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“La Alcaldía no puede irse a dormir”

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El candidato a la salida de la URI de Engativá

Cada noche mientras millones descansan, miles de ciudadanos sufren impotentes ante una ciudad que inexplicablemente se paraliza. Rafael Pardo propone una Bogotá de 24 horas, 7 días a la semana.

¿Puede Bogotá acostarse a dormir cada noche como si nada? “La gente, sí”, sentencia Rafael Pardo Rueda, candidato a la Alcaldía Mayor. “La administración, no”. Y explica: “Bogotá tiene que funcionar las 24 horas del día para todos los ciudadanos, la alcaldía debe estar despierta a cada instante para su servicio”.
Lo dice, pasada la medianoche, a las puertas de la Comisaría de familia de Engativá en donde, precisamente, se pone en evidencia esta urgencia. Por allí pasan los casos de las mujeres que son víctimas de la violencia intrafamiliar, del abuso sexual, de la inasistencia alimentaria. Esta fue una de las problemáticas que Pardo conoció de primera mano en el marco de una inédita jornada de campaña: un recorrido por la ciudad durante 24 horas continuas. ¿Por qué? Él quiere convertir a Bogotá en una ciudad que responda ininterrumpidamente a las necesidades de sus habitantes.
Por eso, sin corbata, vestido con un blazer sencillo, pantalones y zapatos cómodos, atravesó durante la noche de este jueves 23 y la madrugada del viernes 24 de julio una ciudad que a esas horas parece huérfana, con calles y carreras mal iluminadas, salpicadas de charcos y con grises personajes que escarban entre la basura.
En la Comisaría de Familia de Engativá los testimonios son diversos pero tienen varios puntos en común. El responsable de tanto dolor, en muchos casos, es un conocido: el esposo, el compañero sentimental, el vecino. Y a su angustia contribuye la ausencia de autoridad y de los servicios que entran en receso cada vez que cae el sol. El Transmilenio cierra sus puertas como si toda la gente se inmovilizara, la EPS de Bogotá, Capital Salud, tiene un horario de oficina; como si las enfermedades milagrosamente apenas fueran de 8 a 5. Y hasta la presencia de la policía se disminuye en la oscuridad de la noche, cuando paradójicamente más se necesita.
La propuesta de Pardo pasa por hacer más funcional y eficiente la ciudad, pero también por erradicar uno de los que considera el mayor problema en estos momentos: la inseguridad. Una sensación que se hace más evidente en la noche. Precisamente, a las 11 de la noche unos hombres abordan un bus de la empresa Masivo Capital 3 del Sistema Integrado de Transporte Público de Bogotá (SITP). El automotor es conducido por una mujer. Hay escasa iluminación en la zona de Patio Bonito, en este populoso sector del sur. Los sujetos la atacan, la llevan a la parte de atrás y allí la violan, luego la tiran en la carrera 38 con Calle 10, en un potrero también con deficiencias en el alumbrado. Su situación es terrible. Como la de muchas víctimas que cada noche se sienten desamparados por una ciudad que parece darles la espalda. “Tenemos que erradicar el miedo”, dice Pardo. El miedo que sienten las víctimas en una calle oscura o una estación de Transmilenio pasada la hora pico nocturna.

La hora de las dificultades

En su recorrido, Pardo fue también hasta la Unidad de Respuesta Inmediata de Engativá. Allí entró al centro de detención, se asomó a las celdas en las que duermen grupos de hasta 16 personas. Oyó de la boca de la fiscal local testimonios de dificultades de todo tipo: detenciones que el INPEC no procesa, parques en los que los detenidos son esposados a los juegos infantiles por falta de espacio en las celdas, capturados extranjeros que no tienen un traductor y decenas de situaciones de una ciudad que se inmoviliza cuando anochece.

¿Cómo devolverle la vida a esta urbe en esas horas cruciales? Un agente de la policía responde: “No es que no haya policía”, dice “pero hay dificultades que se generan con hechos como el cambio de turno. Este debe ser más sincronizado para que su presencia sea permanente en cada una de las calles sin importar la hora que sea”.
El candidato es consciente de que el número de hombres de esta institución no es suficiente. “La policía hace un gran esfuerzo pero es urgente mejorar los procedimientos”. Y no solo eso, sino que también hay que buscar otras alternativas para mejorar la seguridad y evitar que ocurran estas historias que acongojan.
Para Pardo la seguridad debe mejorar en dos niveles distintos: uno en la confrontación con el crimen. Para que la justicia funcione debe haber una perfecta concordancia entre la fiscalía y la policía. “No puede ser que muchos de los responsables sean capturados en flagrancia y que en cuestión de horas recuperen la libertad”. En esta noche, por ejemplo, fue informado de casos en que las víctimas de los delitos no sabían cómo actuar, para dónde coger, cómo ir. En la ciudad hay cuatro comisarias con atención las 24 horas y cada una separada de la otra por un mundo de distancia.
No puede ser, tampoco, que para los bogotanos la denuncia deje de ser un recurso legítimo. Carlos Andrés García, uno de los Noctámbulos, que son reporteros que patrullan las calles por las noches, le contó al candidato que las emisoras radiales se estaban convirtiendo en un recurso de denuncia más utilizado que la policía misma. La autoridad encargada de la seguridad ciudadana no oye de manera directa los testimonios de los crímenes.
Aplicar las normas
El otro delito es el de las contravenciones. Pardo señala que aquí no se cumplen las normas urbanas: se saca el perro a hacer sus necesidades a la calle y los excrementos no se recogen, se estaciona en sitios prohibidos, se cuelgan pasacalles en cada esquina, el que quiere pone la música a todo volumen en su apartamento para martirio de los vecinos que no pueden conciliar el sueño. “Eso está en las normas, en los Códigos de Policía de Bogotá y en el Nacional”. Para eso hay que crear una policía administrativa, un cuerpo especial que tenga funciones de inspección de vigilancia y control. Que cuente con las herramientas para imponer comparendos y multas. “Se trata de poner orden”, argumenta.
Mientras explica sus ideas de ciudad, en esta jornada de jueves a viernes, un hombre en una volqueta avanzó tranquilo con una carga de desechos de materiales de construcción y los arrojó a una vía pública, otro pegaba sin prisa varios carteles invitando a un espectáculo público en una pared en la que había un cartelito prohibiéndolo.
Y, entre tanto, un estudiante se quedaba varado en mitad de la nada después de hacer un trabajo porque no alcanzó a tomar el último servicio de Transmilenio. “En mi gobierno habrá rutas especiales del sistema que comuniquen a todos los puntos de la ciudad”. “Es una excelente idea”, le dice Darcio Serna, un usuario del sistema de transporte masivo. “Poco a poco han ido dejando morir a Transmilenio”, sentencia.
Pardo se montó en los articulados, conversó con pasajeros y operarios. Todos tienen una queja. La más sorprendente, por inhumana, es la de una vendedora de pasajes que le cuenta que ninguno de los 2.000 empleados tiene derecho a un baño, porque cuando hicieron las estaciones se les olvidó. De día, narra ella, van a donde gente de buena voluntad para que les presten un baño. ¿De noche? “Toca aguantarse. Porque salir de aquí da miedo”.
Pardo toma nota. Dice que hay que trabajar sin descanso desde ya. Para construir una ciudad ordenada, segura, eficiente. “Tanto de día, como de noche. En mi administración se trabajará las 24 horas, los siete días de cada semana”.

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