Inicio / Columnistas / Un Metro llamado Deseo

Un Metro llamado Deseo

mauarrPor MAURICIO ARROYAVE 

Mi pesimismo cayó cuando la administración Petro empezó los estudios de ingeniería hace más de un año.

Sí… soy un pesimista: no creo que yo vaya a vivir para ver un Metro en Bogotá. Aun así, nada me gustaría más que la realidad me callara la boca y que mi escepticismo fuese arrasado por un vagón que llevara un letrero que dijera, por ejemplo, ‘Bosa’. Pero no, no creo. Y no porque no haya plata, sino porque los dueños del transporte privado no van a dejar que se haga nada que les quite su negocio. En otras palabras, porque buseta mata Metro.

Mi pesimismo casi se va a pique cuando la administración Petro empezó los estudios de ingeniería básica avanzada hace más de un año. A pesar de que este gobierno distrital ha hecho más animaciones digitales que obras concretas, había un gusano dentro de mí que se revolcaba de esperanza con noticias como que el Metro está en la etapa de estructuración integral, que está prácticamente lista la arquitectura financiera del proyecto, que se cuenta con 771 mil millones de pesos para la compra de predios de la primera línea. Si todo sale bien, el Metro se inaugurará en 2022.

Si todo sale bien, repito. Lo que pasa es que nada, en materia de proyectos de transporte público en la capital, ha salido bien. Hace poco escribí una columna en este blog llamada Un Metro llamado Deseo. Quienes tuvieron la paciencia de leerla se dieron cuenta de que la historia del transporte público en Bogotá ha sido un círculo vicioso de alargues, reversazos y decisiones truncadas.

El estado de cosas actual da para pensar que la historia se repetirá. Petro no logrará adjudicar la licitación este año, ni siquiera hay claridad sobre hasta dónde llegará la línea (si hasta la calle 72 o hasta la 127, al norte) y la próxima administración tendrá la última palabra. Es lo mismo que pasó con la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO): ya estaban comprados los predios y se habían realizado los estudios, pero Petro la paró. Con el Metro, me temo, pasará lo mismo: hasta ahora sólo hay compromisos de palabra hechos por políticos. Y ya sabemos lo que vale la palabra de un político.

Por eso, al escuchar las promesas ambiguas de los candidatos con más opción a la próxima alcaldía de Bogotá, renació el monstruo escéptico que llevo adentro. Peñalosa, por ejemplo, ya habla de un Metro aéreo; esto quiere decir que si él es el nuevo alcalde, quizá, y sólo quizá, se iniciarían nuevos estudios financieros, de ingeniería y demás, y los exiguos pero costosos avances logrados hasta hoy se diluirían como el relleno fluido de la troncal de la Caracas. Tan cierto es esto que, según el IDU, los estudios de Peñalosa se demorarían siete años más y sería el alcalde en 2022 quien tomaría la decisión. Vuelve y juega.

Tengo una teoría que explicaría por qué es tan difícil hacer un Metro en Bogotá. Es la siguiente. En la capital hay unas 65 empresas de transporte privado, es un oligopolio muy fuerte y con gran olfato político. Un gremio que ha operado muy efectivamente en los últimos 50 años: con su músculo financiero apoyan campañas a la Alcaldía y al Concejo, ponen votos y por supuesto, saben cobrar favores.

Cuando el gremio acierta con su candidato, entra por la puerta grande; cuando no, hace todo el lobby necesario para cerrarle iniciativas que vayan contra sus intereses. En cualquier caso, lo primero que el nuevo alcalde oye de ellos es la amenaza de un paro. Noten ustedes que siempre que se acercan las elecciones se incrementan los paros en Transmilenio, de taxistas o de buses: son parte de un amable preaviso. Más tarde, iniciado un nuevo mandato, se desata una crisis grande del transporte en la ciudad: es el ‘recorderis’ de quién es el que manda en las calles.

Los problemas con el transporte se calman, tradicionalmente, cuando ya el alcalde entendió el mensaje. En el palacio de Liévano entienden que hay que acercarse a hablar con ellos porque su poder es grande. Para ese momento, los transportadores ya se sienten en confianza para hablar de tú a tú con el mandatario: si ellos quisieran, ya lo dejaron claro, su administración sería un infierno.

Hay, además, un rumor que yo personalmente he oído desde el 2005. Es un rumor, repito, no tengo cómo probarlo, pero de ser cierto, explicaría muchas cosas. Según se dice, los transportadores siempre guardan un dinero, que sería de 20 pesos por pasajero, para una bolsa que estarían dispuestos a repartir con quien sea necesario. Cada vez que un alcalde habla del Metro, de un tren de Cercanías –cuya vía actual pasa por los grandes centros comerciales de la ciudad— o de un sistema integrado de transporte público, esa bolsa empieza a sonar en los oídos de todo aquel que pueda parar esos proyectos, incluido el alcalde, que generalmente sale desprestigiado del cargo, con un futuro político incierto y con todas la investigaciones de Procuraduría, Contraloría, Personería, Fiscalía y todas las ‘ías’ encima.

Tiendo a creer este rumor por una razón: sería la explicación para que un candidato hable de un Metro, o tranvía, o cable aéreo, o tren o lo que sea; luego, como alcalde, anuncie con gran bombo la construcción de uno o varios de estos sistemas de transporte, gaste un cojonal de plata en diseños y al final, lo único que queda, como gran logro, es el anuncio de que los estudios están listos y que ese es su legado para el próximo alcalde. Y el próximo alcalde, vuelve y juega.

Si usted lee Un Metro llamado Deseo o cualquier historia del transporte público en Bogotá, se dará cuenta de que esa hoja de ruta se ha cumplido con exactitud y por eso, cada alcalde tiene un concepto diferente del sistema de transporte público. Cada alcalde empieza de cero y termina en cero. Transmilenio funcionó en un principio por eso, porque integró a los privados en el negocio, y hoy ellos no están interesados en que mejore, así cada día esté peor.

Por eso soy pesimista y por eso creo, con dolor, que moriré sin ver el Metro para Bogotá y que seguiremos viendo la línea blanca sobre la séptima, hasta que se borre solita, esperando a que alguien la respete.

*Periodista. Autor del blog http://elojonuclear.com/

Te puede interesar

Bogotá no puede estar a merced del microtráfico

Por: Horacio José Serpa. Presidente del Concejo de Bogotá. El microtráfico en Bogotá se convirtió...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *