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EL ACOSO SEXUAL A LA MUJER NO ES EXCLUSIVO EN LOS SISTEMAS DE TRANSPORTE

Siempre son bienvenidas las buenas intenciones de proteger a las mujeres y prevenir que sean víctimas del acoso y la inseguridad, especialmente en los buses del transporte público. Claro que son mejor las medidas eficaces y que se puedan llevar a la práctica.

Lo digo porque establecer que las sillas rojas en los buses de TransMilenio se prioricen para las mujeres, como se ha propuesto en el Concejo de Bogotá, segrega a los hombres que tienen igual derecho que ellas a ir sentados en un momento dado mientras se transportan en los buses.

Esa segregación no es sana. Y cuando hay un problema de cultura de maltrato y de acoso una medida semejante puede derivar en confrontaciones en los buses, en chistes y bullying que lleguen al matoneo y en rivalidades que pueden resultar peor que la enfermedad.

Considero que separar a los hombres de las mujeres en los buses es como esconder la mugre debajo de la alfombra para que la casa luzca limpia, cuando en realidad no lo está. De verdad, si vamos a combatir la violencia, la solución no está en calmar la fiebre, sino atacar el mal de raíz.

Quiero recordar que los buses de TransMilenio en Bogotá movilizan al día 2’600.000 pasajeros además según la encuesta de movilidad se presenta tasas de viaje similares para hombres y mujeres lo que indica que adoptar medidas como la expuesta segrega a los hombres y hace más vulnerable a la mujeres frente a la igualdad de derechos y a las luchas que ha significado la condición de igualdad.

Así que, operativamente, garantizar que las sillas rojas sean solo de las mujeres es una tarea que depende de la buena voluntad de los hombres de renunciar a sentarse, porque no hay autoridad que en medio de esos apretones pueda subir al bus para hacer cumplir la medida.

Revisando el contexto internacional que presenta similitudes al proyecto de las sillas y los vagones exclusivos para las mujeres en el transporte público tenemos que por ejemplo en Brasil, entre 1995 y 1997, el metro de Sao Paulo ofreció un compartimiento para uso de solo mujeres, pero después de varias quejas de parejas casadas y ante el temor de demandas por discriminación, la medida se abolió. Desde el 2006, Río de Janeiro puso a funcionar el coche exclusivo para mujeres que opera en horas pico de lunes a viernes. Allí también hay denuncias.

Los países donde han persistido, operan vagones exclusivos, casi siempre identificados de color rosa o fucsia, especialmente en las horas pico, entre semana. Japón, Taiwán, Egipto, Malasia, Indonesia. En Yakarta y la India, incluso hay trenes exclusivos, que no han sido la solución al problema del abuso y maltrato a la mujer.

Un estudio del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal de México, indica que “el 65% de las mujeres que usan en sistema de transporte público ha sido víctima de algún tipo de violencia de género en medio de transporte, paradas o terminales” por lo que se adoptó el uso de vagones exclusivos para mujeres y después se realizó una encuesta donde una de sus conclusiones es que la segregación no es las solución.

El tema es que esta medida no va a transformar la conducta del acoso contra las mujeres, es una problemática que se presenta en cualquier ámbito ya sea laboral, en el transporte público, en el espacio público en centros comerciales, en discotecas es decir en cualquier contorno. La causa de género no se defiende con segregación en el trasporte público.

Por eso es que no respaldo la medida que se propone en Bogotá para que las sillas rojas de los buses de TransMilenio se prioricen para las mujeres. Y qué hacemos con las que van paradas, cómo las protegemos del acoso. Hay que ir en los buses para saber que a diario los pasajeros se enfrentan a codazos y empujones para poder subir abordar el bus, independientemente de su género.

Tenemos que trabajar nación y distrito generando ciudades y por supuesto espacios seguros para las mujeres. No excluyamos, no segreguemos, velemos para que los espacios se puedan compartir sin agredir, independientemente del género.

Insisto, soy defensora de las acciones que buscan eliminar la exclusión, generar equidad, prevenir la violencia contra las mujeres, pero no con segregación.

 

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