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El parque-cárcel de Engativá

Encontrar la URI de Engativá, según le dice una señora a otra, es fácil: “Siempre que uno llega al parque, ve a los presos amarrados afuera”.Frente al andén en el que están sentadas las mujeres hay un trío de hombres. A primera vista parece que están cogidos de las manos. De cerca se puede ver que sus muñecas están encadenadas por dos pares de esposas. Los tres detenidos están bajo la custodia de dos policías.

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Tres hombres acusados de hurto esperan su turno de ingreso a la URI. Por ley, el tiempo máximo de detención antes de que se decida sobre su caso es de 36 horas

Todos, las mujeres, los capturados y los agentes, están esperando. Ellas al hijo que está poniendo un denuncio, ellos a que los registren y les hagan el examen de medicina legal que compruebe que no fueron víctimas de abusos por parte de los agentes, estos últimos a que les digan qué hacer con los hombres que iban en un taxi que estaba reportado como robado.

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Los detenidos entran esposados a la URI cargando bolsas con ropa y cobijas. Según la cartografía de la inseguridad en Bogotá de Noticias RCN, los crímenes más comunes en estas localidades son el microtráfico, la violencia interpersonal y el hurto.

Su sala de espera es el parque en el que los vecinos del barrio La Granja pasean, juegan fútbol, descansan y juegan. No tienen más opción porque en la casa, en la que funciona la Unidad de Reacción Inmediata, no hay suficiente espacio para acomodar a la gente ni personal para atenderla. A esas dos plantas, donde se acomodaron La Fiscalía, el CTI, la SIJIN y Medicina Legal, llegan todas las víctimas y victimarios de la zona, los criminales detenidos en flagrancia y los ciudadanos que acuden a la ley para denunciar un delito.

Esa zona que atiende la URI cubre tres localidades: Engativá, Barrios Unidos y Fontibón. Entre las tres suman más habitantes que las tres capitales del eje cafetero juntas. La resolución de muchos de los delitos que se cometen entre ese millón y medio de capitalinos queda en manos de los funcionarios que trabajan en esa casa de La Granja.
La enorme cantidad de casos se puede comprender si se considera que, según cifras del observatorio de seguridad de la Cámara de Comercio, los porcentajes de victimización directa (personas que declararon ser víctimas de un delito) ascienden a 10,8% y 10,3% en Engativá y Fontibón, respectivamente, y 12,1% en Barrios Unidos.

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A la derecha, sobre un carro incautado, el policía. En el medio tres hombres y una mujer detenidos. Junto a ella, dos mujeres que la acompañan. Atras se puede ver parte del parque del barrio La Granja

La característica que añade un grado de complejidad a la URI es que cubre todos los delitos que se cometen en el aeropuerto. Estos incluyen tráfico de drogas, robos, migración ilegal, contrabando y otros crímenes que suelen involucrar extranjeros que, en algunas ocasiones, no hablan español y no conocen el país.

La congestión de una URI no es noticia en una ciudad en la que la victimización directa es del 12.6% y la indirecta del 25.5%. Pero la congestión de la de Engativá ha sido tan noticiosa que ha salido en muchos de los medios del país. Imágenes y videos registraron el parque de La Granja convertido en una improvisada zona de campamento donde, entre cambuches y plásticos, los detenidos esperaban a que en las oficinas se resolviera su situación.

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Harold, habitante de la calle, fue detenido por consumir bazuco. Espera junto a un taxi cuyos pasajeros portaban armas.

El parque se convirtió en la celda abierta y un baño al aire libre. Al interior de la URI la situación no era mucho mejor. Según cuentan los funcionarios de la fiscalía, los pisos de las salas de espera estaban llenos de detenidos, los olores de los baños eran insoportables y la zozobra del trabajo entre decenas de presuntos criminales, insoportable.

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Los camiones de la policía se usan para retener presuntos criminales mientras se decide sobre su caso en la URI

Fueron necesarias dos tutelas con sus órdenes judiciales para que se lograra el despeje de la URI y el parque y la movilización de los detenidos a estaciones de policía y centros de reclusión. Hoy, según uno de los agentes que espera el turno del hombre que detuvo por posesión de bazuco, la congestión es la misma pero se maneja de diferentes maneras. Mientras lo dice, un camión de la policía se parquea frente a la puerta de la URI. En su interior hay detenidos que, según dicen a través de las rejas, estarán ahí hasta el amanecer cuando serán puestos en libertad. Efectivamente el camión es un centro de detención móvil e improvisado donde, como sucedía en el parque, los capturados pasan horas mientras esperan el registro de la fiscalía y el examen de medicina legal.

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Harold llora porque le duele una muela. Según dice, a las seis de la mañana del día siguiente lo liberarán y en el camión sólo lo retienen para “terapiarlo”. Junto a él, duerme otro habitante de la calle

La detención del presunto criminal es también, para efectos prácticos, la detención del policía. La mayoría de ellos tienen que acompañar a la persona durante horas, esperar a que complete el procedimiento en la URI y llevarlo hasta el centro de detención que le asignan (si es que le asignan uno). Hasta 25 horas puede estar un policía custodiando a los detenidos, según contó uno de los encargados del camión. Como él, ocho más se veían en las inmediaciones del parque a la espera de órdenes. Todos ellos, durante todas esas horas, esperando en un parque, lejos de las calles en las que se cometerán muchos de los delitos cuyos perpetradores terminarán en la URI.

Una de las funcionarias de la Fiscalía asegura que la congestión de la URI no es más que la del sistema carcelario, el cuello de botella que hace que la reacción de la Unidad de Reacción Inmediata se paralice. Diariamente llegan al centro decenas de criminales acusados de hurto, lesiones personales, posesión de armas y otros delitos graves. La URI, que no puede retener personas más de 36 horas por ser un lugar de procesamiento de capturas, se convierte forzosamente en un centro penitenciario.

“Es que el sistema carcelario hace rato que colapsó” dice uno de los agentes encargados del camión cárcel. Las condiciones que se ven el el parque de La Granja no hacen más que corroborar la afirmación.  La URI de Engativá no es más que uno de los eslabones de la cadena penitenciaria que no da abasto con la cantidad de crímenes que se cometen a diario en la ciudad, un engranaje de la máquina de seguridad de la capital que, según los fiscales y policías, está gravemente averiada.

 

 

 

 

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