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“Uno es dos: el que escribe, que puede ser malo; y el que corrige, que debe ser bueno”: Jaír Villano

Jaír Villano (Cali, 22 de enero de 1993) es periodista y columnista de El Diario BogotanoEl Pueblo de Cali y medios independientes en otras partes del país. Dice que ha escrito tres libros: un ensayo periodístico, que en la Universidad Autónoma no le quisieron publicar; un libro de cuentos, que su editor le dijo que aguantara; y una novela, que se publicó hace algo más de un año. Ahora reside en Bogotá y está escribiendo una segunda novela con la cual tiene reticencias, pues sostiene que no sabe si la logre parir.  Confiesa –y dice que esto es digno de mención– que no ha sido ganador de ningún premio importante, que no le gusta asistir a eventos donde le toca alardear de sus escritos, que le gusta pasar las noches del fin de semana con sus amigos “chirris” y que si quien lo entrevista no tuviera un revolver en la mano, él no aceptaría responder este cuestionario.

 

¿Qué libro está leyendo en este momento?

Pureza de Jonathan Franzen.

 

¿Cuántos libros lee al año?

Procuro leer uno por semana, pero hay libros que son muy largos, otros muy cortos, así como hay algunos de fácil lectura y otros sobre los cuales toca detenerse a releer. En últimas, el número puede variar.

 

¿Cuál es el libro que más ha releído?

Dos: Crimen y Castigo y El pabellón número 6, un cuento de Chéjov que podría ser considerada una novela corta.

 

¿Qué libro recuerda de su infancia?

Dos: Tristán e Isolda y La ciudad y los perros.

 

¿Qué libro que leyó de adulto le hubiera gustado leer de niño?

Estoy seguro que de haber leído Los detectives salvajes mi novela hubiera tenido otro matiz.

 

¿Para qué escribir?

Para ser. Para desquitarse de la realidad (en especial de las mujeres que no me corresponden), para darle un sentido romántico a la vida.

 

¿Cuál es su rutina para escribir?

Escribo de noche por tiempo. De 11 a 12:30 o 1:00. Antes de ir al médico me gustaba fumar mientras escribía y tomar mucho café.

 

¿Quién lee sus borradores?

Eduard Narváez, un profesor a quien le guardo especial respeto. Y amigos desempleados como Óscar Perdomo, Ángela y Patrón.

 

¿Cuándo decidió que quería ser escritor?

Cuando supe que no era único, es decir, cuando me enteré que podía hablar de mí y que la gente se podía identificar con eso. La buena literatura vuelve las experiencias personales en experiencias colectivas, eso resume todo.

 

¿Cuál fue el mejor consejo que le dieron para escribir?

Parafraseando a Augusto Monterroso, uno es dos: el que escribe, que puede ser malo; y el que corrige, que debe ser bueno.  Salmo para cualquiera que quiera adentrarse a estas lides. (El problema es cuando ni lo uno  ni lo otro).

 

¿A qué escritor le gustaría revivir y llevar a tomar onces al Florida?

Ve, Borges, vamos al Florida a tomarnos un cafecito. El diario bogotano invita.

 

¿Con qué escritor le gustaría pegarse una borrachera?

Ya me la pegué con Bukowski… (Risas).

 

¿Qué lugar de Bogotá no cambiaría por nada en el mundo?

El centro.

 

¿Cuál es su plan preferido en Bogotá?

Caminar sin rumbo.

 

¿Qué es lo que más detesta y lo que más le gusta de Bogotá?

Cuando estaba en Cali había mañanas (bueno, casi todas) en que me levantaba amargado, “por educación” me tocaba saludar a la gente con una falsa sonrisa. Acá ni saludo, ni sonrío, eso me gusta.

Detesto las ínfulas de grandeza de algunos rolos, creen que todo lo que hay por fuera de la ciudad es provincia (parece que no miraran los índices de lectura). Dicho sea de paso, la yerba en la Nacional es más cara y de menos calidad que la de Univalle… Oiga, eso no lo vaya a poner.

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“Escribo a mano, en cuadernos, lo que parece muy romántico, pero a la hora de pasarlos a limpio produce una gran frustración.”: Ramón Cote

Ramón Cote Baraibar ha publicado, entre otros, los libros de poesía Poemas para una fosa común, Colección privada (Premio Casa de América 2003), Los fuegos obligados (Premio Unicaja de poesía 2009), Como quien dice adiós a lo perdido (2014) y Hábito del tiempo (antología, 2015). Además, es autor de Diez de ultramar, antología de la joven poesía latinoamericana, de la Antología esencial de la poesía colombiana del siglo XX, de los libros de cuentos Páginas de en medio y Tres pisos más arriba, y de los libros infantiles Feliza y el elefante.

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