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La peblisguerra

Por Jaír Villano

@VillanoJair

Melanie (francesa) me dice que no logra entender porqué una parte del país se resiste a la paz. Le digo que, en honor a la verdad, la paz de la que hablan no es la paz, pero es una paz. Pienso en que la costumbre es salvaje. Carambas: nos ha hecho  perder la noción de lo que significa que haya sectores públicos (¡y ocultos!) que se resistan al silenciamiento de los fusiles.

Tal vez una novela como Los ejércitos sirva para entender lo que podría significar la cesación pacífica del conflicto armado. Promete leerla. Pero sigue inquieta. No entiende la razón por la que el presidente convoca a un plebiscito para la paz, si por definición esta es algo  que, en teoría, desearían todos. ¿Por qué preguntarle al pueblo si está de acuerdo con la paz o no? La paz es un derecho, los derechos no se consultan, se cumplen. Punto.

Otra vez, Melanie, esta no es la paz, pero es una paz… El problema es que estamos sumidos en un juego semántico, como todo juego semántico se presta para equívocos. Y por eso en  este país hablan de los que quieren y no quieren, de los que son y no son, de los pros y los contras, de los Ni Ni, de los mamertos y los fachos.  Al margen de la vanidad del jefe de Estado, le contesto al rato, lo que se quiere es que la ciudadanía tenga participación en lo que se ha pactado en La Habana.

Un momento… ¿Ciudadanía? ¿Ciudadanía aprobando o no lo pactado en La Habana? Para ser sinceros, Melanie, creo que en Colombia hay más pobladores que ciudadanos. Lo demuestra el alto índice de abstencionismo en las elecciones locales y nacionales. Lo demuestra la docilidad con que se comercializa el sufragio. Lo demuestra lo inocuos que son los mecanismos de participación ciudadana. Lo demuestra el voyerismo. La pereza intelectual. La negligencia y fatuidad llevadas a su paroxismo. Lo de muestran las transmisiones de fútbol, que miden nuestro patriotismo de acuerdo al tono en que celebramos los goles… Pero no toda la culpa es de nosotros. No toda la culpa es de nosotros. Es que  es difícil pensar con el estómago vacío. Es que es difícil pensar en democracia, cuando la democracia no nos tiene en cuenta a nosotros. Es que es difícil que un labriego que trabaja 12 horas, sin salud, sin prima, y tildado de invasor del espacio público, se siente a reflexionar sobre los aconteceres diarios.  Es que es difícil cuando las personas que nos representan, utilizan la mentira como el arma para ganar adeptos. Y está mal indignarse, Melanie, porque los analistas resuelven todo sencillo: Ah, es que es política… Y entonces desde una orilla hablan del castro-chavismo, de impunidades, de sumisión, y de otras cosas que si no fueran tan copiosas, serían hilarantes. Pero es que muy fácil  jugar con el desconocimiento del otro.  Y desde el otro bando, nos dicen que ya viene la paz, ya viene, ya viene, y uno, que quiere creer que sí, no puede vendarse los ojos, porque ahí  están las Zidres, ahí está Reficar, ahí está Isagén, ahí está la maquinaria palmera, la maquinaria minera, la maquinaria ganadera, ahí están: desarrollando a expensas del desarrollo.  Y en la mitad, o en una mitad, o en alguna parte de ese centro en el que dicen estar todos, porque es vergonzante suponerse de izquierda o de derecha, en esa mitad, digo, están los que dicen que Ni Ni. Uno esperaría más, pero, como ya es normal, están atomizados, aletargados por los egos, fragmentados por doctrinas. Unos allá, otros acá. Unos más cerca, otros más lejos. Parece que no entienden que la transición socio-histórica que atraviesa el país necesita de fuerzas renovadas, de vitalismo. No, ahí están, en twitter: diciendo en 140 caracteres que sí, pero no;  o no, pero sí.

El presidente, Melanie, hablo de promover el debate con altura. Pero eso, que es lo más sensato – así sea incoherente con su proceder–  no ha calado. Aquí seguimos confundiendo la argumentación con la difamación. Aquí  las emociones y las sensaciones están por encima de la mesura. Aquí respondemos con la misma mano. No ha empezado, no oficialmente, la batalla por el plebiscito, pero ya se sienten agitados los ánimos.

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