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La vena rota del SITP

Por:
@AntonioSanguino

Lejos se está de cauterizar la vena rota que representa el Sistema Integrado de Transporte Público de Bogotá –SITP-, cuyo desangre financiero amenaza con una quiebra total del transporte público de la Capital. Además, al derrumbarse el componente zonal del SITP o buses azules, como un castillo de naipes, podría desplomarse el componente troncal o articulados rojos.

Esta trágica radiografía tiene una primera razón muy sencilla: los operadores de los buses azules son los mismos operadores de los buses rojos y ambos componentes están indisolublemente articulados: rutas, tarifas, diseño técnico-operativo, contratos y sistema de recaudo.

Esta situación nos recuerda la crisis por no tener como transportar las basuras de la ciudad de aquel fatídico diciembre petrista del 2012, que será un juego de niños ante el caos por la imposibilidad de transportar a ocho millones de ciudadanos.

Por eso, asusta la pasividad de la Administración Peñalosa, ante la preocupante situación del SITP, a no ser que fuera una decisión deliberada de dejar morir el enfermo para imponer la tesis de que la única alternativa de transporte publico valido para Bogotá es el clásico modelo Transmilenio.

Será que lo busca la actual Administración es abandonar el concepto de sistema integrado y multimodal de transporte (Buses, trenes, metro, cables, bicicletas) por la troncalización de la ciudad complementada con buses alimentadores, en cuyo caso sería una decisión pública de una irresponsabilidad monumental, toda vez, que por esa vía se le aplica la eutanasia a todo el sistema de transporte público, incluido el Transmilenio mismo, cuyo padre es Peñalosa.

Dicho más claramente, el SITP tal como fue concebido en el Plan Maestro de Movilidad del 2006, además de necesario y apropiado, es irreversible luego de todos estos años y esfuerzos técnicos, institucionales y financieros de implementación.

Recordemos que el SITP inició su operación con nueve operadores en 13 zonas concesionadas por el Distrito, dos de ellos, Coobus y Egobus fueron declarados en incumplimiento total por parte de la Superintendencia de Puertos y Transportes en el 2016.

Mientras que un tercer operador, Tranzit, advirtió en septiembre del año pasado en carta a la Gerente de Transmilenio de una posible cesación del contrato por los estados financieros negativos de su operación, difícil situación se ha hecho extensiva a todos los demás operadores. Y lo peor es que la tendencia a la quiebra parece irreversible.

La utilidad neta negativa de todos los operadores pasó de $56.953 millones en el primer trimestre del 2016 a $169.963 millones en el tercer trimestre del mismo año. Y si revisamos los niveles de endeudamiento todos los operadores están por encima de los niveles financieramente soportables.

Siendo lo más grave, es que mientras los operadores privados se quiebran, aumenta el hueco fiscal del Distrito en la financiación del sistema. Cabe recordar que en el 2016 a las finanzas de la ciudad, el déficit por concepto del SITP, le costó $616 mil millones.

Extraña, por decir lo menos, que el gobierno Distrital se mantenga impasible ante semejante panorama, que no dimensione la magnitud de la crisis que se avecina, cuyo poder devastador será música para los oídos de quienes promueven la revocatoria de su mandato.

Alcalde: hay que salvar el SITP con un plan de choque y una reestructuración de fondo. Es lo públicamente responsable, incluso con su propio legado.

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