Cartagena, Santafé de Bogotá, Popayán, Quito y Tunja. Sin embargo, según Héctor Quintero Arredondo, presidente de la Academia Antioqueña de Historia, esa realidad estaba cambiando, pues el siglo XIX había traído una incipiente acumulación de capitales con base en el comercio y el oro, y algunas de sus élites habían estudiado en San Bartolomé y en El Rosario, en Bogotá, o en el seminario de Popayán.

Después del grito de independencia de 1810, día en el que “aquí no pasó nada”, según el académico, se empezaron a dar ciertos movimientos de autonomía. Autonomía, mas no independencia, puesto que la realidad de España era compleja: Francia había invadido el país y había removido del trono a Fernando VII, asumiendo el poder José Bonaparte I. Entonces, quienes quedaban a este lado del Atlántico, fieles al depuesto rey, lo que buscaban era “guardarle la corona a Fernando”, en palabras de Quintero Arredondo.

Las primeras normas autónomas fueron la Constitución provisional en 1811 y luego la célebre Constitución de marzo de 1812, firmada en Rionegro. Este mandato había declarado a Antioquia como una provincia soberana, que tenía su propio gobierno, pero que había facultado a sus delegados en Bogotá, don Juan del Corral y don José Manuel Restrepo, para que ingresaran al Congreso de las Provincias Unidas del viejo virreinato y, con una organización federal, formasen el gobierno del reino.

“Acá seguían dándose sus propios gobernadores, incluso algunos se llamaban presidentes del Estado Soberano de Antioquia, y eso se había respetado hasta junio de 1813 cuando se sabe que los movimientos militares en el sur del viejo virreinato, a manos de Juan de Sámano, amenazaban la independencia de la provincia”, explica el académico.

“Muchos fueron los criollos que pensaron que podía darse una reorganización del imperio español. Entre otras cosas porque había una línea liberal española que tuvo su máxima expresión en la Constitución de Cádiz en 1812, entonces creían que con base en una monarquía constitucional podía hacerse como una especie de confederación”, relata Héctor Quintero Arredondo. Pero a la larga, dentro de los españoles se impuso la línea dura, la que esperaba el retorno del rey Fernando VII cuando finalizara la ocupación de los franceses ocurrida en 1808 y que había impuesto al hermano mayor de Napoleón.

Efectivamente, al retorno de Fernando VII en diciembre de 1813, pisoteó la convención de Cádiz. Y en América, los representantes de esa línea dura, Tomás Cipriano Boves, Juan de Sámano, Miguel Tacón y Rosique y Domingo Monteverde, arreciaron los planes de reconquista.

Independencia y caída

En 1813, cuando el panorama era muy delicado por la reorganización de los españoles, hubo varias tendencias: los que estaban de nuevo con España, como los habitantes de Santa Marta, Riohacha, Pasto y parte de Popayán; los que hablaban de llegar a un acuerdo con las nuevas autoridades, y la otra línea dura, la de los patriotas que seguían adelante con la idea de la independencia.

“Los que proclamaron el Acto de independencia de Antioquia eran de esa línea dura: don Juan del Corral, don José Manuel Restrepo y don José María Hortiz”, explica el presidente de la Academia Antioqueña de Historia.

En junio de 1813 se presentaron al Cabildo y se planteó la idea de declarar la independencia absoluta y entregarle el mando a una persona que lo tuviera todo, pues lo que venía era una guerra. El Cabildo aceptó y le entregó todo el poder a don Juan del Corral, a finales de julio.

Y el día 11 de agosto, don Juan del Corral declaró la independencia absoluta de Antioquia. Estuvo al frente de los destinos del Estado hasta 1814, pues el 7 de abril de ese año fallece en Rionegro, y luego asumen el padre José Miguel de la Calle y más tarde don Dionisio Tejada, a quien le tocó organizar la resistencia a la reconquista.

“El Estado Libre y Soberano de Antioquia que nace de la independencia, cae y desaparece ante la reconquista española que ordena Fernando VII, quien le entrega las tropas a Pablo Morillo. Tras tomar Cartagena, Morillo va por el viejo Virreinato, donde Antioquia está incluida. Por el lado de Nechí entran las tropas españolas y derrotan a las antioqueñas en una pequeña batalla cerca de Yolombó, en 1816”, recuerda Quintero Arredondo.

Así las cosas, entre 1816 y 1819 vuelven a gobernar los españoles. El 7 de abril de 1816 asumió como gobernador Francisco Warleta, quien el 21 de julio del mismo año le entregó el poder a Vicente Sánchez-Lima, quien permaneció hasta el 23 de marzo de 1818. Carlos Tolrá asumió el 1 de octubre de 1818.

Libertad absoluta

Para entonces, el general de División, José María Córdoba se movía con las tropas libertadoras por los llanos. El joven militar se había vinculado a los 14 años de edad al ejército del Libertador. Tras las gestas de 1819, regresó a Antioquia para seguir con el plan libertador.

“Los españoles insistían en la reconquista. Aquello de que Sámano, después del 7 de agosto, se voló y ahí terminó todo, no es cierto. El sí se fue para Cartagena, pero desde allí intentó una nueva reconquista. Y Antioquia era muy importante por su ubicación en el mapa y por el oro. Entonces mandan de nuevo a Warleta a que tome a Antioquia. Es cuando le sale Córdoba hacia el norte y en Yarumal, el 12 de febrero de 1820, se da Chorros Blancos y ahí sí, aquí no vuelve a haber bandera española”, relata el académico.

Lo que vino después fue la política. Córdoba ejerce el poder militar por un tiempo y nombra como gobernador civil a José Manuel Restrepo para irse en busca de la libertad de Cartagena.

Pero el mayor cambio político entre 1813 y 1820 era que Antioquia ya no era un Estado Soberano, sino una provincia del Departamento de Cundinamarca, que comprendía todo el territorio de lo que hoy es Colombia.

Posteriormente a la disolución de este país, en 1830, Antioquia pasa a pertenecer a la República de la Nueva Granada, de carácter centralista, hasta que se implantó el sistema federal en 1858 y la provincia pasó a ser entonces, nuevamente, el Estado Soberano de Antioquia, título que ostentó hasta la Constitución de 1886, cuando finalmente vuelve a tomar el nombre de departamento.

El paso de la capital por Rionegro

Quince años después de que fuera erigida la Gobernación de Antioquia en 1569, el rey Felipe II dictó en 1584 la Real Cédula que instituyó a Santa Fe de Antioquia como capital de la recién creada provincia.

En 1826, después de 242 años y por decreto del gobierno del Estado de Cundinamarca, se traslada a Medellín la capital de la jurisdicción.

Sin embargo, entre 1812 y 1816 la capital de Antioquia estuvo en disputa, pues mientras la Corona española mantenía el título sobre Santa Fe de Antioquia, los gobernadores pasaban más tiempo en Medellín y en Rionegro que en la sede titular.

El hecho de que el Acto de Independencia de Antioquia se hubiera promulgado en la sacristía de la Catedral de San Nicolás el Magno, de Rionegro, hace que muchos historiadores incluyan a esa ciudad como una de las capitales que ha tenido el territorio. Sin embargo, el presidente de la Academia Antioqueña de Historia, Héctor Quintero Arredondo, aclara que no hay ningún acto en derecho que haya proclamado a Rionegro como capital, pero sí hubo un traslado de hecho.

“Los cabildantes de Medellín, desde 1810, comenzaron a sacarse un clavo con Santa Fe de Antioquia porque no se les olvidaba que Santa Fe de Antioquia, en 1675, se había opuesto a la fundación de la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria”, relata.

Para 1811, añade, la Villa había crecido mucho, lo mismo que Rionegro. En cambio, Santa Fe acusaba algún cansancio. “Los ciclos del oro van definiendo la importancia de las poblaciones, pero Medellín no vivía del oro, sino que vivía del comercio porque estaba más cerca del camino de Juntas que venía de Nare a Oriente”, cuenta el académico.

A finales de 1811, cuando se convoca la constituyente en Santa Fe de Antioquia, Medellín y Rionegro se unieron para llevar las deliberaciones a Rionegro, donde finalmente se publicó la Constitución de 1812. “Por eso se dice que fue capital y los gobernadores se fueron a vivir allá. Pero al regresar los españoles, en 1816, eso se acabó”, puntualiza.

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