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El incomprensible Vargas Llosa

El escritor cumple 80 años de edad, El diario bogotano te deja un recuento de su obra.

Por Jaír Villano

@Villanojair

Para ningún lector de sus obras constituye un secreto que lo mejor de Vargas Llosa  se remonta a un período de tiempo donde su fama era menos mediática. El premio Nobel de 2010 le significó un reconocimiento que sí: lo puso a la altura de Sartre, tan influyente en el entonces Varguitas;  Hemingway, Faulkner, a quienes admiraba por su estilo; Neruda, ese poeta que siempre cita; Gabriel García Márquez, aquel viejo amigo que perdió por causas poco esclarecidas, pero al cual siempre admiró por su exuberancia narrativa expuesta, entre otras, en su novela Cien años de soledad, que en su edición conmemorativa cuenta con un refinado prólogo del peruano.

El Vargas Llosa de ‘Los Jefes y los Cachorros’ no fue (y no podría ser) el mismo que años después escribió ‘La ciudad y los perros’.  No. De los cuentos juveniles y poco atrevidos en el estilo narrativo los lectores encontramos un escritor soberbio, que concatenaba de manera ágil y sutil  el marco espacial y temporal, un recurso que viene siendo normal en la literatura contemporánea, pero que, para aquel momento (1960), solo era utilizado por algunos pocos maestros, verbigracia, Faulkner y Rulfo.

La novela generó polémica en el colegio Leoncio Prado, pero la ficción se impuso ante la censura.
La novela generó polémica en el colegio Leoncio Prado, pero la ficción se impuso ante la censura.

Pero la novela no solo paraba ahí, también había un entramado social revestido en los personajes o estudiantes del colegio Militar Leoncio Prado. La historia del poeta Alberto, el cadete Arana y el Jaguar lo llevó a ser el ganador del premio Biblioteca Breve (Seix Barral), lo cual lo hizo entrar a los ojos del vecindario latinoamericano y de ese grupúsculo que luego sería denominada el Boom.

Varguitas era ambicioso, lector consumado de Cervantes y Flaubert, y sabía que un buen escritor debe superarse, por eso siguió escribiendo historias de inconmensurable ambición, como lo es ‘La casa verde’ (1966), obra que le mereció el Rómulo Gallegos, y en la que demuestra su avezado saber literario.

Pero fueron más de dos lustros después, cuando el peruano reivindica la capacidad narrativa de la que era dueño,  pues aunque hay de gustos a gustos, un lector objetivo puede llegar a compartir que ‘Conversación en la catedral’ (1969),  ‘Pantaleón y las visitadoras’ (1973), y ‘La tía Julia y el escribidor’ (1977), son novelas amenas, sencillas, para el divertimento. Ya está.

En cambio, el Varguitas de ‘La guerra del fin del mundo’  (1981) es un narrador imponente, que mediante una poderosa urdimbre relata la historia del Consejero, ese mesiánico personajillo que hizo parte de la historia de Brasil en 1897, y que fue reconocido por su poder de persuasión y la hábil ( e incluso inverosímil) manera en que lograba conseguir adeptos.  Por medio de un centenar de increíbles pero cotidianos personajes el relato se va hilvanando de tal forma que el lector termina seducido por la “bondad y la filantropía” del Consejero de Canudos.  Y la guerra…ah, la guerra que desatan los adeptos del consejero y los militares es un formidable dibujo del acontecer histórico de aquel conflicto en el país suramericano.

Julio Cortázar y Vargas Llosa
                                     Julio Cortázar y Vargas Llosa

Con esta novela Vargas Llosa volvía a sorprender a una crítica que tal vez había sospechado de su genialidad con los textos antes mencionados, y que lo pudo volver a creer una vez volvió a la escena con el fracasado Mayta (1984), el fácil erotismo de don Rigoberto y sus cuadernos (1997), así como de la poco conocida ‘Lituma en los Andes’ (1996). Pero bueno para aquel entonces Mario venía de una intensa campaña política con la cual buscaba convertirse en presidente de la República del Perú. Así como de escribir una autobiografía, ‘El pez en el agua’ (1993), y una obra de Teatro, ‘El loco de los balcones’.

Hubo, entonces, que esperar hasta el 2000 para que el peruano volviera con una novela magistral, ‘La fiesta del chivo’, la cual recrea la forma en que el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo es revocado del poder, esto a través de la historias de los conspiradores que se resistían a seguir bajo el mando de aquel dictador de despiadadas maneras de gobernanza.

La historia principal es la de Urania Cabral, aquella mujer que ha vivido por fuera del país  desde hace mucho tiempo, pero a quien le tocó vivir la prepotencia del caudillo, de la que vino a ser víctima, entre otras, por el descomunal poder del presidente, pero también por la falta de coraje de un padre (exsenador) incapaz de retar la figuraba que representaba este. En pasado, presente y futuro, se entrelazan la historias de otros personajes cuyas vidas son igual de trágicas, y cuya sed de venganza suscitan el complot contra el  tirano.

Mario volvía a demostrar ese talente de escritor prominente. No obstante, tiempo después vienen una serie de novelas que siguen la línea del escritor incomprensible, que edifica obras maestras de la misma forma en que construye universos rosas, anodinos e incluso cursis.

A ‘La travesuras de la niña mala’ (2006), junto a la Tía Julia su obra más rosa, le siguió ‘El sueño de Celta’ (2010), obra de corte histórico mas de menor relevancia que las antes dichas.  Esta novela fue el texto que lo consagró como uno de los escritores que  la Academia Sueca condecoraría con el premio Nobel de Literatura.

Su más reciente novela, ‘Cinco esquinas’, ha  sido objeto de reservas porque, a decir de algunos críticos, en este Vargas Llosa improvisa y desgasta su estilo. Tal vez esta es muestra del espectáculo al que últimamente se enfrenta debido a su romance con la actriz Isabel Preysler.

El 28 de marzo Mario Vargas Llosa cumple 80 años.   Un octogenario lleno de una vida apasionada por la literatura y menguada por la política,  no valdría la pena aquí mencionar sus posturas con el poder (la sempiterna derecha).

 

El peruano fue el invitado de honor el FILBO, 2014.
El peruano fue el invitado de honor el Feria Internacional del Libro de Bogotá, 2014.

 

 

 

 

No importa, es sabido que en el arte es necesario diferenciar entre autor y obra; Mario ha sido un escritor que ha marcado (y seguirá) marcando generaciones de nuevos prosistas, y que ha dejado un importante legado para literatura peruana, latinoamericano y mundial.

Por cuestión de espacio se dejó de lado sus trabajos de ensayísticos,  pues para ello el lector puede revisar su columna quincenal y su aversión por la civilización (¿de su espectáculo?). Es tan buen escritor como tan mal político, es  arquitecto de  formidables obras  así como de romances clichés, que, ay, sí,  tenían que terminar en París. Crítica a Trump, pero apoya a Rajoy. Dicen que en su cumpleaños se reunirán figurillas como Andrés Pastrana y Álvaro Uribe.

Y pensar que fue el mismo militante de izquierda que llegó a simpatizar con Castro. Pero ya decía Keynes que si la realidad cambia, la opinión cambia.  Pero es que Vargas Llosa…Vargas Llosa es incomprensible.

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