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“La mujer del animal es un retrato de una Colombia desconocida”: Víctor Gaviria

Por Jaír Villano

@VillanoJair

El cine del que es considerado una de las figuras más importantes en la cinematografía nacional se ha caracterizado por su crudeza. Desde el joven que lucha por conseguir sus baquetas hasta el arquitecto que termina envuelto en un grupúsculo de mafiosos cuya alevosía terminan jugándole caro.

La mujer del animal no podía distar a sus antecedentes. Actores naturales en un escenario de exclusión y podredumbre y con unas dinámicas y unos conflictos que se enquistan de tal manera que se resuelven en una pasividad o tolerancia frente a los mismos.

La película ha tenido pocas funciones en Colombia, pero el voz a voz ha dejado entrever que no pasará de soslaye. Tanto por la agresividad del personaje, como por lo verosímil que son esas escenas en una sociedad que no ha logrado desinfectar a sus habitantes del acervo machista.

La mujer del animal es quizá su película que representa la realidad de manera más cruda y agresiva, ¿por qué hacerlo?

VG: Porque la historia que me contó una señora, la protagonista del relato en la que está basada el guion, me puso de frente a un abuso que ella había vivido muy tremendo. El tipo se la había robado, la había sacado con burundanga, y le había hecho creer a los demás que ella se fue con él por su voluntad. El tipo la presentó como su mujer y cuando vuelve al barrio, ella llega como mujer del animal y no puede zafarse de esa trampa en la que ha caído. En el fondo quería hacerle un homenaje a esta mujer y a tantas mujeres que sufren y a que nadie le importa su sufrimiento.

Hablando de la génesis de la historia, Fabio Restrepo ha dicho que la película se basa en un cuento de su libro y que usted lo utilizó, ¿qué tiene por decir frente a eso? 

VG: Él está muy equivocado. Estuvimos trabajando en su libro, un libro sobre su hermano (quien fue una persona que decidió atacar a los bandidos),  pero desistimos. Una vez él me presentó a esta mujer y entonces yo la entrevisté; ella me contó su vida. En el libro de él hay una alusión a tarzán y la mujer de tarzán, es una alusión diferente al animal que yo conocí, porque el que yo conocí fue por ella. Yo nunca me basé en ese trozo del libro de él, que habla de un tipo que maltrata a la mujer, la hice a partir de la conversación con ella. Una historia complejísima que la investigué durante años y Fabio se molesta por el hecho de habérmela presentado. Él sí me la presentó, pero no para la película. Alguien lo asesoró mal a él, le dio la idea de que yo soy un trampolín para conseguir plata. El jueves, cuando se dé el fallo, se va a dar cuenta que no ha hecho si no ofender a un amigo y a tratar de conseguir plata con un amigo. Es una enorme gratitud de su parte.

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Usted es considerado uno de los exponentes más importantes en el cine colombiano, sus películas son sutiles miradas a la realidad colombiana ¿cómo hace para retratarla sin caer en lo algunos llaman la pornoestética?

VG: Eso es lo más difícil. Para no caer uno tiene que contar una cosa muy verdadera, que a uno le importe de verdad; construir personajes sin maquillar la historia, no hacer una película de malos y buenos sino una mucho más compleja.

En La mujer del animal hay una apuesta por hacer una significación a través de los planos, cuéntenos un poco acerca de eso…

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VG: En esa locación tan difícil yo siempre traté de que todo se entendiera; la película va contando una historia concreta, pero nunca alguien la cuenta, se habla muy poco en el sentido de decir qué está pasando. Traté de planificar como siempre lo hago, con una cámara que se mueve, una que relaciona a los personajes, una que muestra la acción, la reacción, eso es lo que uno busca en una historia de estas, que la cámara se meta en todos los espacios.

Una de sus virtudes es hacer que los actores naturales sean espontáneos y verosímiles en sus acciones,  Rodrigo D y La vendedora de rosas son ejemplo de ello, ¿cómo logra eso?

VG: Es toda una metodología que yo encontré cuando hice Rodrigo D No futuro y en los cortos que hice antes; es una cuestión de casting, la gente piensa que es la dirección mía, pero la claves es el casting, es decir, buscar la persona que siempre te improvise. Yo trabajo sin texto, los actores nunca memorizan nada, digamos, la secuencia tiene un tema pero nunca un orden que te dice primero esto, luego aquello. La improvisación es la que marca esa naturalidad, porque es la forma más profunda de la dramaturgia de la vida cotidiana. La vida como tú yo en la vida cotidiana actuamos es por improvisación. Para mí lo más importante de mi trabajo son los actores naturales.

En la película hay una evidente crítica al acervo machista en Medellín  ¿Qué cree que hace que la ciudad sea tan ambivalente: por un lado, la ciudad más modernizada de Colombia, pero a su vez con dinámicas de violencia enquistadas; por un lado, con un componente cultural importante tanto en el cine como en las letras, pero a su vez con ínfulas de grandeza?

VG: La fuerza que tiene el antioqueño para vencer la adversidad, una fuerza para situarse en la vida a partir del vencimiento de todo tipo de presión  o esa alegría para afrontar la vida, todo eso que es tan importante, también tiene un componente de machismo. Eso lo empuja a enfrentar los problemas.  Hay un componente machista muy tremendo, que convive y que subyace, que se esconde, se disimula, porque la gente sabe que no está bien. Ese fondo machista está en el fondo del poder que el paisa despliega.

Por otro lado, usted ha dicho que llegó al cine por casualidad, pero se podría decir que su cine es de causalidad, en tanto que busca reflejar problemáticas nacionales, ¿qué opina de eso?

VG: Sí, yo llegué de casualidad, una hermana me regaló una cámara de súper 8. Yo tenía un grupo de amigos poetas, pero de un momento a otro el cine me fascinó. Hice unas imágenes, las pegué, les puso música e hice un corto que se llamaba Buscando tréboles; eso fue una casualidad, pero una vaina que me marcó un deseo enorme por aprender a hacer cine. Y después de que yo no tuve acceso a los actores profesionales y me vi obligado a buscar actores que no son actores, ese camino me llevó a realizar un cine con causa,  que quiere mostrar esa otra ciudad. La ciudad de la exclusión, el país de la exclusión. Mostrar la dramaturgia de un tipo de antioqueño que está al otro lado del espejo, el hombre que no tiene muchas visiones de futuro, no tiene proyectos de vida. En ese sentido, tienes razón en preguntarme eso.

Precisamente, usted es una persona que ha tenido un vínculo con las letras desde pequeño, de hecho, de niño escribió poesía y narrativa, pero más allá de eso ¿cree que la literatura ha sido fundamental en su producción cinematográfica? ¿En qué ha incidido?

VG: Claro, incluso la poesía. Detrás de La mujer del animal está un poeta antioqueño que en este momento tiene como 60 años, pero cuando yo lo conocí de joven a mí me cambió, como solo el arte puede hacerlo, la imagen de Medellín. Cuando estaba con mis amigos poetas, yo les dije: algún día voy a hacer una película  que sea tan compleja como los poemas que ustedes escriben. Eso es lo que he tratado de hacer.

Como a cualquier director de cine, sus largometrajes han sido objeto de críticas, algunos de ellos por el superávit de malparidos y gonorreas, ¿qué tiene que decir frente a ello?

VG: Jajaja, pues es que, por ejemplo, al comienzo de Sumas y Restas hay una abundancia de hijueputazos y la verdad es que lo hice muy en conciencia. Es una cosa que, en cierto sentido, proviene de la improvisación, casi siempre tiene ese elemento procaz y el modismo, pero también porque eso crea un ambiente. Esos personajes tan mal hablados en el fondo siempre muestran su maltrato, su poder, su actitud agresiva; no hay otra forma de expresarlo. En sumas y restas yo hablaba con los mafiosos y todos estos tipos eran de hijuetantas para arriba, con esto demostraban su poder.

Por último, ¿por qué ver La mujer del animal?

VG: Es una película dura, que en algunos momentos se quiere salir de ella. La dramaturgia de la película gira sin descansado y va escalando violencia y nunca tiene pausas, ni momentos de bondad. El personaje no detiene su agresividad,  a mí me dicen: ¿usted por qué hizo una película tan exagerada? Y yo les digo: es que no se podía hacer de otra manera. La dramaturgia del animal es de la exageración, del escalamiento de la agresividad, él cada vez hace cosas peores, la mujer del animal cada vez está en situaciones peores; nunca hay un momento en que se cansa de ser abusada, humillada, ultrajada. Esa era la esencia de la película, entonces véanla porque no solamente es de género, también de un barrio, un retrato  de una Colombia desconocida. Si la gente quiere conocer ese otro país, esta es una ventana para conocerlo.

 

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Fuente: http://es.presidencia.gov.co/noticia/171006-El-Teatro-Colon-de-Bogota-celebra-sus-125-anios

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