Va la madre

LA HISTORIA ES UNA CARICATURA

 

En países burlescos como Colombia la historia se repite cíclica e inexorable, y a veces la única manera de sobrevivir es mediante la ironía y la sátira propias de la caricatura. En esta columna recordamos caricaturas antiguas que siguen vigentes y que, como nuestro país, a veces dan más amarguras que sonrisas.

Por Óscar Perdomo Gamboa

oscarperdomo@yahoo.com

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¡Feliz día de la madre! ¡Semana de la madre! ¡Mes de la Madre! Vamos a comprar regalos, preferiblemente caros, para demostrar que en verdad amamos a mamá; un regalo barato mostrará lo poco que la queremos y el nulo agradecimiento que tenemos por ella. Éstos son los días para mostrarle que vale el celular más caro, el restaurante más fino, el paseo más lujoso. Si usted no gasta en dólares para su mamá será un mal hijo, un desagradecido con el ser que le dio la vida, un hijo no de su madre sino de mala madre.

Cada mayo me convenzo de lo anterior. La publicidad nos agobia con artículos que se deben comprar porque, como bien lo sabemos, la felicidad reside en los objetos caros. Y al ser que más amamos, nuestra madre, debemos comprarle la felicidad más cara. Hay que agradecerle por todos los otros días en que no le llevamos el desayuno a la cama sino que esperamos como zánganos a que madrugue a cocinar para nosotros, nos lave y planche la ropa, y nos arregle la casa.

Aunque para evitarle ese trabajo a mamá podemos contratar a otra mamá de un estrato menor. Esa madre dejará de atender a sus hijos para atender nuestras ollas y escobas. Y sus hijos, cuando llegue la noche, a lo mejor tengan tiempo de ver a su madrecita trabajadora, cansada y sufrida. Siempre habrá desmadrados en este mundo

Pero hay una madre que, a su vez, es madre de todos nosotros, incluidas nuestras mamás: la Madre Patria. En este espacio en el que recordamos caricaturas antiguas se me vienen a la mente trazos de Pepe Gómez, Ricardo Rincón o Adolfo Samper retratando a la Madre Patria como una Mariana alta y digna, de piel inmaculada y afrancesado gorro frigio. Estuve tentado a usar una de ellas para esta columna, pero preferí esta otra madre de Antonio Caballero. Ésta se parece más a las madres colombianas, a las sufridas, las que crían hijos solas, las que trabajan jornadas dobles para dar estudio a sus retoños, las que son capaces de levantar un hogar por sí mismas. Sin embargo, nosotros a veces despreciamos esas madres porque no tienen el celular de última generación y, simplemente, las dejamos que laven nuestros platos sucios y, con algo de suerte, que se lleven una tajada del carísimo pernil con que demostramos el amor a nuestra mamá.

La madre de Caballero, no su progenitora, obviamente, sino la que dibujó en su Monólogo, aparece en esta caricatura rodeada de hijos sucios, descalzos y harapientos, incluyendo el que aún le cuelga del seno. Esta Madrecita Patria ya tiene definidos los futuros de sus críos: desechable, raponero, puta, policía y hasta la sirvienta que, a su vez, atenderá a otras madres a las que sí les demuestran amor con regalos costosos. Esa Madre Patria, o mejor, Madre Paria, es la que de verdad representa al país, la que ha sido abandonada por Papá Estado y no tiene como criar a sus hijos.

¿Triste fin para un día de celebración familiar? ¿Les amargué el pavo? A lo mejor alguna madre afortunada está leyendo esta columna en el mismo celular de dos millones de pesos que acuña el amor de sus hijos. Es posible, pero al menos los hice recordar por un minuto a las madres cuya única celebración fue el dolor del parto.

 

 

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