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¿Servirán las razones o será pura emoción?

Los estrategas políticos les repiten a los candidatos que lo importante es generar emoción, que las propuestas no importan tanto que la gente termina votando con el corazón y no con la cabeza. Y sí, efectivamente ocurre así, aunque haya algunos que insistan en disfrazar su voto de “informado” la gran mayoría de la gente vota por el sentimiento que le genera un determinado candidato: confianza, afinidad, simpatía etc.

Los debates y las propuestas sirven para construir o ratificar esos sentimientos y se convierten en voto en función del que sea más útil para afrontar –a juicio del elector- el momento. La pregunta es si en un caso como el de la ratificación o no de los acuerdos de La Habana la cosa opera igual o si en cambio vale la pena dar el debate.

Yo debo confesar que a pesar de que no se ha terminado de construir el acuerdo ya tengo decidido mi voto: yo voy a votar por el sí y no imagino bien que razón podría conducirme a cambiar esa intención. Sobrepongo a todo la ética de la no violencia: nada justifica matar, nada justifica morir violentamente y todo lo que haya que hacer para evitar muertes violentas bienvenido sea.

Yo no estoy esperando a que se publiquen completamente los acuerdos para leer cuidadosamente las más de doscientas páginas que ocuparán y en función de lo que diga allí decidir mi voto. Me parece bien que en las reglas especiales para el mecanismo de ratificación se exija que se publiquen completos, con anexos y lo que quieran, con al menos 30 días de anticipación, pero yo no voy a esperar a que eso pase para decidir mi voto. No me imagino a la mayoría de los ciudadanos subrayando párrafos, pidiendo un poco más de explicación….

Me parece respetable y hasta deseable que el ciudadano antes de votar los lea en detalle. Yo ya, por razones de mi trabajo, he leído varias veces lo que hasta ahora se conoce pero sé que falta lo más sensible, aun así yo ya tengo decidido mi voto.

Me llamó la atención que el senador Iván Duque senador del Centro Democrático, anticipó la campaña por el NO y dio unas razones.

En su columna de Portafolio afirmó categóricamente que lo mínimo que esperan millones de colombianos –dice él- es que haya “verdadera justicia y ejemplar castigo para quienes por décadas han cometido los mismos crímenes que el Estado Islámico”, pero en cambio en su cuenta de Twitter, donde además usa llamativas ilustraciones en favor del NO, antepone a sus argumentos un si condicionado: si tal cosa…entonces diremos (¿él y quién más?) NO.

Duque es de lejos uno de los mejores congresistas de Colombia y una de las grandes revelaciones, para bien, de la política colombiana. Inteligente, disciplinado, con una gran formación académica, bien informado, bien intencionado, gran expositor, sin intereses por debajo de la mesa y etc. He tenido oportunidad de hablar con él sobre el proceso de La Habana menos veces y en forma más breve de lo que hubiese querido y tenemos pendiente una tertulia sobre fútbol.

¿Habrá ya decidido su voto por el NO o valdrá la pena argumentar por el SÍ para ver si nos ganamos ese votico? Yo estoy dispuesto a oír los argumentos de él, de hecho leí dos veces su columna y la repasé antes de escribir esta columna, lo hice con mi prejuicio: yo quiero votar por el SÍ, me parece totalmente indeseable seguir en lo mismo en lo que venimos hace más de 50 años. ¿Estará el Senador Duque dispuesto a oír los míos? ¿Lo hará con el mismo prejuicio con el que yo leo los suyos?

Me pregunto si el Senador estará dispuesto a relativizar su exigencia de “ejemplar castigo” a cambio de satisfacer los derechos de las víctimas a la verdad y a la reparación. Quizás podemos examinar si con la confrontación se garantiza que haya “verdadera justicia y ejemplar castigo”.

El Senador Duque podría considerar que durante todos estos años ninguno de los máximos responsables de las FARC ha comparecido a juicio, ni permanecido en una cárcel cumpliendo “ejemplar castigo” y que el hecho de que algunos de los más sanguinarios de sus miembros hayan permanecido en cárceles cumpliendo “ejemplar castigo” no nos ha disminuido la confrontación, ni nos ha ahorrado muertes.

Podríamos revisar con el senador Duque el caso de alias “Karina” a quien el ex Presidente Uribe le ofreció beneficios de libertad que la justica no aceptó. ¿Qué hubiera sido mejor: darle a Karina los beneficios que Uribe quería o someterla a un “ejemplar castigo” como los jueces impusieron? Podríamos mirar los casos de los miles de miembros de las FARC que se desmovilizaron en los últimos quince años para ver si ese procedimiento nos garantiza “verdadera justicia y ejemplar castigo”.

¿Sabrá el senador Duque que la mayoría de los desmovilizados han quedado en libertad casi inmediatamente después de que se han entregado, que no han contado nada que haya servido para esclarecer los crímenes de las FARC y que el Estado gasta decenas de miles de millones de pesos ofreciéndoles ayuda para reintegrarse a la sociedad? Para hacer todo eso durante años y con miles de ex FARC nunca nos preguntaron, ni nos permtieron votar por el SI o por el NO.

¿El Senador Duque habrá ya decidido su voto por el NO o podremos ganarnos ese voto por el SÍ si le damos buenas razones para convencerlo de que no es posible votar unas cosas si y otras no y que toca votar completo el acuerdo y que quizás por la vía de unas reglas de justicia transicional estamos más cerca de una “verdadera justicia” que no es lo mismo que “ejemplar castigo”?

¿Será que si me pongo en mejor disposición y abandono mis prejuicios, el Senador Duque, que es un buen argumentador, me podrá convencer que es mejor votar NO y que es mejor quedarnos en lo que veníamos haciendo, así nos toque pagar con más dolor y muerte el hasta ahora largo e incierto camino hacia la “verdadera justicia y el ejemplar castigo”, pero que al final habrá valido la pena?

¿Será que me hará sentir mal, tanto como para hacerme cambiar mi voto, por escoger el camino “facilista y cobarde” de la negociación y no el “heroico” de la confrontación para buscar acabar con ese conflicto que él y yo hemos padecido durante todos los años que hemos vivido y que él y yo queremos que se acabe?

¿Será que el Senador Duque, que es un gran economista, me convencerá de que persistir en la confrontación no solo nos hace más “dignos” sino que nos saca de este atolladero en forma más rápida y más eficaz que si aceptamos “lo que nos quieren imponer desde La Habana”?

¿Será que valen las razones? Me temo que él ya decidió su voto y yo el mío como quizás la mayoría de los colombianos y si es así de pronto es mejor aprovechar la oportunidad que pueda tener con él para tertuliar sobre las alineaciones del Deportivo Cali de final de los 70s y los 80s y para oírle las historias heredadas de las épocas doradas del Deportivo independiente Medellín en los 50s y que el día del plebiscito él vaya vote NO, mientras yo voto SÍ y al final como en la decisión sobre las reglas de los juegos infantiles :¡mayoría gana!

Así vayamos a votar con buenas razones o con muchas emociones, lo que sí hay que valorar es que podamos ir a votar. ¿Será que el Senador Duque acepta razones de que es mejor facilitar el método de refrendación para que podamos ir a votar simple y llanamente SÍ o NO sin tantas reglas que hagan imposible que nos pregunten, o a eso tampoco le gastamos tiempo?

 

Columna tomada del portal digital La Silla Vacía

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