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La honestidad de Los Nadie

Por Jaír Villano

@VillanoJair

En algún momento de su vida, Hemingway habló de la honestidad del escritor con la historia que se proponía relatar. Ser honesto es trazar con limpieza y sencillez eso que se busca decir. Los nadie no es una novela, pero es una historia que logra su cometido gracias a su mayor virtud: la sinceridad con que relata sus sucesos.

Desde el comienzo hasta el final el argumento es lozano: el viaje que buscan llevar a cabo Pipa, La Mona, Manu, el Ratas y el Mechas. Los elementos que favorecen o impiden el desarrollo del mismo se caracterizan por su verosimilitud, que  no se esfuerza por serlo, sino que es espontánea en el despliegue de los hechos.

El contexto social de los personajes es muy bien acertado. Por decir algo, en menos de tres escenas –no se necesitaban más– nos damos cuenta de los conflictos entre Manu y su entorno familiar.

Y ni hablar de los bien dibujados que están los entornos de los demás personajes. La osadía del Pipa; la buena onda del Mechas; la inseguridad de la Rata y la avidez de exploración de Manu, se ponen en evidencia de manera tranquila y sin otra pretensión que el bien de la macrohistoria.

En esa línea, hay que destacar el papel de los actores. Es sabido que algunos de ellos viven situaciones similares a las que se presentan en la película, pues bien: el papel –no papel– que hacen es preciso y creíble.

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Los escenarios donde colindan estos le dan un ingrediente especial al largometraje. El uso de la cámara y los planos (hay uno en el que no se puede evitar la referencia de Dolan), el blanco y negro, y la muchachada que circunda los espacios hacen que el espectador –especialmente el joven– sienta una identificación con su propia vida y sus experiencias y eso que, por obvias razones, no se le puede decir a los padres.

El director no se preocupa por acentuar los conflictos, no se pierde en digresiones que no van al caso. Y entonces los menos de 90 minutos de la película se van sin que el público los sienta, así como cuando un libro atrapa a un lector; llegó a la última página y ni se dio cuenta.

Y aunque pareciera que la relación con Rodrigo D es inevitable, Los nadie está tan bien construida que las equiparaciones con la ópera prima de Víctor quedan al soslaye. Y sin embargo, aquel que haya visto Los hongos (de Ruíz Navia) no puede desligar algunas coincidencias, así como otros formatos que quizá sirvieron como referencia…Bueno, el redactor no pudo evitar pensar en  ‘B-Movie: Lust & Sound in West-Berlin’, ese colorido documental del punk con una fauna parecida.

El punk, por cierto, no es algo que se sienta resaltado con grandilocuencia. Más bien este género es el sonido que acompaña los pasos de cada uno de los muchachos de Medellín. Su manera de mirar la vida y enfrentar el mundo;  el punk, no habría que recordarlo, es un estilo de vida.

Los exegetas más agudos han dicho que la película hace un retrato que va más allá de una minoría asentada en la capital de Antioquia, en diálogo con Juan Sebastián Mesa se entendió que lo que buscó fue hacer una representación de una realidad que él creía intrínseca a un país; el viaje que en algún momento emprendió lo ayudó a entender que no era así.

Mesa ha expresado que el cine se hace “para poder entendernos y generar reflexiones en torno a nosotros como sociedad”.

Los Nadie sabe compendiar el pensar de aquellos nómadas que hacen de sus sueños una razón de vida. Malabares, tatuajes, yerba, punk e insinuadas críticas a la segregación periférica, son los elementos que componen la ópera prima de un nuevo director que sabe hacer del cine un arma  política y poética.

 

 

 

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