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Lunes 7 de diciembre, 6 p.m., timbró mi celular. Era el general Rodolfo Palomino.

El “ejemplar” Palomino

Era el general Rodolfo Palomino. Me sorprendí, pero contesté. Sonaba muy amable. Insistentemente me pidió que le entregara los correos anónimos que recibí y en los que hablaban de chuzadas y seguimientos de la Policía contra varios periodistas. Le dije que no, que hiciera el trámite formal en la Fiscalía. Fui honesta, le dije que no confiaba. Insistió: “deme aunque sea unito”. Hablamos 17 minutos. Me cerré en el no, el general reiteró: “piénselo, yo la llamo mañana”. Colgué y llamé al fiscal del caso. Él, muy serio, me advirtió que si el general volvía a llamar, le dijera que hablara con el director del CTI. Palomino no llamó más.

¡Hay hechos que hablan por sí solos! En el caso Palomino, también hablan por sí solos hechos probados como la compra de dos lotes baratos al coronel (r) Jerson Jair Castellanos, en medio del escándalo de la Comunidad del Anillo en la Policía en 2006; o el negocio de la tierra, casi regalo, que Palomino compró en el lujoso condominio de “Los Caballeros de La Noche”, aceptando grandes descuentos; o su empresa familiar de transporte, en la cual invirtió el mismo año en el que fue nombrado director de Tránsito. Sus vehículos obtuvieron jugosos contratos rápidamente. Palomino, en 2009, cuidaba entonces los carros de carga pesada que rodaban por el país, incluidos los suyos.

Otro hecho que habla por sí solo es la grabación en la que subalternos del director de la Policía presionaron y amenazaron al coronel Reynaldo Gómez para que cambiara su denuncia de acoso sexual contra el general Palomino, quien reconoció que autorizó la reunión y quien en últimas sería el único beneficiado si Gómez rectificaba.

El general Palomino perdió legitimidad para ser director de la Policía y esto sin contar el sórdido caso del capitán Jorge Lasso, denunciado por Claudia Morales y Daniel Coronell.

Otra cosa son las chuzadas y seguimientos a periodistas. Están probados y las autoridades competentes deberán descubrir quién ordenó y quién ejecutó. El fiscal dijo que los indicios apuntan a la Policía. ¡Ya eso es escandaloso!

Sin embargo, el ministro de Defensa se ha empeñado en difundir la hipótesis del complot contra Palomino, insistiendo en una pelea de generales, que es posible que esté ocurriendo. Si es así, ¿por qué no saca de la institución a quienes quieren tumbar a un oficial “ejemplar”? Otra hipótesis señala un plan de los Úsuga, por los duros golpes que ha recibido de la Policía. De ser así, ¡muestren las pruebas! Si no, no desvíen las investigaciones.

Y como los hechos hablan por sí solos, ¿por qué la Policía se adelantó a hacer un peritaje al Audi gris que supuestamente ha hecho algunos seguimientos a periodistas? ¿Por qué no dejó que lo hiciera el CTI? ¿Por qué apenas horas después de que Palomino se enterara de los anónimos, el informante me advirtió que “había revuelo en la Policía” y que habían ordenado levantar las fachadas, pero seguir chuzando?

Presidente Santos, usted que sacó a 11 generales de la Policía por indicios de chuzadas cuando era ministro de Defensa, ¿por qué no está viendo las pruebas ahora? Y aunque no le guste, si su Gobierno no chuza, en su Gobierno sí chuzan.

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