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¡Líderes!

Felicidad, confianza, liderazgo. Son algunas de las palabras positivas que reinan en el entorno azul. Treinta y un puntos y la clasificación asegurada casi en su totalidad. ¿Cómo no pensar que Millonarios esta para grandes cosas este año? Ojalá se confirme a final de este semestre en el todos contra todos.

El sábado en la noche, Millonarios visitó a un Bucaramanga que en el papel nos mostraba la posibilidad de llevarnos los tres puntos de Floridablanca. En el primer tiempo Millonarios mostró superioridad pero no logró concretar sus opciones de gol. La más clara la tuvo Robayo al cabecear libremente al arco, sin arquero, y el balón dio directamente al travesaño. Se presentía que las ocasiones desperdiciadas, nos las podían cobrar en el segundo tiempo.

Y así fue. A los cuatro minutos del segundo tiempo, un puntazo de Marcos Aguirre en el sector izquierdo de la defensa azul, colgó a Vikonis para abrir el marcador a favor del cuadro leopardo. Un baldado de agua fría para Millonarios, que no tuvo la jerarquía y el juego para pensar en revertir el marcador. Se esperaba la derrota azul y el final del invicto que venía acumulando en las últimas semanas. Hasta que en el minuto noventa y dos, tras una falta contra Rangel a treinta metros de distancia del arco que defendía James Aguirre, Carlos Henao convirtió el empate con un zurdazo rastrero que dejó quieto al arquero del Bucaramanga. Un empate que, en principio, se pensaba como un resultado contrario a los intereses de Millonarios, ya que podría ampliarse la ventaja frente a los rivales en la punta de la tabla que son Rionegro, Nacional y Junior.

Afortunadamente, los resultados del domingo favorecieron a Millonarios, acercándonos aún más a la punta de la tabla y permitiéndonos creer que podíamos arrebatarle el liderato a Rionegro el miércoles frente a Junior en El Campin.

El partido contra el cuadro tiburón demostró cómo un partido puede cambiar en el intervalo. En el primer tiempo se vió a un Junior arrollador. Desde el primer minuto tuvo opciones claras para ir ganando el partido frente a un Millonarios pasmado, sin ganas y enredado en su juego. Se veía venir en cualquier momento el gol tiburón, y llegó a la media hora del partido con un derechazo desde fuera del área por parte de Ovelar, que le picó a Vikonis, quien logró manotear el balón pero no desvió lo suficiente su destino a la red. Se vió muy estática defensa en esa jugada, en especial Henao, le dio el tiempo necesario a Ovelar para patear con toda la libertad. Se venía la lluvia y, con ella, una posible goleada Juniorista que, por fortuna, no logró aumentar el marcador durante el primer tiempo. Lo mejor que le podía pasar a Millonarios era que terminara el primer tiempo con un solo gol en contra para replantear el partido y hacer los cambios necesarios para salir con otra cara al segundo tiempo.

La entrada de Carrascal por Blanco en el segundo tiempo cambió el panorama a favor de los embajadores. El técnico Israel se la jugó sacrificando marca en el medio por un poco más de juego y control del balón. Carrascal entró enchufado (como siempre lo ha hecho cada vez que tiene la oportunidad de jugar), y empezó a organizar el ataque azul. Esto permitió que el equipo tomara el balón y empezará a jugar como lo ha hecho durante la mayor parte de este semestre. El empate llegó rápido, a los ocho minutos del segundo tiempo, después de que David Silva centrara un balón a Robayo, para que éste lo rozara con su cabeza, dejando sin reacción a Sebastián Viera. Un gol que reanimó a Millonarios para seguir con la misma intensidad y buscar la victoria. Sólo pasaron dos minutos después del empate para que, tras una gran jugada en equipo, Lewis Ochoa hiciera un pase gol a Rangel, que con un potente disparo, mandó el balón al ángulo e hizo que el estadio explotara de alegría bajo la fuerte lluvia que caía en la capital. Junior quedó sin aliento y sin reacción alguna, y terminó viendo como su gran trabajo del primer tiempo se vino al piso con el tercer gol embajador, segundo de Rangel, para liquidar el partido y así, sumar otros tres puntos de local.

Triunfo decisivo para tomar el liderato de la Liga Águila. Y el crédito de esta victoria se lo lleva el técnico Rubén Israel. Él fue capaz de cambiarle la cara a Millonarios para el segundo tiempo. Acertó con el primer cambió y logró que el equipo encontrara su buen juego y aprovechara las oportunidades de gol presentadas.

Ahora hay que preparar el juego frene a Envigado el sábado en la tarde. No podemos conformarnos con lo que se ha hecho hasta el momento. Aún hay que corregir ciertas falencias, como las que se vio en el primer tiempo frente a Junior. Hay que mantener el liderato y lograr terminar de primeros. Este equipo tiene con qué para hacer eso y de paso, hacer un gran “playoff” para conseguir el gran objetivo de este semestre que es la estrella número quince en el escudo azul.

Felipe López

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