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Exterminio sistemático de mujeres en la impunidad

El homicidio es apenas la punta del iceberg del problema de violencia que enfrentan las mujeres en Bogotá, especialmente de parte de sus parejas sentimentales. Entre enero y septiembre del 2016, 30 mujeres denunciaron violencia de su pareja cada día en Bogotá.

Alarmante, 904 mujeres agredidas físicamente cada 30 días, y la violencia no para. A eso hay que sumarle 10 casos diarios de ataques sexuales, un promedio de 303 cada mes.

Estamos hablando solo de los casos que llegan a conocimiento de las autoridades, aquellos que requieren un dictamen médico, en que la mujer resulta incapacitada por los daños físicos que sufre. El temor sigue impidiendo la denuncia en la mayoría de los casos.

No hay una sola localidad de Bogotá en la que no haya sido asesinada una mujer este año: entre 1 y 11 casos se presentaron en las 19 zonas urbanas de la ciudad, con un total de 88 homicidios en diez meses y un promedio de 8 y 9 casos cada 30 días. Así lo indican las cifras oficiales que presenta hoy el Instituto de Medicina Legal.

Seis se llevan el triste récord de ser las zonas donde más mujeres fueron víctimas de homicidio: Ciudad Bolívar y Kennedy con 11 cada una; en Rafael Uribe Uribe y Suba se presentaron 10 casos, en cada una, y San Cristóbal y Santa Fe con 9 cada una. Después están Bosa, con 8 y Usme con 6.

Del total, Medicina Legal confirmó que en 15 de estos 88 crímenes, las mujeres fueron asesinadas por su pareja o expareja. Pero ni en esos, ni en los otros 73 en los que no hay homicida identificado hay castigos ni prisión para los culpables. Absoluta impunidad, como si para la justicia la vida de las mujeres no valiera el esfuerzo de establecer responsabilidades.

No puede ser que en pleno siglo XXI, en pleno auge de la promoción de los derechos en el mundo, 31 de las mujeres asesinadas este año en Bogotá hayan sido apuñadadas. Y con sevicia, porque los dictámenes forenses y los reportes de la Policía dieron cuenta de que estas mujeres, el 35 por ciento de las asesinadas, recibieron múltiples heridas.

Quiero detenerme en el delito sexual, porque aumentó desde el 2010. Ese año Medicina Legal registró 328 casos mensuales; el año pasado el promedio subió a 375, son 47 casos más cada mes. Y aunque este año la cifra ha rebajado a 303 casos, la estadística sigue siendo inconcebible, sobre todo porque el 84 por ciento corresponde a mujeres menores de 18 años: son las principales víctimas del ataque sexual.

Da vergüenza conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer con estas estadísticas: mujeres asesinadas en la plenitud de su vida productiva o con sus vidas truncadas antes de cumplir la mayoría de edad por ser víctimas de abuso.

Mujeres de la capital del país inseguras en su propia familia, que han perdido el derecho a salirse de una relación tormentosa con sus parejas. El precio de esa decisión es la vida o el daño de su cuerpo. En la mayoría de los crímenes perpetrados por los hombres lo hicieron, tras la determinación de dejarlos para rehacer su vida lejos del maltrato de que eran objeto.

La ruta de atención a la mujer en las comisarías de familia no ha dado resultado: inoperancia, negligencia, tramitología y revictimización ponen las vidas de las denunciantes en la puerta de la muerte.

La justicia no opera, no tiene herramientas para investigar y condenar. El 90 por ciento de los homicidios están hoy en la impunidad. No se encuentra el denuncio, no hay capturas del agresor y otros disfrutan del beneficio de la casa por cárcel, por no considerárseles un peligro para la sociedad. Menos del 5 por ciento de los casos han llegado a investigación y menos del 3 por ciento a una condena, tanto en feminicidios como en ataques con ácido.

En 1999, la Asamblea General de Naciones Unidas declaró el 25 de noviembre como el día para que el mundo reflexionara y se sensibilizara respecto a la violencia contra la mujer. Las cifras en Bogotá indican que nos falta mucho por avanzar.

Y en una ciudad de 8’031.720 habitantes, donde 4’176.495 son mujeres (el 52 por ciento), debemos prender las alarmas, no solo por ser la capital sino porque estamos llamados a dar ejemplo de civilidad, de tolerancia, de respeto y de dignidad.

Queremos que el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer deje de ser la celebración o conmemoración de un día, de una queja, de un lamento, de decir ni una más, ni una menos, pues estas marchas y lamentaciones han demostrado que no cambian ni transforman la conducta de los maltratadores y homicidas.

Tenemos que pasar de los golpes de pecho a una política pública que cambie, ejemplarice y castigue a los asesinos y maltratadores.

Lucia Bastidas

 

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Fuente: https://www.elheraldo.co/politica/implicaciones-del-fallo-de-la-corte-en-los-partidos-el-gobierno-y-las-farc-363291

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