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“Tejiendo historias de paz” Gregoris de víctima a empresaria

Gregoris, una mujer oriunda de Magangué Bolívar, vivió la violencia en carne propia. Desde muy joven presenció el desplazamiento y el reclutamiento de jóvenes por parte de las guerrillas. Confrontación armada que en Bolívar estuvo determinada en gran medida por la presencia y  consolidación de los grupos guerrilleros en el departamento desde los ochenta (Farc, ELN y ERP) – las primeras más en la zona norte y centro, ELN y el ERP más hacia el sur del departamento – y la incursión de grupos de autodefensa a finales de los noventa, según el diagnóstico de ACNUR.

En el año 2006, el reclutamiento y la desaparición de los jóvenes como causa de la filtración de información, se incrementó. La cual toco a esta mujer de familia de pescadores, humilde y trabajadora. Allí ella se convirtió en objetivo militar y a los 22 años de edad, tuvo que huir del territorio; abandonando a sus padres para poder estudiar en Barranquilla. “Esto no es así, no es normal que a los jóvenes les pase esto, mejor me voy e investigo porque ocurre esto. Porque yo quiero ayudar a mi comunidad” afirmó la mujer, que esta fue la idea que la impulso a dejar su territorio.

Luego de terminar su bachillerato y entender la grave situación de violación de derechos humanos y violencia que vivía el departamento de Bolívar, decidió regresar a su pueblo para ayudar,  lamentablemente se encontró con amenazas hacia su vida y la de su familia, por este motivo tuvo que salir huyendo  hacia la capital del país.

En esa época, año 2008, no existía ni programa, ni ley de víctimas, que le brindara protección. Sin embargo, así llegó a la ciudad de Bogotá. En ese momento ya era madre de una pequeña y sus días se tornaron más difíciles.

Según ella, y es una realidad, una de las fallas del Estado se encuentra en la falta de sensibilización a la población en servicios y trámites, ofrecidos por las entidades. Gran problema que limita el avance en la atención a la población víctima del conflicto armado colombiano.

Con amplio desconocimiento de los procesos tuvo que afrontar su estadía en la capital, al principio dormía en una bodega, en la calle, y trabajo en varias casas de familia en la ciudad “Aprendí a valorar las cosas, luego de no tener estabilidad y trabajar por días en las casas de familia, en muchas casas me maltrataron, me discriminaban, no fue fácil; la gente se cree mucho y a uno lo mira mal” así lo contó al diario bogotano, Gregoris.

Por fortuna, un día se encontró con Laura Hernández, una bogotana que le abrió las puertas de la casa para que le ayudara con varios oficios, allí aprendió el arte de tejer y hacer collares. Su salario eran 300 mil pesos mensuales, no alcanzaban para mucho en una ciudad tan costosa como Bogotá, sin embargo, Gregoris, no se rindió. El impulso del arte y tejer historias en cada prenda fue el motor para reconciliarse con la vida, fue la ilusión para construir una nueva historia en Bogotá.

Junto a su hija emprendió la tarea de buscar apoyo para estudiar y salir adelante.  Una convocatoria, realizada por la Alcaldía Local Rafael Uribe Uribe, para emprendedores, fue el comienzo de su historia como empresaria en la ciudad. Fue escogida entre 50 concursantes y obtuvo un premio de 6 millones de pesos, con este recurso creó su propio taller de joyería, participó en la “Ferias de las colonias” y logró vender todos los productos que había realizado. El comienzo del cambio, de víctima a empresaria, así lo denomina ella.

 

“Yo era una mujer insegura, no podía levantar mi rostro para vender los productos, no creía que lo que mis manos hacían se podía vender; pero mi hija era mi motor y debía salir adelante” aseguró.

Evidentemente, su comunicación no verbal y verbal aún está en construcción, pero este factor no ha sido un limitante para llevar sus productos a diferentes establecimientos de la ciudad; porque ella no quiere vivir de esperando la ayuda del Estado. Luego de cursar y graduarse en El SENA en manualidades y joyería, donde se especializo en filigrana, participó en diversos escenarios en el distrito para exponer los productos, Corferias fue una de las vitrinas donde expuso su arte.

“Con mis productos cuento historias, cada tejido tiene un sentido, recuerdan mi tierra ¡Mi Cultura! Este es mi mensaje para las víctimas que como yo hemos sufrido el conflicto de la tierra colombiana, NO vivamos del Estado, podemos ser capaces de transformar nuestra realidad, solo necesitamos creer en nosotros mismos y emprender un nuevo camino” explicó la mujer.

 

Hoy Gregoris, sigue viviendo en Bogotá, tiene su hogar y su taller en él, sigue produciendo joyas y vendiéndolas en varias entidades. Está creando sus redes y solo espera que con esta nota las demás personas vean que si es posible, aunque no es fácil, hacer resiliencia y seguir adelante.

Finalmente, comentó que: “Ahora que las Farc se ha desmovilizado, creo que es el momento para continuar impulsando a la gente, a las víctimas para que le pidan al ELN también se desmovilice. Yo creo que debemos pasar la página, debemos aceptar a los desmovilizados porque esta guerra que vivimos no fue culpa de nosotros, acá todos nos equivocamos. No es fácil pero debemos sanar nuestros corazones, nosotros somos capaces porque no tenemos límites” esta mujer morena, dejando ver en sus ojos la ilusión de ver la construcción de un lugar, con más oportunidades, mejor para su familia y las nuevas generaciones.

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