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La conciencia de la OEA vale 2 dólares

Tras su vergonzoso fracaso, la Organización anuncia una ayuda de 25.000 dólares para la frontera.
Y ahí están los echados de Venezuela. A ras de tierra, entre el hambre diaria, la incertidumbre que asusta y las enfermedades que amenazan: 36 grados centígrados de temperatura, la ausencia de baños, la escasez de agua potable y el hacinamiento, son una mezcla peligrosa para que en esas carpas negras germine cualquier virus.

Hay mujeres, adolescentes, muchachos, pero lo que más conmueve son los ancianos y los niños. “En una de mis visitas a los albergues me encontré con una señora de más de 70 años, recién operada de un carcinoma en un ojo, quien fue expulsada por la guardia venezolana. Una niña de 5 años me dijo que la Guardia la había golpeado con un fusil”, contó el presidente Juan Manuel Santos en la noche del martes.
La situación es tan dramática que Colombia acudió a la Organización de Estados Americanos, OEA, para que el continente volteara a mirar y, al menos, manifestara su indignación. Pero se estrelló.
Parodiando a Mario Vargas Llosa, los colombianos nos hemos preguntado en estos días en qué momento se jodió la OEA, ese mecanismo precisamente fundado en Bogotá un 30 de abril de 1948. ¿Durante Miguel Insulza?  Sus detractores así lo creen, e incluso iban hasta el extremo insultante en el que variaban su apellido para definirla: “Un organismo insulso”, decían.
“La OEA está moribunda fundamentalmente por la falta de liderazgo. La diplomacia proactiva y preventiva lo dejamos en manos del secretario General José Miguel Insulza, que ha sido un destructor, con su conducta y falta de coraje. Mucha gente lo considera cómplice de las malas prácticas que están sucediendo en América Latina”, había dicho hace unos meses Luis Lauredo, ex embajador de Estados Unidos al hacer un diagnostico de esta organización. Lauredo debe saber cómo se mueven las cosas en los escenarios de la alta política pues se precia ser amigo personal, entre otros, de Bill Clinton y Barack Obama.
Allí, a Washington, llegó con discurso salvador su nuevo secretario, el uruguayo Luis Almagro. Se trata de un político y diplomático profesional que en su país ha militado en la derecha, coqueteado con la izquierda, se confiesa de centro y que en el exterior se ha desplazado en primera clase por cómodos despachos de París, Berlín y Beijing. Ha vivido hasta ahora entre cócteles, sonrisas y saludos políticamente correctos.
En esas estaba cuando se encontró de bruces con el caso de la pobre gente echada de Venezuela. Y, ¿qué pasó? No les interesó el drama de los protagonistas de este exilio que golpea el alma. “Perdió el continente”, exclamó la canciller María Ángela Holguín. Indignada, advirtió que a ese ente burocrático había que pegarle un sacudón. “Hay que replantear para qué está la OEA, porque si no es capaz ni siquiera de hacer un foro en donde se violan los derechos humanos (…) pues ahí uno se pregunta esos foros multilaterales finalmente cómo es que logran tener decisiones que favorezcan a los países”.
Horas después Almagro recibió al alcalde de Cúcuta, Donamaris Ramírez-Paris Lobo. Fue bastante pesaroso ver al burgomaestre en el hall de este recinto sentarse en el suelo, abrir su maletín para sacar hoja por hoja las pruebas del sufrimiento de los deportados, que no le fuera a faltar ninguna y, por fin, ir y sentarse en el escritorio de Almagro. Este se sacudió. Y dijo que esto no podía quedar así, que la OEA debía reaccionar de inmediato, sin perder un segundo más. Rápido y eficaz ordenó de manera oficial el desembolso de 25 mil dólares. Ni uno más ni un menos.
Según cifras de Fabrizio Hochschild, jefe de las Naciones Unidas en Colombia, (ONU), en la frontera hay “una verdadera crisis humanitaria a raíz de la llegada masiva de nacionales colombianos” que su organismo calcula en 12.500 personas, quiere decir que a cada una le toca de a 2 dólares.
Esto significa que cada persona tendrá 6.200 pesos para resolver su desgracia. Por fortuna para la conciencia de Almagro y de la OEA el dólar está carísimo: a 3.100. Es probable que Almagro y su organización hayan sentido un alivio después de tan titánico esfuerzo. Y deben dar gracias a que esto no pasó el año pasado cuando el dólar estaba a 2.000 porque así, a cada uno, le hubiera tocado apenas 4.000 pesos y el remordimiento de darle, desde el foro político que en teoría es el mas poderoso del continente, apenas eso, a alguien que le acaban de marcar su casa, que se la han tumbado y que ha sido echado a las aguas de un río para después meterse en una carpa con 35 grados de temperatura; eso hubiera podido quitarle el sueño al funcionario. Pero 6.200 pesos o 2 dólares, eso sí, seguro, le alivia la conciencia.

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