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Foto tomada de la cuenta de Twitter @Caliejero

Indignación y vandalismo en Transmilenio, un día de furia

-Esto no se le hace al pueblo, ¡esto no se le puede hacer al pueblo!

Las palabras de indignación con que un habitante de la capital se refería a las protestas de este miércoles ante las cámaras, sirven para resumir la jornada de protestas y disturbios hoy en la Troncal Américas.

Caos, disturbios, riñas, heridos, agitación, eso se vivió en lo que en principio fue una expresión de inconformidad pacífica que dejaba entrever que el alza en el pasaje de Transmilenio, no corresponde al servicio que este ofrece. Para nadie es un secreto que las filas son extensas, los buses tardan en llegar a las estaciones y viajan atestados.

Ciudadanos que ante estas circunstancias se vieron en la obligación de caminar por varias cuadras. Empleados que no pudieron llegar en su horario habitual de trabajo. Personas que perdieron citas, reuniones, encuentros anticipados.

Todo ello es deplorable, pero, en honor a la verdad, hay que recordar que lo ocurrido hoy no es atípico. Durante pasadas administraciones la ciudadanía ha hecho sentir su desacuerdo con el servicio del transporte público.

Lo que parece novedad, -aunque el antecedente histórico sugiere que no-, es que se presuma que el detonante del caos haya sido producto de la intervención del Esmad.

Según algunos manifestantes, la presencia del escuadrón antidisturbios hizo que individuos carentes de sentido común comenzaran a lanzar piedras y cualquier objeto que afectara a los restablecedores del orden en las calles. Pero también hay voces que acusan un trato fuerte e injusto por parte de los miembros del Esmad con individuos que no tenían nada que ver en el desorden.

Las autoridades competentes deben esclarecer esta repetida acusación. Por lo pronto, conviene hacen énfasis en que, lo que iba a ser una manifestación de inconformismo, terminó en lo que suele pasar en estos encuentros: un panorama lamentable. Y, sobre todo, un salvavidas para la administración de Enrique Peñalosa, que aprovechó la coyuntura para aseverar que detrás de lo ocurrido había dirigentes políticos.

Entre tanto, no se puede dejar de lado el problema de fondo: la falta de eficacia de un transporte que, amén de regular, es costoso y poco seguro para sus pasajeros, pues, como dice una usuaria del transporte, en las estaciones no se ven policías, ni personas que brinden protección.

La Alcaldía no se puede hacer la de la vista gorda ante esta situación. Y en lugar de culpar administraciones anteriores poniendo un espejo retrovisor, podría comenzar de forma urgente a gestar planes en procura de mejorar el servicio de Transmilenio.

El vandalismo es, desde cualquier arista, reprochable. Pero lo que no puede ocurrir, es que un mecanismo de protección ciudadana, como lo es la protesta, termine estigmatizándose.

 

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