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Le digo NO a la venta de la ETB

@afvillamizar*

Como buen soldado del ideario liberal, he respondido con hechos y disciplina las directrices de mi partido; sin embargo, en el caso de la propuesta de venta de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB), tomo distancia de la posición adoptada por la bancada en el Concejo. Mi esencia socialdemócrata me impide apoyar una iniciativa que les quitará a los bogotanos uno de sus principales activos y afectará en materia grave recursos y programas que benefician hoy a jóvenes y ciudadanos de menores recursos y a toda la capital.

Y es que son más las dudas que las certezas que deja regadas en el camino la propuesta de enajenación que nos llega reencauchada desde las lejanas épocas de la primera Administración de Enrique Peñalosa. Por ejemplo, en los últimos años el Distrito ha invertido más de 2,3 billones de pesos en actualización de redes y mejoras en el servicio de fibra óptica. No tiene, ningún sentido que la respuesta a semejante desembolso sea una valoración (sin sustento técnico que se conozca) que apenas supera el billón de pesos.

Varias inquietudes acompañan lo que hoy muchos vemos como un despropósito: ¿Está adecuadamente valorada la compañía? ¿Cuánto cuesta la infraestructura (redes, inmuebles, ductos, postes y otros activos)? ¿Se valora el privilegio de la ETB de tener como principal cliente a la propia Administración Distrital? ¿Cuánto le costará en el futuro a la ciudad la prestación privada de los servicios que hoy le proporciona la Empresa de Telecomunicaciones?

Preguntas que hoy no tienen respuestas claras, pero el panorama se oscurece aún más cuando pareciera que la intención de la actual Administración es la de marchitar este activo estratégico. Alcalde y directivas revelan en medios de comunicación información confusa sobre su estado actual; los trabajadores denuncian parálisis administrativa, cerramiento de portales sin justa causa y equipamiento nuevo que no se instala y queda arrumado. De confirmarse estos hechos ¿qué deben pensar los cientos de miles de bogotanos y colombianos que hoy son clientes de la Empresa?

El deber de un administrador público es mejorar el servicio que presta, no afectarlo para facilitar su privatización. ¿Por qué la ETB sí pudo fortalecerse y crecer en los años en los que Enrique Peñalosa estuvo fuera de la Alcaldía? ¿Por qué, después de las lecciones que nos dejó la reciente venta de Isagén, nos siguen recitando el credo privatizador como la única solución para conseguir recursos de inversión?

La ETB de hoy no es la vieja compañía de teléfonos de hace varios años; en su portafolio de servicios cuenta con una extensa red de fibra óptica al hogar, televisión interactiva digital, telefonía móvil 4G con cobertura nacional y costos competitivos. Es decir, tiene todo para seguir en el mercado como empresa pública. ¿Por qué no pensar en estrategias para fortalecer su funcionamiento y así evitar un oligopolio que solo perjudicará a los usuarios?

Por último, pero no menos importante, la entrega de la ETB, impide que la Capital pueda profundizar proyectos sociales soportados en la tecnología, como los 29 portales interactivos que llegan a localidades con necesidades como Ciudad Bolívar, Fontibón, Sumapaz y Kennedy, entre muchas otras. Esto sin contar con los millonarios recursos que anualmente entrega la compañía para que la Universidad Distrital siga siendo alternativa de educación para jóvenes bogotanos que no tienen cómo pagar una institución privada.

¿Por qué en vez de vender la ETB no se fortalece y potencia para que sus utilidades sigan financiando proyectos sociales de la Administración Distrital? Desde la Cámara de Representantes y como liberal socialdemócrata me declaro alerta y atento a los múltiples cuestionamientos que siguen sin respuesta en este debate.

Por Andrés Felipe Villamizar

Representante Liberal a la Cámara por Bogotá

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