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Escritor Celso Román

“Lo que más me gusta de la ciudad es el Sol generoso de diciembre, cuando salen los niños a disfrutar los juguetes que les trae el Niño Dios”: Celso Román

Celso Román nació en Bogotá. Estudió Medicina Veterinaria y Bellas Artes en la Universidad Nacional de Colombia. Como becario de la Comisión Fulbright, recibió el título de Master Fine Arts, del Instituto Pratt de Nueva York. Autor de más de 40 obras literarias y de divulgación científica, ha recibido los premios ENKA de Literatura Infantil; Netzahualcóyotl, de Méjico; José Martí, de Costa Rica; ACLIJ –Asociación Colombiana para la Literatura Infantil-; el premio iberoamericano de literatura juvenil NORMA-FUNDALECTURA, entre otros. Fue invitado al Taller Internacional de Escritores de la Universidad de Iowa y recibió el premio de educación ambiental Chairman’s Awards, así como el galardón “Maestro de Maestros”, de la Secretaría de Ambiente de Bogotá, por la contribución de su obra a la formación ecológica, ya que el autor hace parte de la Fundación Taller de la Tierra, entidad que dedicada a la  Educación Ambiental.

Entre sus obras más conocidas están Los Amigos del Hombre; Las cosas de la Casa; Los Animales domésticos y Electrodomésticos; El Maravilloso Viaje de Rosendo Bucurú; Fu, el protector de los artistas; Jaguar de Luz y Águila de fuego; y El Imperio de las Cinco Lunas. Su proyecto más reciente es Expedición La Mancha, una adaptación para niños de El Quijote, a propósito de la conmemoración de los 400 años de la muerte de Cervantes.

¿Qué libro está leyendo en este momento?

Acabo de devorarme, literalmente y con avidez, Las voces de Chernóbil, de Svetlana Alexiévich, a propósito del cruel cumpleaños de la tragedia del reactor atómico ruso, que costó el sacrificio y el sufrimiento de tantos seres humanos, plantas y animales, y que el régimen soviético trató de ocultar.

¿Cuántos libros lee al año?

Trato de leer por lo menos uno cada dos meses, pero de todas maneras se amontonan sobre la mesa de noche, y no siempre tiene uno el tiempo para dedicarse a la lectura. Por eso siempre tengo un libro en mi maleta para leer en las interminables  filas de los bancos, y en las salas de espera de los aeropuertos, que hacen que se vea uno como un bicho raro con un libro en la mano cuando todos están inmersos en el celular o la tableta.

¿Cuál es el libro que más ha releído?

Cien años de Soledad y El Quijote son compañeros permanentes de lectura. El Quijote tuve que trasegarlo mucho el año pasado, para llevar a cabo el proyecto “Expedición La Mancha” con Penguin Random House, para hacer una adaptación para los niños.

¿Qué libro recuerda de su infancia?

Jamás se me olvidarán las bellísimas imágenes de Cartas para la gente menuda de Constancio C. Vigil. Me veo extasiado disfrutando ese libro.

¿Qué libro que leyó de adulto le hubiera gustado leer de niño?

Historias de cronopios y de famas, de Cortázar, que fue el libro que me abrió las puertas para navegar en la fantasía con la cual uno jugaba de niño.

¿Para qué escribir?

Para poder contar a los demás y compartir lo que uno sueña, lo que uno desea, y lo que uno ha visto.

¿Cuál es su rutina para escribir?

Suelo levantarme muy temprano en la mañana -digamos a las 3 am- pues es una hora en la cual no suenan los teléfonos, hay silencio y uno puede estar consigo mismo.

¿Quién lee sus borradores?

Soy muy reservado con mis textos, y solo los comparto con una o dos personas muy cercanas cuando los tengo finalizados. Alguna vez escuché a alguien decir que cuando uno no puede resolver un texto lo comparte para ver si le dan una respuesta.

¿Cuándo decidió que quería ser escritor?

Considero que la decisión la tomé desde la infancia, cuando me sentía relegado por mis defectos físicos: un estrabismo y un retardo en el crecimiento.

¿Cuál fue el mejor consejo que le dieron para escribir?

Mi amigo Carlos Nicolás Hernández, en tiempos de la Universidad Nacional, me aconsejó no tenerle miedo a la imaginación, y crearle a la fantasía una lógica interna que le diera tal coherencia que la hiciera creíble. Esa es la esencia de crear universos en la Literatura.

¿A qué escritor le gustaría revivir y llevar a tomar onces al Florida?

Gustosamente invitaría a tamal con chocolate a Gabito y a Miguel de Cervantes.

¿Con qué escritor le gustaría pegarse una borrachera?

Me encantaría tomar mojitos con Ernest Hemingway en la Bodeguita del Medio en la Habana, hasta caer “borrachos de la pea”, como diría el costeño.

¿Qué lugar de Bogotá no cambiaría por nada en el mundo?

El Jardín Botánico José Celestino Mutis, no solo no lo cambiaría por nada, sino que lo haría extenderse por toda la ciudad.

¿Cuál es su plan preferido en Bogotá?

Caminar la ciudad, a pesar de la prevención por la inseguridad, la contaminación, los afanes y la destrucción del patrimonio público. Mis amigos los artistas Hernando Carrizosa y Alberto Motta  dicen que salen a caminar por la séptima para “cazar temas de sus pinturas”

¿Qué es lo que más detesta y lo que más le gusta de Bogotá?

Lo que más detesto es la indiferencia, la falta de solidaridad y de sentido de pertenencia de sus habitantes ante fenómenos como el desplazamiento y la miseria rampante de los llamados eufemísticamente “habitantes de calle” y “migrantes ocasionales”. Lo que más me gusta de la ciudad es el Sol generoso de diciembre, cuando salen los niños a disfrutar los juguetes que les trae el Niño Dios.

celso román

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“Escribo a mano, en cuadernos, lo que parece muy romántico, pero a la hora de pasarlos a limpio produce una gran frustración.”: Ramón Cote

Ramón Cote Baraibar ha publicado, entre otros, los libros de poesía Poemas para una fosa común, Colección privada (Premio Casa de América 2003), Los fuegos obligados (Premio Unicaja de poesía 2009), Como quien dice adiós a lo perdido (2014) y Hábito del tiempo (antología, 2015). Además, es autor de Diez de ultramar, antología de la joven poesía latinoamericana, de la Antología esencial de la poesía colombiana del siglo XX, de los libros de cuentos Páginas de en medio y Tres pisos más arriba, y de los libros infantiles Feliza y el elefante.

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