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El salón de clase: imagen de la sociedad y la cultura

El año pasado tuve la oportunidad de escuchar al profesor Emilio Tenti decir: “todo lo que pasa en la sociedad se siente primero en la escuela. Es el lugar dónde se reflejan las realidades sociales: las crisis, los cambios, los avances y los problemas”. Esta frase la sostuvo en una conferencia durante el Encuentro El sistema educativo colombiano: Rutas posibles para su integración en el marco del aseguramiento de la calidad en la Universidad Nacional de Colombia. Y tiene razón.

Los salones de clase son una fotografía de nuestra cultura y el reflejo de la sociedad en la que estamos inmersos. Todas las dinámicas sociales se manifiestan, se hacen evidentes y se viven en las aulas de clase. Los estudiantes, desde los más jóvenes hasta los mayores, reproducen el modelo que aprenden en su familia, en su comunidad cercana, en los medios de comunicación y en sus experiencias cotidianas. Son los docentes quienes se dan cuenta de este fenómeno, pero en muchas ocasiones se han quedado cortos en su análisis y desarrollo.

Paradójicamente, aunque los fenómenos sociales se expresan allí, los salones de clase se diseñan, generalmente, como burbujas alejadas del mundo exterior y del contexto socio-cultural. Los estudiantes perciben las aulas como espacios en los que se aprende una teoría abstracta que se pondrá en práctica después de finalizados los estudios. El resultado es que pierden la dimensión de su propio lugar en la sociedad y se dificulta “la formación de ciudadanos activos que aporten a la construcción de una sociedad democrática, participativa, pluralista e intercultural”, como lo pregona la Ley 1260 de 2013.

Como expresan los docentes, la creación de las leyes, políticas públicas y directrices sobre paz, derechos humanos y educación en Colombia no se han aplicado de forma práctica en la mayoría de los salones de clase y tampoco su implementación ha sido materia de una investigación seria. Aunque docentes excepcionales han creado programas o pedagogías innovadoras, que responden a las necesidades de sus contextos y las historias de vida de sus estudiantes, estos profesores fallan al no registrar sus valiosas experiencias, con lo que la información se pierde, no se puede divulgar, analizar y mucho menos adaptar a otros espacios. Una pérdida significativa.

Es por eso que escenarios como el Encuentro Nacional de Educación para la paz, que se realizó en Bogotá el 1 y 2 de octubre, son necesarios para la evaluación de lo que hemos hecho hasta ahora en materia de educación en nuestro país y plantearnos las estrategias para abordar desde el núcleo, es decir, desde los salones, las aulas y las escuelas, los retos que se nos imponen en el marco de las conversaciones de paz entre el gobierno y las guerrillas, pero con la persistencia de diversas violencias que afectan a la sociedad y especialmente a los niños y los jóvenes.

Profesores, futuros licenciados, estudiantes e integrantes de organizaciones y universidades se reunieron en el Encuentro con el objetivo de “incidir en una agenda nacional que apoye la implementación de política pública en educación para la paz”. Pero además de trabajar en ese propósito las mesas de trabajo permitieron a los docentes manifestar sus dudas sobre diversos temas como la efectividad de la Cátedra para la paz que se piensa implementar en los colegios, la importancia de que dicha cátedra no sea homogénea, y las consecuencias de los conflictos internos de los estudiantes en el estudio y en la comunidad, entre otros temas.

Cuando nos pensamos la educación para la paz los temas para analizar e investigar son cuantiosos y allí el trabajo de la academia, de los docentes y de las familias es fundamental. La construcción de paz en Colombia nos demanda compromiso en las aulas de clase, en los patios de recreo, en los alrededores de los colegios, en las universidades, en los hogares, en los sitios de recreación y en las bibliotecas, porque son los niños y los jóvenes quienes levantarán la sociedad en paz y con justicia social que hoy estamos tratando de cimentar.

*Comunicadora social y periodista. Columnista. Defensora de derechos humanos. (C) Máster en educación. (Twitter: @E_Vinna)

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