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Las perlas de la Avenida 1 de Mayo

@sevillanojarami

Cuando se circula por la Avenida 1 de Mayo entre Avenidas Boyacá y 68, bien sea caminando o al interior de un vehículo, nos podremos dar cuenta de cuan liberada está nuestra sociedad, que poco le importa que al lado o a escasos metros de distancia de un colegio se instalen whiskerías, donde es común que a partir de las 5 pm, se exhiban chicas en la entrada de estos establecimientos.

Podemos comenzar hablando del Jardín Liceo los Fundadores que tiene a los dos lados, tabernas,   bares y whiskerías. Un poco más debajo de la Avenida Boyacá, en la esquina de la Institución Educativa del Distrito OEA, sobre la Avenida 1 de Mayo encontramos el Video Bar Jhony Real, Púrpura Night Club y San Luka Club.

Los anteriores son solo dos ejemplos de la falta de planeación en Bogotá, en donde se permite la instalación de estos establecimientos, que abren sus puertas al público a partir de las 5 de la tarde, cuando los menores que estudian en la jornada de la tarde terminan sus horarios académicos. No es de sorprenderse entonces si algunos de estos menores ingresan a estos lugares a curiosear, cuando tienen la tentación de lunes a viernes al salir de sus colegios.

En múltiples ocasiones me pregunté el porqué de la proliferación de este tipo de establecimiento en lugares cercanos a los centros educativos para menores de edad (Colegios) y sobre todo ¿qué pasaba con las autoridades que no hacen cumplir la norma?

Por mi cabeza no podía pasar la idea de que ni la Alcaldía Local de Kennedy, ni la Secretaría Distrital de Planeación, ni mucho menos la Policía no se dieran dado cuenta de este tipo de hechos, cuando esta es una de las zonas de mayor tránsito en la localidad de Kennedy.

Sin ser experto en leyes me di a la tarea de revisar la normatividad y encontré con que primero no se cumple lo establecido en el artículo 48 del Decreto 948 de 2005, expedido por el Ministerio de Medio Ambiente, quien dice que “En sectores A y B no se permitirá la construcción o funcionamiento de establecimientos comerciales e industriales susceptibles de generar y emitir ruido que pueda perturbar la tranquilidad pública, tales como almacenes, tiendas, tabernas, discotecas y similares”. El Decreto 948 de 2005, define como sectores A y B los siguientes: “Sectores A (Tranquilidad y silencio): Áreas urbanas donde estén situadas hospitales, guarderías, bibliotecas, sanatorios, y hogares geriátricos. Sectores B (Tranquilidad y ruido moderado): zonas residenciales o exclusivamente destinadas para desarrollo habitacional, parques en zonas urbanas, escuelas, universidades y colegios. “

Para colmo de males encontré también con que la Ley 232 de 1995 en su artículo 1º. Dice: “Ninguna autoridad podrá exigir licencia o permiso de funcionamiento para la apertura de los establecimientos comerciales definidos en el artículo 515 del Código de Comercio, o para continuar su actividad si ya la estuvieren ejerciendo, ni exigir el cumplimiento de requisito alguno, que no esté expresamente ordenado por el legislador”.

Y para completar vi también que el Decreto 1879 de 2008, que reglamentó la ley 232 de 1995 dispuso: “Artículo 5: Prohibición de creación y exigencia de licencias, permisos y certificaciones para registros y apertura de establecimientos. En cumplimiento de lo establecido por las leyes que rigen la materia, ninguna autoridad del nivel nacional, departamental, municipal, o distrital podrá crear o adicionar requisitos para apertura y funcionamiento de establecimientos comerciales o abiertos al público salvo lo que expresamente sea autorizado por el legislador y reglamentado por el presente decreto.”

Con perlas tan contradictorias como la anterior, no es de sorprender entonces que alrededor de los lugares donde nuestros niños y jóvenes se educan, se instalen sitios dedicados al consumo del licor y en ocasiones, estos mismos sirvan también para ejercer la prostitución, que como todos bien saben, es un ambiente que fácilmente atrae el consumo de drogas y a los dueños de lo ajeno, convirtiendo al sector en un territorio de inseguridad.

Lo que más sorprende de todo esto es que según me contó una fuente, en la Alcaldía Local de Kennedy no poseen un inventario exacto de cuantos establecimientos dedicados a la diversión nocturna pueden existir en el momento, por tanto es de suponer que tampoco saben si estos cumplen con los parámetros que la Ley exige en lo que tiene ver con uso de suelo y norma ambiental.

No estoy en contra de las actividades relacionadas con el consumo de licor, pero creo que en la ciudad de Bogotá estos han proliferado de tal manera, que reordenarlos y ponerlos en cintura va a ser una tarea titánica, para lo cual los secretarios de Gobierno y Desarrollo Económico deben pensar en fórmulas salomónicas para tratar este asunto en el momento de redactar el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, que a partir del momento en que sea aprobado regirá en la capital del país.

Podría asegurar que estas perlas no se encuentran únicamente en la Avenida 1 de Mayo entre Avenidas Boyacá y 68. Estoy seguro de que situaciones similares se encuentran en otras partes de Bogotá.

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