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“Yo hago lo que me da la gana”

Crece la insatisfacción ciudadana provocada por la ausencia de autoridad en las calles de Bogotá

pelea-mujeres5En el clásico trancón bogotano un joven ciclista golpea la defensa trasera de un taxi. Es un golpe sin importancia, tan sólo una leve raspadura en la pintura del carro y en la de la bicicleta. El conductor se baja iracundo, revisa el rayón  y le exige al joven que le pague el daño. Este le pide que esperen un policía para que se solucione la situación. ¿Un policía? ¿Para qué un policía? El conductor abre el baúl del taxi, coge la bicicleta y comienza a meterla allí. Forcejean. Se zafan. Se miran con rabia. El hombre del carro saca del baúl un machete y lo levanta amenazante. El ciclista se lanza a la mitad de la calle pidiendo ayuda a otros conductores. Nadie se detiene, nadie hace nada. El ciclista corre y se sienta en el capó del taxi. Tal vez es la única salida que tiene para no perder su bicicleta.

Escenas como esta que son grabadas por ciudadanos y después transmitidas por los noticieros de televisión demuestran, sin maquillaje, la realidad de cómo la ciudad debe convivir diariamente con la ausencia y la falta de respeto por la autoridad y por las normas.

El último estudio de ‘Bogotá, cómo vamos’, publicado en un informe anual de seguimiento sobre los cambios en la calidad de vida de la ciudad, demuestra una caída histórica en la satisfacción de las personas con su ciudad. El 48 por ciento de los consultados afirmaron que se sentían satisfechos de vivir en la capital del país.

Un año antes, ese porcentaje estaba en el 61 por ciento, lo que muestra un desplome de 13 puntos. Esta caída coincide con el bajo nivel de optimismo que manifiestan los bogotanos: apenas el 30 por ciento dijo que las cosas iban por buen camino en la capital. Pobre de ti, Bogotá.

La cultura ciudadana ya no es una prioridad en Bogotá. Hay un agotamiento social relacionado con la falta de cumplimiento de normas de convivencia, lo que produciría una “necesidad de actuar por mano propia” frente a los conflictos.

Una encuesta de percepción de inseguridad en Bogotá, que realizó la Cámara de Comercio en las 20 localidades, revela  que en el último año en la capital el 74% de los ciudadanos nunca ha acudido a las autoridades a reportar una contravención o  un delito.

Y una de las principales razones para no denunciar es la ausencia y la falta de confianza en la autoridad. Y no hay confianza porque el ciudadano no cree que la autoridad pueda sancionar efectivamente a quién infrinja la norma.

La confianza en las instituciones es vital para el buen comportamiento de los ciudadanos, ya que influye en la calidad de los acuerdos entre estos. “Es decir, cuando hay desconfianza en lo público y en la autoridad es probable que la calidad de los acuerdos sea menos óptima, dando lugar a pactos que bien podrían validar la ilegalidad” señala el ex alcalde Antanas Mockus en el último Informe de Cultura Ciudadana en Bogotá.

No recoger los excrementos de las mascotas en parques y andenes tiene una sanción económica de 205.333 pesos para el propietario del perro, arrojar escombros y basura a las calles o botar llantas viejas a los andenes tiene una sanción de 616.027 pesos, pero un simple ejercicio de observación indica que la gente no cumple con estas medidas porque la autoridad no se hace presente para que se aplican las sanciones.

Según el Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público (DADEP), quienes intervengan u ocupen cualquier tipo de amueblamiento, instalaciones o construcciones en los parques púbicos, zonas verdes y demás bienes de uso público o los encierren, serán sancionados con una multa de entre 12 y 25 salarios mínimos legales vigentes por metro cuadrado ocupado.Pobre Bogotá. Sólo habría que hacer un recorrido por la calle 72, algunas cuadras de Chapinero o por el Centro para constatar que la ciudad está convertida en un monstruoso circo de ventas ambulantes.

En  los últimos años no sólo no se ha diseñado una política pública eficaz de recuperación del espacio público, sino que la invasión de andenes, plazas, ciclorutas y parques se ha desbordado. Las cifras son contundentes. El censo realizado en 2014 por el Instituto para la Economía Social (Ipes), indica que en Bogotá hay un número estimado de 49.800 vendedores informales, más del  doble comparado con el de 2011.

Las ciudades, como las naves, responden a la autoridad, la pericia y las capacidades de sus capitanes. Volverá a haber una sensación de orgullo cuando el bogotano vea que la ciudad está progresando y que hay voluntad y autoridad para hacer cumplir las normas. Como dicen en los tradicionales cafés bogotanos: “Hay que huir, ala, pero hacia adelante”.

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Fuente: http://es.presidencia.gov.co/noticia/171003-Ser-pilo-paga-cerro-brecha-de-acceso-a-educacion-superior

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