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“El conflicto armado ocultó los grandes problemas sociales del país”

El diario bogotano habló con Fernán González, sacerdote jesuita autor del libro Poder y Violencia en Colombia, análisis que recoge su trabajo individual de casi una vida y los análisis y reflexiones de los equipos del CINEP que se han ocupado del tema durante tres décadas, además de los equipos de investigación que hoy se agrupan en el Observatorio Colombiano para el desarrollo integral, la convivencia ciudadana y el fortalecimiento institucional en regiones fuertemente afectadas por el conflicto armado.

Este libro  recoge los resultados de las investigaciones realizadas sobre las relaciones entre la violencia política y la construcción del Estado en Colombia en una perspectiva de larga duración, que arranca desde los tiempos coloniales y pasa por las turbulencias del siglo XIX, para desembocar en las violencias del siglo XX y hasta las conversaciones de paz en La Habana.

El diario bogotano: ¿Cuál es el origen del libro Poder y Violencia que, en estos días pasados, ha sido declarado como una investigación fuera de concurso por el premio de la fundación Alejandro Ángel Escobar?

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“La lucha política nunca es entre enemigos sino entre adversarios con discrepancias” afirma el padre Fernán.

Fernán González:  En el Observatorio con el que se hizo el estudio, se realizaron investigaciones que cubrían  el conflicto región por región del país. En torno a esos estudios regionales nosotros hicimos dos visiones generales: una sobre economía y un libro sobre el contexto político general. Este esfuerzo sobre lo político es el libro Poder y Violencia, que hace parte de una colección de nueve obras y también es parte de un trabajo de un grupo de alrededor de 30 investigadores  durante seis años. Es un estudio colectivo;  mi papel fue asumir la dirección del grupo y además estaba encargado de la dimensión política de todo ese proceso investigativo.

E.D.B. ¿Qué objetivo inicial se trazaron sobre el tema del conflicto en Colombia en esta investigación?

F.G. El estudio trata de superar las visiones, más o menos reduccionistas y maniqueas, que tenemos sobre la violencia y pretende ubicar el conflicto armado dentro del contexto de la formación del Estado colombiano.

Lo primero que encontramos era que la violencia no cubría homogeneamente todo el país, sino que estaba muy diferenciada por regiones; además, la misma violencia, era diferente en algunos sitios y la inserción de los actores armados era diferente según las condiciones que encontraban en cada región.

Ese fenómeno tiene que ver con la manera como se ocupó el territorio, de la manera cómo esas regiones se vincularon o no a la economía, a la política. Para entender a Colombia, no solamente la violencia, sino la historia colombiana, la economía, el desarrollo y la vida política, hay que mirar siempre una interacción entre tres polos: el polo nacional, el polo regional y el polo local. Ese fue nuestro punto de arranque en esta investigación.

E.D.B. ¿Cómo continuó este proceso de investigación?

F.G. Empezamos a preguntarnos qué había pasado en esas regiones durante el pasado histórico de Colombia, y encontramos que tenía que ver con el proceso de ocupación del territorio y la colonización campesina de zonas periféricas, que no produce la violencia en sí misma, sino que lo que produce es una  población campesina excedentaria que es expulsada sistemáticamente a las zonas marginales. Así, además, se evitó que en el país se hiciera una reforma agraria, porque siempre había una zona de selva disponible.

Y adicionalmente al problema de la tierra, está el problema de cómo esas regiones y poblaciones nuevas se vinculan al Estado o las dificultades de una mediación política; eso nos llevó a otra cosa: la relación del bipartidismo, los partidos liberal y conservador como los canales que permitieron que las poblaciones se fueran insertando a la nación.

El problema en los últimos tiempos es que cada vez más el papel mediador de los partidos se desdibuja hasta llegar a la situción actual, donde los partidos tradicionales ya no son el monopolio de la vida política; ahora pasamos a una situación multipartidista y en esa falta de expresión política en lo social, surgen las guerrillas.

E.D.B. Con relación al tema de la violencia ¿Cómo surge esa dinámica de conflicto en la que hemos estado atrapados durante seis décadas?

F.G. Hay una interpretación de la violencia que dice que ésta se debe a factores objetivos: desigualdad, pobreza inequidad etc. Otros dicen que la violencia es el resultado de opciones voluntarias, por voluntad política, por necesidad de lucro.

El problema es que para entender el conflicto armado no basta con las condicoinbes objetivas, hace falta la parte subjetiva y en esa mentalidad sí entran, por ejemplo, factores ideológicos o el enfoque de las nuevas guerras civiles por lucro. Las causas objetivas y subjetivas  se interrelacionan, se necesita de ambas para entender y analizar el conflicto

Hay una mentalidad de reducir el conflicto armado a un ataque narcorterrotiasta, la de Uribe por ejemplo, y tiene que ver con una concepción de la política como un enfrentamiento entre el bien y el mal absoluto, entre el blanco y lo negro; y resulta que la política está llena de grises. Hay que empezar a mostrar que el problema es más complejo. Hay que procurar romper con la lectura maniquea de la política como negación del otro, que es la tendencia que profundizó Uribe.

E.D.B. Una verdadera educación política para la ciudadanía

F.G. Claro;  otra cosa que me preocupa de eso fue que este estado de cosas ocultó parcialmente los problemas sociales que existían;  la lucha se simplificó entre los que están a favor de las Farc y los que están en contra, pero si uno dice: hay un problema campesino, un problema agrario o un problema social, inmediatamente esa reclamación se deslegitima. Todos esos problemas quedaron ocultos.

Y esa mentalidad simplista del conflicto, reforzada por los medios de comunicación, nos metió en la encrucijada de guerrilla o no guerrilla y de esa manera se han descalificado todos los intentos de reformas. Un proyecto de cambio era visto desde esa perspectiva y así muchos quedamos asociados a que éramos cómplices de la guerrilla.

E.D.B. ¿Qué papel juega Bogotá en todo este asunto del conflicto?

F.G. Uno de los problemas que yo creo que tiene la solucion política negociada es que la guerrilla está ubiada en las zonas periféricas de la sociedad campesina, y responde a un problema campesino, agrario, nunca resuelto.

Pero el país se urbanizó y entonces resulta que la población urbana no comprende las compliejidades del mundo campesino; hay una desconexión completa entre el mundo urbano y el mundo rural, ese es un problema.

El otro problema está en que esa relación lejos de ser estática, produce un fenómeno de desplazamiento que llega a la ciudad. Hay una nueva población urbana, marginal, que no encuentra cómo insertarse en la vida económica de Bogotá. Hay una gran contradicción entre lo urbano y lo rural que dificulta mucho cualquier intento de paz y explica un poco la incomprensión y la postura negativa frente al proceso actual de La Habana.

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“En La Habana no se va a resolver la pobreza o la violencia en las ciudades.” explica Fernán González

Entonces vemos que el problema es que la negociación de La Habana, con todas sus dificultades, está logrando resultados. Pero lo que se gana allá, se pierde en Bogotá. Y no es un proceso de reconciliación simplemente, de reinserción de unos guerrilleros desmovilizados al mundo moderno y urbano, sino es un proceso de reconstrucción de la nación colombiana dentro de parámetros de mayor igualdad, o al menos menos desigualdad; de mayor inclusión política.

Lo grave de esa ruptura entre el mundo urbano y el rural está impactando de manera negativa la opinión pública en las ciudades. Y un poco lo que he querido mostrar con este libro, es que no estamos condenados a vivir por siempre en la violencia, porque esta es una construcción histórica, y por medio de reformas, es posible revertirla.

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Un Comentario

  1. Santiago GonzálezG.

    Excelente trabajo. Ayer estuve en la feria del Libro en Medellín y allí vi los dos tomos de Indalecio Liévano Aguirre que tratan sobre el paìs desde otra perspectiva Histórica, diferente de la Historia de Henao y Arrubla, que nos tocó aprender. Bienvenido este aporte del Investigador Fernán González y su equipo, en los comienzos del siglo XXI para que los jóvenes tengan a disposición este excelente trabajo Investigativo, que es la radiografía del País.

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