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Keith Richards: un intoxicado musical

A menos de una semana del concierto de los Rolling Stones, el diario bogotano presenta un perfil sobre el controverdio guitarrista de la banda británica

Por Jaír Villano

@VillanoJair

Antes de despedir el humo del tercer cigarrillo que lleva fumando de manera consecutiva Keith Richards ríe. Es un hombre alegre, que ha sabido disfrutar la vida de la mejor manera que la podría hacer un rocanrolero: drogas, alcohol, fiestas, pero sobre todo: música.

Es que el bebé que sobrevivió a la inclemencia de la Segunda Guerra mundial, es mucho más que cocaína, heroína (¡drogas!), cigarrillos, Jack Daniel’s y los Rolling Stones. Keith Richards es una estrella que sabe que, como dijo Shakespeare, el mundo es un escenario y los seres humanos son sus actores, por eso asevera mientras de su boca sale más humo y otra de esas inexplicables risas:

-No puedes despedir a tu personaje. Solo puedes inventarlo, o decidir serlo.

Como todo artista es un histrión, que sabe cómo complacer al público y, claro, a sí mismo. Por eso, no le importa confesar que hubo un tiempo en que el rock le dejó de apasionar, por lo que entonces se dedicó a entablar amistades con músicos jamaiquinos con los que inventaba melodías al tenor de la marihuana; así como a hacer parte del equipo de músicos no menos importantes que él, como el gran Chuck Berry, a quien una vez le tomó la guitarra sin si quiera preguntarle. Como todo atrevido recibió su merecido, no lo duden.

Keith Richards en los 70's
            Keith Richards en los 70’s

Adicto al blues al igual que a la coca; de pasiones adolescentes, como la que sintió por  Ronnie Spector, y de groupies: como Linda Keith, quien le presentó a Jimi Hendrix cuando era un completo desconocido; inseguro: afirmó y después desmintió la supuesta inhalación de las cenizas de su padre; tajante: considera que Black Sabbath y Metallica son buenos chistes, pero sabe cómo atenuarse: sostiene que hay veces en que las canciones más tontas tienen las mejores melodías (tal vez por eso se volvió amigo de Justin Bieber).

Keith también es  polémico: insinuó en su biografía que Jagger tenía el falo pequeño, dijo que John Lennon no aguantó el voltaje (de los ácidos); y astuto: profería los mismos insultos que  recibía de Mick, pero cuando se le dirime resuelve fácil:

-Somos hermanos, los hermanos pelean.

(Y entonces vuelve y ríe).

La muerte lo persigue desde que era bebé, pero él no se deja alcanzar. Ha sobrevivido a sobredosis que para otras estrellas significó el fin, en una gira en Suiza a alguien se le ocurrió echar a su yerba un poco de estricnina; el efecto fue de tal magnitud que todos lo dieron por muerto, a pesar de que él podía escucharlos.

Resulta imposible desprenderse de sus excentricidades, quizá por eso el documental que Netflix hizo sobre su vida es bueno. Ahí se habla de lo que ya todos saben: que conoció a Mick Jagger en un tren en Dartfod, y fue amor a primera vista, pues los dos eran fanáticos del blues de Waters, Walter y Berry.

Richards y Chuck Berry
Richards y Chuck Berry

Otras anécdotas no menos importantes, como aquellas en Estados Unidos, cuando conocieron a sus ídolos musicales.

-Estaban sorprendidos porque habíamos oído hablar de ellos –dice, minutos después de que se contextualiza que la segregación en algunos estados (USA) era aberrante–. Y nosotros sorprendidos (¡entusiasmados!) porque íbamos a conocerlos.

(Y vuelve y ríe).

A Keith también le gusta acariciar el piano, y sin embargo, es consciente que lo suyo es la guitarra. A diferencia de otros grupos musicales, donde los guitarristas son opacados por los vocalistas,  –pongamos al caso, Lennon y McCartney, y por no ir tan lejos, Axl y Slash–, Keith sí es indispensable para los Rolling Stones, es el verdadero corazón de la banda.

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En suma, es un muchacho de más de 70 años que, corolario, ha demostrado ser un licencioso genio sonoro. Se ríe de su propia ironía, como si los demás no entendieran; con vicios nefastamente sempiternos, como el cigarrillo; pero, seamos justos, ¿qué sería de la imagen de Keith sin su humo?  Ya está, es un artista malvado,  -lo sabemos por Tony Sánchez–, es lacónico, profundo,  en esta reflexión resume su vida:

-Pude desintoxicarme de la heroína, pero no de la música.

Y ahora sí se entiende por qué vuelve y ríe.

 

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