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El amor eficaz de Camilo Torres reposa junto a sus restos

Por Jair Villano

De la Iglesia no se puede esperar más que anquilosados conceptos basados en ese libro inextinguible, polisémico, ambiguo, manipulado y romántico: La biblia.

Los representantes de estas doctrinas siempre han usado su poder para adherir o deslegitimar causas por buenas o malas que sean. De estos se suelen escuchar toda clase de historias: los pedófilos, los redentores, los milagrosos, los magnánimos, y los agitadores sociales, como el temible padre Jordán, el párroco José María Castillo, entre otros líderes radicales que fustigaban las inclinaciones “ateas” de los liberales.

Por eso, porque aquí en Colombia la iglesia tuvo poder absoluto hasta antes de 1991, un personaje como Camilo Torres llama la atención. Porque, a diferencia de los otros, este cura no decía vengan hermanos a la iglesia, sino vamos hermanos a la revolución.

Camilo Torres fue muchos: estudiante de derecho, fundador -junto a Orlando Fals Borda- de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, capellán de la misma universidad, director del periódico Frente Unido, líder social, disidente eclesiástico, intelectual y guerrillero fugaz.

Hijo de dos miembros de la élite liberal (su papá Calixto fue médico, concejal de Bogotá y profesor progresista, su madre, Isabel Restrepo era una liberal contumaz que estuvo en la campaña de Olaya Herrera), desde pequeño Camilo mostraba una curiosidad que fue articulada a un pensamiento divergente que lo llevó a la expulsión del colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario de Bogotá, donde lideró ‘El Puma’, un periódico estudiantil que solía contar con críticas sobre la labor ejercida por los docentes. Más adelante pasó al Liceo Cervantes, donde editó un periódico con el mismo talante, cuyo nombre era ‘Ahora’.

En el Liceo conoció a Manuel Mosquera Garcés, fundador de una revista de cristianos, de quien se dice que fue influenciable en el paso que tomaría años más adelante: el seminario.

Pero antes de esa idea, pasó por la facultad de Derecho de la Nacho (1947) por la influencia de su padre, quien para aquel entonces era docente y rector encargado. Camilo fue un estudiante del común, compartió clases con Gabriel García Márquez, Carlos Holmes Trujillo, Roberto Collins, entre otra serie de personajes.

Como el derecho no lo apasionaba, dedicó su tiempo a las páginas de ‘La razón’, un periódico universitario dirigido por su amigo Carlos Villar Borda. En este Camilo hacía diatribas frente al acontecer universitario, y también a la prensa de izquierda de la universidad. En sus artículos Torres decía que estos se dedicaban a hacer apologías a los soviéticos, antes que centrar su atención en las problemáticas del país.

Con la aversión de numerosos mamertos, Torres se deja seducir por el humanismo cristiano y tras lidiar con sus padres, quienes no concebían que un hijo suyo tuviera inclinaciones godas, ingresa al Seminario Mayor. Su paso en este lo lleva a reafianzar sus preocupaciones por las causas sociales en un país donde el poder conservador silenciaba la oposición.

En 1954, ya como padre, viaja a Bélgica a estudiar Sociología. Dos años después llega cargado de ideas revestidas de un marxismo que para aquel entonces se avizoraba promisorio.

Camilo llega a Colombia en 1956, tiempo de aparente reconciliación por las amnistías a los guerrilleros ofrecidas por Rojas Pinilla, pero de conflictos que, en zonas donde la presencia estatal ha sido de ausencia histórica, se iban acentuando y tomando forma.

Su paso por la Nacional como docente le ayuda a reforzar su ímpetu de cambio, el trabajo social adelantado con sus estudiantes en el barrio Tunjuelito impulsan el interés de más estudiante en estos trabajos de observación y ayuda comunitaria. Junto a sus colegas Flas Borda y Germán Guzmán crea Acción Comunal, una plataforma en procura de colaborar en las problemáticas que aquejaban a las comunidades más necesitadas.

Camilo no es visto con buenos ojos en la iglesia. En 1961 tiene problemas con el Arzobispo de Bogotá Luis Concha Córdoba, para quien no resultaba bueno que Torres mezclara su rol de sacerdote con alertas sobre la difícil situación del país. Un año después el padre consolida los malestares de Concha, en un hecho sin precedentes: el capellán apoya la huelga estudiantil. Tiempo después Camilo renuncia a su cargo.

Por fuera de la iglesia, Torres comienza a hacer eco de la teología de la liberación. Llena plazas de muchedumbres que se deleitaban al escuchar sus discursos bien intencionados y elocuentes. Sus seguidores dicen que en muchos aspectos superó a Gaitán, “Camilo es el hombre que mayor volumen de masas ha movilizado en los últimos tiempos. Por una razón sencillísima: Existía una correlación adecuada entre su honestidad política y la honestidad del pueblo ” (Guzmán, 1967: 83).

Su movimiento ‘Frente Unido’ se presenta en tiempos de revolución entre países del este (socialistas) y el oeste (capitalistas), de lucha de clases y de liberación, como en Vietnam, y triunfos históricos e intempestivos, como el ocurrido con Fidel Castro en Cuba. La guerra fría como telón de fondo y el bipartidismo colombiano, expresado en el Frente Nacional, hacen que las masas se persuadan de los argumentos que desde las calles o las páginas de Frente Unido arrojaba.

Su conceptualización del Amor Eficaz se vuelve de fácil inserción. Camilo decía que el amor cristiano no podía concebirse como egoísmo, sino por el otro, para el otro, “Se dice que el amor cristiano es un tipo muy exigente de amor, amor al otro en cuanto a su propia relación, aunque de ello yo no saque ventaja. El otro como otro, pero como Cristo, al fin es el objeto del amor que puede incluso exigir dar mi vida por él” (PÁG 35.)

Así, la eficacia se contempla en tanto servicio por la comunidad. La eficacia del amor era crear los mecanismos para mejorar las condiciones del prójimo, pero como eso no era posible por las vías legales, la revolución, dice camilo, se vuelve un imperativo cristiano.

“Por todos los medios traté que lo hicieran los laicos católicos. Pero que realizaran esa transformación estructural en Colombia, en beneficio de mis hermanos. Sin embargo, vi que o no sé qué o no se podía hacer. Y después de haber ensayado por muchos medios, de recurrir a los políticos de la oposición, me resolví yo mismo a plantearlo al pueblo directamente ” (83).

Lo demás es historia contada, sus convicciones lo llevan a unirse al Ejército de Liberación Nacional. Donde en un intercambio de disparos es asesinado por las tropas de su amigo de infancia; el general Álvaro Valencia Tovar.
El grupo por el que se alzó en armas sigue actuando de manera estólida. El amor eficaz que pregonó está atomizado.

Quizá, reposando junto a los restos de su cadáver.

 

 

1. Heder Calderón Serna citando a Guzmán en Observatorio de Realidades Sociales Arquidiócesis de Cali Fundación Colectivo Frente Unido Colectivo Camilo Vive-Medellín- “Camilo, ayer y hoy, signo de reconciliación”- Pág.49

2. Camilo Torres en Observatorio de Realidades Sociales Arquidiócesis de Cali Fundación Colectivo Frente Unido Colectivo Camilo Vive-Medellín- “Camilo, ayer y hoy, signo de reconciliación”- Pág.83

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Fuente: http://www.mincit.gov.co/publicaciones/39066/olga_lucia_lozano_nueva_viceministra_de_comercio_exterior

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