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EL DRAMA DE LOS PADRES, MIENTRAS LOS MAESTROS MARCHAN Y HACEN PARO

Durante 33 días hemos sido testigos de cómo alrededor de 350.000 maestros del país que se declararon en paro. El tire y afloje con el gobierno Nacional para obtener sus requerimientos laborales ha mantenido paralizada la educación pública de 8 millones de estudiantes del país.
Pero en este escenario tenemos que hablar de otros derechos fundamentales: el de los niños y jóvenes para recibir su educación, que tiene protección constitucional, y el de los padres, que confiaron a la educación pública la formación de sus hijos. De estos dos derechos hemos hablado poco en los últimos 33 días.
Los padres de familia han respaldado, hasta donde la solidaridad lo permite, las reclamaciones de los maestros, pero después de un mes de parálisis, de tener a sus hijos en la casa o en la calle por falta de clases, ya reclaman que el Gobierno Nacional y Fecode pongan por encima de sus intereses los derechos de los estudiantes.
No se trata de que los padres se desentiendan de sus hijos, cuando los mandan al colegio. El asunto es que las personas que acuden a la educación pública lo hacen porque no tienen recursos para la educación privada. Son personas que trabajan la mayor parte del día, y tener a sus hijos sin estudiar les complica la vida.
Las empresas no son lo suficientemente laxas como para entender que sus empleados se tienen que ir más temprano para la casa, o faltar a sus labores, durante un mes porque deben cuidar a sus hijos mientras los maestros marchan por las calles.
Después de más de un mes de clases perdido, será necesario escuchar el llamado de los padres que se han atrevido a levantar la voz para que no haya vacaciones y se suspenda la semana de receso de octubre, o de lo contrario los programas académicos se quedarán a medias y los estudiantes serán al final los que asuman el costo del paro del magisterio, recuperar las clases perdidas es fundamental.
¿Qué hace usted con tres niños de 7, 8 y 9 años, que es un escenario usual en las familias que tienen a sus hijos en los colegios públicos? Si es una vendedora, por ejemplo de algún entro de comercio, se los lleva al trabajo. ¿Por cuánto tiempo puede repetir la operación? ¿Y qué pasa si se los lleva a la oficina en caso de ser un empleado? Y la otra opción: ¿pide permiso para no ir a trabajar para poder cuidar en su casa a los niños mientras los maestros paran?

La situación se ha vuelto inmanejable, y ya es hora de que Gobierno nacional y los maestros se pongan de acuerdo y hagan el esfuerzo de pensar en los ocho millones de estudiantes y sus familias que se están perjudicando con esta protesta. Por el derecho a la educación y el respeto por la los estudiantes que son los responsables del futuro de Colombia.

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