Un millón de dólares. Esa es la recompensa que el gobierno colombiano ofrece por información que conduzca a la captura de Néstor Gregorio Vera, alias Ivan Mordisco, el guerrillero más buscado del país. El 5 de abril de 2026, el presidente Gustavo Petro fue más lejos aún : acusó directamente a este líder disidente de pagar sobornos a mandos militares para escapar de los bombardeos del ejército.
Mordisco, de figura menor a criminal más buscado de Colombia
Cuando las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) firmaron el acuerdo de paz en 2016, Néstor Gregorio Vera era apenas un cuadro intermedio sin gran peso dentro de la organización marxista. Rechazó aquel pacto. Desde entonces, su trayectoria tomó un rumbo radicalmente distinto al de sus antiguos camaradas.
Hoy lidera una de las disidencias más peligrosas del país, una facción que combina el tráfico de cocaína con la destrucción sistemática de la selva amazónica para destinarla a la ganadería. Bajo su mando, el grupo no depuso las armas sino que las multiplicó, enfrentando de forma continua a las fuerzas de seguridad colombianas.
La semana pasada, Mordisco logró huir hacia la Amazonía tras una operación militar que, según el gobierno, mató a seis de sus colaboradores más cercanos en el sureste del país. Entre las víctimas se encontraba, según la prensa local, la compañera sentimental del guerrillero y madre de su hijo. Las autoridades estaban convencidas de que él mismo estaba presente momentos antes del ataque.
| Aspecto | Datos clave |
|---|---|
| Nombre real | Néstor Gregorio Vera |
| Alias | Ivan Mordisco |
| Origen | Disidente de las FARC (acuerdo de paz de 2016) |
| Actividades | Narcotráfico, deforestación ilegal, violencia armada |
| Recompensa por su captura | Aproximadamente 1 millón de dólares |
| Última operación contra él | Abril 2026, sureste de Colombia |
Las acusaciones de Petro : sobornos dentro del ejército
El presidente Gustavo Petro no se limitó a informar sobre el resultado del operativo. A través de su cuenta en la red X, lanzó una acusación directa y sin rodeos contra Mordisco : «paga a los comandantes que deben arrestarlo, así escapa de los bombardeos, pero deja morir a los suyos. Lo avisan antes de cada bombardeo».
Esta denuncia pública abre un frente interno gravísimo. Si las palabras del mandatario resultan ciertas, significaría que la corrupción habría penetrado las propias filas del ejército colombiano, permitiendo al guerrillero anticiparse a los ataques y salvar su vida a costa de sus propios hombres. La fuga hacia la selva amazónica, un territorio de difícil acceso y control, refuerza la hipótesis de que contó con información privilegiada.
El episodio también expone las contradicciones del mandato de Petro. Elegido en 2022 como el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia, intentó durante más de un año negociar con los grupos armados, incluido el de Mordisco. Esas conversaciones fracasaron. Ante el fortalecimiento de las disidencias durante su período de gobierno, optó finalmente por una confrontación directa.
Entre los factores que complican aún más la situación, destacan :
- El control territorial que las disidencias ejercen sobre zonas ricas en cultivos de coca.
- La dificultad operativa de actuar en la selva amazónica sin información precisa sobre el terreno.
- La posible infiltración de redes de corrupción en mandos intermedios del ejército.
- El escaso tiempo que le resta a Petro para actuar antes de las elecciones presidenciales previstas para finales de mayo de 2026.
Un conflicto sin resolver antes del cambio de gobierno
Con las elecciones presidenciales programadas para finales de mayo de 2026, Gustavo Petro tiene pocas semanas para ofrecer resultados concretos en materia de seguridad. Su gestión en este ámbito ha sido una de las más cuestionadas : los grupos armados no solo sobrevivieron a sus intentos de diálogo, sino que ganaron fuerza y presencia territorial durante su mandato.
El caso de Mordisco concentra todas esas tensiones. Este guerrillero representa el fracaso de la estrategia de paz total impulsada por Petro, pero también un desafío estructural que ningún gobierno colombiano ha logrado resolver del todo desde que las FARC firmaron su desmovilización hace casi una década.
La facción principal de las FARC depuso las armas tras el acuerdo de 2016, pero los grupos que se negaron a hacerlo siguieron operando. Lejos de desaparecer, se reorganizaron en torno a economías ilegales extremadamente lucrativas. El narcotráfico y la deforestación les proporcionan recursos para reclutar, armar y corromper.
Más allá de la captura o neutralización de Ivan Mordisco, el verdadero reto para el próximo gobierno colombiano será abordar la raíz del problema : mientras existan territorios sin presencia estatal efectiva y mercados ilegales que generen cientos de millones de dólares al año, cualquier victoria militar seguirá siendo parcial. Combatir la corrupción interna dentro de las fuerzas armadas se perfila como una prioridad tan urgente como la propia operación militar en la selva.
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