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Perros: La (casi) redención de Harold

Por Oscar Cabrera

Misael (John Legizamo) es encarcelado por un crimen de sórdidas dimensiones. Allí dentro, entre los abusos de los guardias y otros reos, además del abandono de su familia, encontrará consuelo en una perrita, quien le ayudará a lidiar no solo con el encierro.

Siempre he creído que Harold Trompetero tiene cierto talento en la ejecución audiovisual, con una creatividad exuberante e intrigante, no obstante mal encaminada hacia productos de muy cuestionable calidad, basta recordar El paseo o El Man, entre otras cosas. Eso sí, es menester destacar su genuino impulso de experimentación en proyectos más personales, aportando una mirada en verdad sincera sobre el panorama sentimental del ser, cuyo trabajo más cercano y concreto seria Violeta de mil colores. Ahora regresa con Perros, que supondría su definitiva madurez como narrador, probándose a sí mismo y entonces queda a medio camino, pero es un intento de mérito, teniendo en cuenta su filmografía y la cartelera reciente.

Lo que pudo ser una real confrontación a los recovecos más densos y escabrosos del comportamiento humano, y luego de su fantástico arranque, termina siendo un tour de force cohibido, incluso percibiendo el desenlace algo apresurado.

Posee contados momentos más que interesantes e inquietantes, pero que en el gran esquema de las cosas resulta desigual. Es un relato funcional con lapsos de lucidez, aunque a pesar de su cruda y, porque no decirlo, conseguida contundencia, queda rezagado por el débil progreso de su protagonista y en el tratamiento tenue de sus temas o situaciones. La culpa, las contradicciones internas, el autoengaño, la incertidumbre vital, la ambigüedad de los vínculos y un potencial entorno nihilista, son apenas acariciados en pos del sobrecogimiento visceral, ya disipado luego de abandonar la sala.

Debía sostenerse por sus personajes, sin embargo las motivaciones y trasfondos son descuidados, sugeridos; todo el desarrollo y ritmo del filme es conducido por su lenguaje. Reconozco allí un montaje meditado y cuidado, que genera notables respuestas primarias en el espectador, pero al final efectismos efímeros que no complementan realmente al contexto y a los, como ya dije, mesurados conflictos.

Podríamos decir que con un mayor acercamiento y refinamiento, Trompetero culminaría quizás su largometraje más completo y estremecedor. Al final, el titulo se lo queda La mujer del animal de Víctor Gaviria, una pieza realmente potente en la mayoría de sus aspectos. Aun así se deja ver y notas el gran esfuerzo con creces.

Espero que sea el comienzo de una renovada y fructífera etapa de su director, lo necesita.

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Fuente: http://es.presidencia.gov.co/noticia/171006-El-Teatro-Colon-de-Bogota-celebra-sus-125-anios

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