El pasado sÔbado, un atentado con explosivos en la ruta panamericana que conecta Cali con PopayÔn se cobró la vida de 21 civiles y dejó 56 heridos. Personas anónimas que simplemente circulaban por esa carretera. Ese crimen, atribuido a disidentes de las FARC, desató una oleada de condena internacional y llegó hasta la Plaza de San Pedro.
El Papa LƩon XIV condena los ataques en el Cauca colombiano
Este miĆ©rcoles, durante la Audiencia General en el Vaticano, el Papa LĆ©on XIV expresó su tristeza e inquietud ante los recientes episodios de violencia en el suroeste de Colombia. Al dirigirse a los peregrinos hispanohablantes, el PontĆfice no dudó en mencionar directamente el departamento del Cauca y sus alrededores, donde desde el viernes anterior se habĆan registrado 31 ataques armados en apenas 72 horas.
Las palabras del Papa fueron claras y sin rodeos : “Expreso mi cercanĆa en la oración con las vĆctimas y sus familias, y exhorto a todos a rechazar cualquier forma de violencia y a elegir resueltamente el camino de la paz.” No fue un mensaje diplomĆ”tico vacĆo. Fue una toma de posición directa ante una tragedia que afecta a comunidades enteras abandonadas a su suerte.
Los funerales de las vĆctimas del atentado se celebraron mayoritariamente el lunes en CajibĆo, municipio cercano al lugar de la explosión. Cientos de colombianos vestidos de blanco acompaƱaron a las familias con una pancarta que pedĆa respeto a la vida, al territorio y al derecho a vivir en paz. Una imagen que contrasta duramente con la brutalidad del ataque.
Para entender la magnitud de lo que ocurre en la región, conviene repasar los datos mÔs recientes sobre el conflicto armado :
- 31 ataques perpetrados en el Cauca y zonas limĆtrofes en un solo fin de semana
- 21 civiles muertos y 56 heridos solo en el atentado de la carretera panamericana
- Departamentos afectados : Cauca, Huila, Meta, Valle del Cauca y NariƱo
- Detención del jefe guerrillero José Vitonco, alias Mi Pez, señalado como responsable principal del ataque
El EMC y la fragilidad del acuerdo de paz de 2016
La autorĆa de estos ataques recae sobre el Estado Mayor Central (EMC), la principal disidencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que rechazó sumarse al acuerdo de paz firmado en 2016. Ese acuerdo, negociado con mediación de la Santa Sede, fue un hito histórico. Pero una parte del movimiento guerrillero nunca lo aceptó.
El EMC opera bajo el mando de IvĆ”n Mordisco, el criminal mĆ”s buscado de Colombia. La policĆa colombiana capturó ayer a uno de sus hombres de confianza, JosĆ© Vitonco, alias Mi Pez, identificado como el principal organizador del atentado. Su detención no resuelve el problema de fondo, pero evidencia que las fuerzas de seguridad siguen activas en la región.
El Cauca es, francamente, un territorio abandonado por el Estado durante dĆ©cadas. Vastas extensiones de cultivos de coca lo convierten en un enclave estratĆ©gico para el narcotrĆ”fico. Colombia sigue siendo el primer productor mundial de cocaĆna, y el Cauca es uno de los ejes de esa economĆa ilegal. El presidente Gustavo Petro impulsó una polĆtica de paz total, pero los resultados sobre el terreno son, cuando menos, insuficientes. El EMC ha reforzado su presencia allĆ precisamente en estos Ćŗltimos aƱos.
| Actor | Rol en el conflicto | Situación actual |
|---|---|---|
| EMC (Estado Mayor Central) | Disidencia armada de las FARC | Activo, principal responsable de los ataques |
| IvĆ”n Mordisco | LĆder del EMC | Buscado, en fuga |
| JosĆ© Vitonco (Mi Pez) | Jefe operativo del EMC | Detenido por la policĆa colombiana |
| Gobierno de Petro | Promotor de la “paz total” | Negociaciones interrumpidas |
Para profundizar en el balance de vĆctimas del conflicto armado en Colombia, puedes consultar el reportaje sobre los enfrentamientos en Colombia y los 54 muertos confirmados en la guerra de guerrillas, que ofrece un contexto mĆ”s amplio sobre la crisis.
La Iglesia colombiana alza la voz : “Nada justifica la violencia”
MÔs allÔ del gesto del Papa, la Conferencia Episcopal de Colombia publicó un comunicado contundente tras los ataques. Los obispos expresaron su dolor y consternación ante la escalada de violencia en los departamentos de Huila, Meta, Cauca, Valle del Cauca y Nariño. No se quedaron en las condolencias.
“Toda acción armada que atente contra la población civil constituye una grave ofensa a Dios y una ruptura del orden moral y social”, escribieron los obispos. Una frase que no deja margen de interpretación. La vida humana es sagrada, recuerdan, y debe protegerse en cualquier circunstancia. Sin excepciones.
El llamado a los grupos armados fue igualmente directo : cesar de inmediato cualquier acto contra la vida, respetar el derecho internacional humanitario y tratar a la población con humanidad. Los obispos también exigieron al Estado colombiano que asuma sus responsabilidades : garantizar la protección efectiva de los ciudadanos, el acceso a bienes esenciales y una presencia real e integral en los territorios mÔs vulnerables.
La Iglesia, tanto desde Roma como desde BogotĆ”, envĆa un mensaje que va mĆ”s allĆ” de la compasión espiritual. Pide acción concreta. Las comunidades eclesiales recibieron el llamado a intensificar la oración por la paz en toda Colombia y a movilizar ayuda humanitaria urgente para las poblaciones afectadas. Cuando las instituciones civiles fallan, la Iglesia sigue siendo, en muchas de estas zonas, el Ćŗnico actor que mantiene presencia y credibilidad ante la gente.
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