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Concejal Partido Alianza Verde, Lucía Bastidas.

Reciclaje en la calle está convirtiendo la ciudad en un muladar

Por Lucía Bastidas

El reciclaje en la calle se ha convertido en un dolor de cabeza para los vecinos y tiene calles y barrios de la ciudad convertidos en muladares permanentes. La escena de habitantes de calle o recicladores escarbando entre las canecas de basura o entre las bolsas que la gente deja en las esquinas se ha convertido en una imagen de suciedad cotidiana.

En el norte de la ciudad el tema es visible en zonas como la carrera 11 con calle 85, en la carrera 15 con calle 93. Pero también es frecuente en Usaquén, en sitios como la calle 164 con carrera 18, o en la autopista Norte con calles 127y 116. (en un recorrido realizado por la unidad de apoyo se pudieron identificar estos lugares).

En la zona residencial de Chapinero alto, en la calle 53 arriba de la séptima, en Galerías, en el sector de la carrera 10ª y así en localidades como Kennedy, Engativá, Santafé y Mártires. El problema no es solo el malestar y los malos olores que se desprenden de la basura mientras los habitantes de calle, recicladores o los perros la riegan sino los desperdicios que quedan en los andenes y en las avenidas.

El problema que enfrenta la ciudad es que a estas personas que esparcen la basura por fuera de las bolsas o contenedores el nuevo Código de Policía no les impone multas ni sanciones, solo ordena imponerles como medida correctiva la participación en un programa comunitario o en una actividad de convivencia. Esas acciones no serán suficientes si no atacamos el programa por la base, es decir, disponiendo de lugares apropiados para este trabajo.

Es urgente que la ciudad adopte las medidas que le permitan disponer de parques o bodegas apropiados para este trabajo de separación de la basura, porque hacerlo en la calle implica un riesgo de salubridad pública, no solo por los malos olores y los desechos abandonados en el espacio público, sino por la proliferación de roedores que denuncian vecinos en zonas del norte de Bogotá.

Mientras tanto, es fundamental aplicar con todo rigor el nuevo Código de Policía contra quienes arrojan la basura en la calle o dejan las bolsas en los andenes fuera de los horarios de recolección y de esa manera facilitan que recicladores, habitantes de calle y animales la esparzan por el suelo.

Desde el 30 de enero, cuando comience a regir el nuevo código, arrojar basura, llantas, residuos o escombros en el espacio público o en bienes de carácter público o privado, genera como medida correctiva una multa de 32 salarios mínimos diarios (smdlv). Es decir, 786.880 pesos.  La misma multa aplicará para quienes arrojen cualquier tipo de basura a la red de alcantarillado de la ciudad.

Es lamentable que tengamos que acudir al Código de Policía para que los ciudadanos respeten y se comporten cívicamente, pero es inevitable si tenemos en cuenta que las vías de los barrios y muchas avenidas ya no aguantan más invasión de basuras y escombros

La calle 53 en Galerías, la carrera décima en el centro, la calle 13 en todo su recorrido de la carrera 30 hacia el oriente, son solo unos ejemplos que vemos todos los días invadidos de residuos de restaurantes y todo tipo de negocios.

Lo grave es que tirar la basura a la calle genera consecuencias en la calidad de vida de todas las personas, en términos de salud y salubridad, y produce una sensación de desorden que impacta en la convivencia. Y un tema que nos debe importar a todos: los costos. Plata que debería usarse en obras e inversiones se tiene que gastar en limpiar la ciudad.

Un solo ejemplo lo constituye la Empresa de Acueducto de Bogotá, que en el último año sacó de los sumideros y estructuras que conforman el sistema de alcantarillado de la ciudad 17.000 toneladas de basura, que primero fue tirada a la calle y después terminó tapando alcantarillas, canales y redes. Esta cantidad es el equivalente a toda la basura que la ciudad produce en tres días.

Y claro hay empresas que todavía incumplen las normas ambientales y arrojan al alcantarillado todo tipo de desechos comerciales e industriales.

Y a la basura se suman los escombros. La ciudad tiene identificados alrededor de 300 puntos en Bogotá que viven la permanente invasión de desechos de construcción, no solo de grandes empresas, sino de los arreglos que se hacen en casas y edificios de la ciudad.

Estos puntos están por zonas como Suba, Usme, Kennedy, Usaquén, Engativá y Bosa, donde se han detectado las situaciones más críticas. Pero en la lista hay que poner los humedales que constantemente son amenazados por esta invasión.

No es suficiente que el Acueducto haya iniciado la instalación de 912 cestas de basura para evitar que la gente bote la basura en la calle en zonas como la carrera séptima, San Victorino y Chapinero. Ya en otras zonas de la ciudad hay canecas de basura y el espectáculo diario que observamos es que están rodeadas de basura.

Civismo y conciencia ciudadana es la clave. Y si no se atiende el llamado, rigor en la aplicación del código de Policía.

 

 

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