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Qué tan dañina es la corrupción

Es posible que a diario veamos innumerables casos de corrupción en Bogotá. Desde un servidor público que en lugar de estar atendiendo al ciudadano en su tiempo de trabajo está ocupado en asuntos personales o jugando solitario en el computador, hasta el caso de los líderes y referentes de la ciudad que, como el ex alcalde Moreno y todos los involucrados en el carrusel de la contratación, desfalcaron las arcas públicas. Ambos eventos hacen parte de lo mismo: vivir cómodos en unos casos, o resignados en otros, con la trampa y con la corrupción.

No se trata sólo del costo económico, que es de por sí enorme, sino de la descomposición social y cultural que nos están alejando de ser una ciudad competitiva. La falta de transparencia, confianza y controles adecuados en las instituciones públicas, nos alejan de la posibilidad de construir una ciudad mejor. El Banco Mundial ha dicho en sus informes sobre gestión pública en las ciudades, que toda ineficiencia en la administración pública le sirve a la corrupción. Una autoridad que no actúa, que no hace cumplir las normas y que no protege a la ciudad, es también un detonador de la deshonestidad a todos los niveles. Si el gato no vigila, los ratones hacen fiesta, dice la sabiduría popular.

Para la veeduría distrital una meta inmediata es construir un índice que pueda monitorear la calidad de la gestión, la visibilidad de las actuaciones públicas y los controles que se ejercen sobre la gestión administrativa, declara Adriana Córdoba, veedora distrital en una entrevista realizada por la Universidad de Los Andes. “Tenemos que lograr un mecanismo más exacto de medición de la deshonestidad pública, no sólo encuestas de percepción”

De acuerdo con Elisabeth Ungar, directora de Transparencia por Colombia, “ Ya en Colombia tenemos claro que la corrupción afecta la calidad de vida de la gente y la legitimidad del Estado. Con lo que nos ha pasado, ya sabemos por dónde va el ‘agua al molino’, los corruptos son hábiles y utilizan cualquier espacio libre que encuentren para buscar su propio beneficio, por eso es urgente blindar la gestión administrativa.”

Es muy grave que los líderes de la ciudad se roben el presupuesto de la ciudad porque ellos son un referente para los bogotanos. La precepción del ciudadano es que para lograr un contrato hay que pagar un soborno o que para gestionar un negocio hay que pagarle favores a una autoridad. Sin embargo, enfatiza la veedora distrital, la corrupción viene vestida de diferentes formas.

“El silencio de la ciudadanía cuando presencia una actuación abusiva, es un premio a la inmoralidad. Deberíamos ser una sociedad que colectivamente premie la denuncia” indica Córdoba. Para lograr ese objetivo, hay que integrar a las políticas de la ciudad a los empresarios, a organizaciones sociales, a las universidades, a los estudiantes y a los medios de comunicación.

La peor afectación al Estado Social de Derecho es la corrupción, porque esa práctica hace que no se puedan garantizar los derechos colectivos y que siempre haya un grupo de personas que pueden abusar, que compren beneficios. “Lo público es el espacio en donde usted y yo somos iguales, independientemente de quiénes somos. La identidad colectiva comienza por reconocer que lo público es el bien más importante de la ciudad, porque es lo que hemos construido con el esfuerzo de todos.” indica Córdoba.

Es necesario construir una imagen colectiva de hacia dónde queremos ir y a dónde queremos llegar en materia de honestidad e integridad. La honestidad es un proyecto colectivo y Bogotá es una ciudad capaz, y la ciudadanía bogotana es capaz de aprender a ser mejor y construir un imaginario colectivo mejor;claro, si alguien está dispuesto a enseñarle.

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