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La rebelión de Soto Aparicio

-Pero no tengo obra –respondió Ernesto Sábato–.

-No importa, maestro –dijo el agente editorial–; el libro que usted escriba es el  ganador.

De esta manera, alguien narraba lo que hay detrás de muchos concursos literarios. Arreglos, trampas, vilezas, que buscan, a como dé lugar, la promoción de la nueva estrella.  Héctor Abad, para suerte de los dudosos, también lo explica –aunque desde otra perspectiva- en un texto llamado Las justas literarias.

Y aunque parezca lugar común, es un secreto a gritos que el mercado editorial suele ser poco objetivo al momento de elegir sus productos a promocionar. Como buen negocio, las grandes casas editoriales piensan en vender. Algunas veces con plumas de atractiva apuesta literaria; otras veces, con historias que sacian el fetiche comercial, harto está documentado: la narconovela, la saga de vampiros, la sobrevivencia del secuestro, los diez pasos para la fama. Ahora último, los youtubers demostraron una nueva dinámica en aras de la vente del libro. Pero de literatura, literatura, esa que según Barthes se hace con la vida, poco o nada.

O sí, pero poco documentada. O poco abordada. O muy maltratada. ¿O anquilosada? Tal vez uno de los últimos sobrevivientes de esa generación que se dedicó a hacer literatura, literatura, o, en últimas, a retratar la miseria colombiana fue Fernando Soto Aparicio.

Dejó más de 70 piezas en las que abordó temas relacionadas al conflicto rural y urbano. Dibujó la cara de líderes como Camilo Torres. Les habló al oído a los niños. Soto Aparicio también habló del amor, de los amigos, y, como si fuera poco, escribió guiones de televisión.

Fue sin duda una obra prolija, pero poco documentada. Tal vez debido a que fue advertido como un autor que no salió del costumbrismo. Tal vez porque se dedicó a decir la verdad, en un país donde esta cuesta.

Fernando Soto Aparicio - La Rebelión de las Ratas

Para muestra de ello, su más reconocida novela, ‘La rebelión de las ratas’, que ilustra de manera detallada una problemática que se viene sucediendo hace más de medio siglo. La minería foránea a expensas del clamor nacional. La riqueza de los dueños de las minas en contraste con la pobreza de los mineros. El escozor de familias que deben soportar la injusticia de un Estado incapaz de garantizar derechos básicos, y que pone por encima de los intereses de las mayorías, la voluntad de empresarios indolentes ante la condición de muchos de sus empleados.

Dicho cuadro tiene como base la épica Germinal, de Zola, pero el contexto espacial y temporal es otro. Soto Aparicio, a través de un estilo reposado y sencillo (quizá pensando en llegar a cualquier lector), hace la tarea del vidente y de esta forma noveliza lo que se ha venido delatando en las últimas décadas: la explotación de los recursos naturales en desmedro del entorno socio-económico de poblaciones y, desde luego, del medio ambiente.

Algunas de las críticas a dicha obra, radica en el estilo costumbrista que emplea el autor. Y aunque es cierto que es una novela que en términos literarios no ofrece mucho, en lo social es una obra clásica, como La vorágine, Siervo sin tierra, Noche de pájaros, El fusilamiento del diablo, entre otras, se preocupa por narrar los pesares de poblaciones marginadas.

Los conocedores de su obra, dicen que en ‘Mientras Llueve’, ‘La demonia’, ‘La última guerra’ y  ‘Viva el ejército’ demuestran su capacidad narrativa y su vitalismo literario. (Por si acaso, Caza de libros publicó ‘Detrás del espejo’, un recopilación de textos sobre su obra).

Cierto o falso, Soto Aparicio fue un escritor fiel a sus principios. No se preocupaba por las nuevas ondas, ni por darle contentillo a las editoriales. Su retrato del país es suficiente para ser considerado como uno de los grandes escritores que con su pluma hicieron su rebelión.

 

 

Jaír Villano

Escritor Vallecaucano

 

 

 

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