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Perdió Uribe

El visitante que por estos días llegaba a Medellín encontraba, aquí y allá, la imagen de Juan Carlos Vélez Uribe junto a su jefe natural Álvaro Uribe Vélez. El expresidente mirando a lontananza junto al aspirante a la alcaldía, ambos brazos en alto en señal de triunfo, los dos hombro a hombro, rostros gigantescos en vallas que iban del aeropuerto de Rionegro hasta el centro de la ciudad. Era tan abrumadora la publicidad que parecía que nadie más competía.

Las encuestas lo auguraban. Ipsos Napoleón Franco, por ejemplo, le daba una victoria con el 27 % en la intención de voto sobre un lánguido 15% de un tal Federico Gutiérrez. Un tal no encierra una valoración despectiva, sino por la forma en que la prensa más afín a Uribe lo trataba en su ciudad al darle siempre un despliegue marginal. Pero, ¿por qué tanto desequilibrio? “Ah, porque Medellín es uribista”, “porque él representa la mano firme y el corazón grande”, “porque, ave María, es Vélez Uribe, que es igual que Uribe Vélez.”

Pero perdió. La gente de Medellín se le rebeló a Uribe. Como también lo hizo el elector en Bogotá. Francisco Santos martillaba en la campaña el libreto dictado por el Centro Democrático y apenas alcanzó un poco más de 300 mil votos.

Y sí, hay que anotar que Uribe ganó en Cali porque allí Mauricio Armitage se hizo a la alcaldía. Pero, mirando con rigor: ¿Realmente estará satisfecho de esa victoria? ¿Podrá estarlo cuando Armitage es un empresario que defiende, como el que más, las negociaciones de paz en La Habana y posiblemente es la autoridad local hoy en Colombia que más lejano se muestra de resolver a tiros los problemas sociales? De hecho Armitage tiene en sus empresas a desmovilizados a los que ha perdonado de los mas atroces delitos para que vuelvan por el camino de la reconciliación.

En Cauca, donde más se siente la dureza de la confrontación armada, Uribe fue y avaló al general Leonardo Alfonso Barrero. Y también perdió: El alto oficial apenas se quedó con el 6 por ciento de los votos. Se trata del mismo al que el presidente Juan Manuel Santos le dio la baja en el servicio tras la revelación de SEMANA en la que este le decía a otro oficial en la cárcel, por ejecuciones extrajudiciales: “Aprovechen y únanse, HP. Eso tiene uno que ser inteligente. Yo no lo puedo hacer, pero ustedes sí porque ustedes son los afectados (…) Hagan una mafia para denunciar fiscales y toda esa güevonada”. En ese instante era el comandante de las Fuerzas Militares. Salió por la puerta de atrás y Uribe le apostó a que lo elegiría gobernador. Y también perdió.

Y así en el recorrido del país. El candidato uribista segundo, el candidato uribista tercera o cuarto. “Una paliza”, dice la senadora Claudia López.

Y, sin embargo, él sigue en lo suyo. Como si nada hubiera pasado, con las mismas palabras, el mismo tono que en 2002 lo convirtieron en presidente y con las que se ganó el título del mandatario más popular: “El crimen está mutando uniformes de las Farc hacia el Eln, y sigue la impunidad”, escribió en su muy leída cuenta de Twitter al filo del cierre de esta jornada.

Pero la realidad es terca. Estas fueron las elecciones más tranquilas del último medio siglo y ese trino muestra que, ni siquiera así, a va reconocer su derrota.

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