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¿Vendedores, espacio público y la izquierda?

@sevillanojarami

No es nada serio, ni responsable de parte de la izquierda en Bogotá, que quiera sacar provecho de la necesidad de las personas que en la ciudad buscan el sustento diario a través de las ventas ambulantes, para mostrar una preocupación ante una situación social, que durante los doce años cuando fueron gobierno, no les importó.

Nadie ha dicho que el recuperar el espacio público en los andenes que hoy día es ocupado por vendedores informales, que ofrecen ropas, zapatos, Cd´s, DVD´s, juguetes, etc., productos que en su mayoría son de contrabando e imitaciones, ofrecidas a precios parecidos aunque nunca iguales a los originales, significa que se va a abandonar a estas personas a su suerte, entre otras porque la Sentencia T-152/11 de la Corte Constitucional, ordena a la Administración correspondiente, ofrecer alternativas económicas y de reubicación laboral a aquellos vendedores informales afectados con medidas de recuperación de espacios comunes o protegidos.

El problema está en el momento en que la Administración Distrital debe ofrecer alternativas a quienes son desalojados de los andenes de Bogotá, porque muchos de estos no las aceptan, algunos porque viven en la cultura de la calle, otros porque no se ven pagando servicios públicos, administración o arriendo en un local y en el últimos de los casos, porque ninguna solución les parece atractiva y más bien buscan arrodillar a la Alcaldía a sus caprichos o peticiones.

El caso de doña Ana Isabel Hernández es tan solo un ejemplo. Esta vendedora, protagonista de un abrazo como símbolo de reconciliación con el Alcalde Enrique Peñalosa, asegura que el Distrito le ha incumplido la promesa de otorgarle medidas que le permitan conseguir el sustento diario para su hogar, mientras el Instituto para la Economía Social – IPES, se defiende diciendo que ofrecieron un módulo en la calle 12 con carrera 6, especializado en venta de café y aromáticas (consecuente con lo que ella vendía), pero según la entidad, esta lo rechazó.

¿Quién dice la verdad y quién miente?, es la parte que no se ha dicho y mientras tanto los políticos de izquierda en Bogotá, acuden a ella, no con el ánimo de enseñarle a buscar las herramientas para la búsqueda de un sustento diario de manera independiente, que le evite la persecución de las instituciones que tienen el deber de recuperar el espacio, sino más bien para hacerla digna de lástima y la compasión del resto de la ciudadanía, para así ellos ganar adeptos en lo político.

Esta manera de trabajar irresponsablemente en lo político, de parte de la izquierda, no solo en Bogotá, sino en todo el país, es lo que se debe cambiar, porque la manera como se va a solucionar el problema, no es instigando, ni infundiendo odios en este sector hacia quien ejerce autoridad,

En esto es necesario mediar y tratar de calmar los ánimos para tratar de buscar una solución para las personas que acuden a las ventas en la calle para llevar al alimento diario a sus hogares, como también para la Administración Distrital que con toda su razón, quiere recuperar el espacio público, para de paso acabar con esas mafias del contrabando y de la ilegalidad que se aprovechan de la necesidad de los vendedores ambulantes, para captar dinero masivamente en Bogotá.

Quienes en la izquierda aseguran que les preocupa la población vulnerable en Bogotá, entre ellos los vendedores ambulantes, en lugar de buscar provecho político a costilla de la necesidad de estas personas, deberían ayudar a la Administración Distrital en la búsqueda de soluciones alternativas cosa de que no se vea afectada la economía de sus hogares, tras la recuperación del espacio público en la capital del país.

Doce años fueron más que suficiente para trabajar por estas personas, no para hacerlas dignas de compasión y lástima, sino para llevarlas a una economía formal. Si la situación de ellos empeoró, al punto en que hoy día los andenes en Bogotá se encuentran saturados por las ventas ambulantes, es porque en realidad esta población, nunca estuvo dentro de las grandes preocupaciones ni del Polo Democrático, ni del Progresismo, en momentos en que fueron Gobierno en la capital.

Que no vengan ahora, que se busca recuperar ponerle solución a la invasión del espacio público a rasgarse las vestiduras, derramando lágrimas de cocodrilo.

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