Cuatro hipopótamos. Eso fue todo lo que importó Pablo Escobar desde África en los años ochenta para poblar el zoológico privado de su Hacienda Nápoles, a unos 150 kilómetros al este de Medellín. Hoy, esos cuatro animales se han convertido en más de 200 ejemplares que se reproducen libremente en las aguas del río Magdalena. Y en abril de 2026, el gobierno colombiano anunció lo impensable : sacrificar al menos la mitad de esa población.
Del zoo de un narco al río Magdalena : cómo llegamos hasta aquí
Cuando Escobar murió abatido en diciembre de 1993, nadie se hizo cargo de los hipopótamos que deambulaban por su finca. El Estado colombiano no actuó. Los animales encontraron en el Magdalena un entorno favorable —agua abundante, ausencia de depredadores naturales, clima tropical— y comenzaron a reproducirse sin control. Nadie los esterilizó. Nadie los trasladó. Durante décadas, la respuesta oficial fue mirar hacia otro lado.
El resultado es una población que hoy supera los 200 individuos, clasificada oficialmente como especie invasora por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Según ese mismo ministerio, el objetivo del nuevo plan es eliminar “al menos la mitad” de los ejemplares mediante eutanasia programada, con inicio previsto para el segundo semestre de 2026 si no surge ninguna alternativa viable.
Para Andrea Padilla, activista colombiana por los derechos animales, el diagnóstico es claro : “Esto es una pura falla de gestión del Ministerio de Ambiente. No esterilizaron más animales simplemente por desidia.” Una acusación dura, pero difícil de rebatir cuando se sabe que en 2021 solo se esterilizaron 24 ejemplares —de más de 200— antes de que el gobierno alegara problemas de costos e infraestructura para continuar.
| Año | Hecho clave |
|---|---|
| 1980s | Escobar importa 4 hipopótamos para su zoológico privado |
| 1993 | Muerte de Escobar; los animales quedan abandonados |
| 2021 | Programa de esterilización : solo 24 animales tratados |
| 2021 | La justicia estadounidense reconoce la personalidad jurídica de los hipopótamos colombianos |
| Abril 2026 | El gobierno anuncia el plan de sacrificio masivo |
Las razones del gobierno y las réplicas de los defensores
Las autoridades esgrimen tres argumentos principales para justificar el sacrificio : proteger la biodiversidad nativa, reducir los riesgos para las comunidades locales y frenar el crecimiento acelerado de esta especie. Pero cada uno de esos argumentos choca frontalmente con la posición de los colectivos que defienden a estos animales.
Sobre la biodiversidad, la Comisión para la Protección de la Vida de los Hipopótamos, un colectivo ciudadano con sede en Puerto Triunfó, en el departamento de Antioquia, señala algo que resulta incómodo para el discurso oficial : “Es muy paradójico culpar a un centenar de animales de destruir un ecosistema que se degrada desde hace siglos.” Según esta organización, la desaparición de manatíes y nutrias en la zona es responsabilidad humana, no de los hipopótamos.
Respecto a la peligrosidad, el colectivo es igual de tajante. Los habitantes de la región llevan años conviviendo con estos animales y han aprendido a hacerlo de forma responsable. “La peligrosidad no es motivo suficiente para matar a un animal”, afirman. Colombia alberga docenas de especies potencialmente peligrosas para las personas, y nadie plantea exterminarlas.
Los argumentos de ambas partes se pueden resumir así :
- Gobierno : especie invasora, riesgo ecológico, costes de gestión insostenibles
- Defensores : inacción estatal durante 30 años, alternativas no agotadas, derechos reconocidos judicialmente
- Comunidades locales : convivencia establecida, ningún incidente grave documentado recientemente
Vantara, México, Filipinas : ¿hay salida para estos animales ?
Trasladar a los hipopótamos a otro país parece la solución más humana. En la práctica, ha demostrado ser extraordinariamente complicada. Las negociaciones con México y Filipinas no llegaron a ningún acuerdo concreto, según confirmó el propio Ministerio de Ambiente. La única propuesta activa sobre la mesa viene de la India.
Anant Ambani, hijo del multimillonario indio Mukesh Ambani, se ofreció a acoger a los hipopótamos en Vantara, su megazoológico situado en el estado de Gujarat. El establecimiento ya alberga, según la Autoridad Central de Zoos de la India, cientos de elefantes, 160 tigres, 200 leones y 900 cocodrilos, entre miles de ejemplares más adquiridos desde 2022 procedentes de todo el mundo.
Lorène Jacquet, responsable de asuntos públicos de la Fundación 30 Millones de Amigos, no se muerde la lengua : “Esta oferta generosa suena como un nuevo intento de legitimar la actividad de Vantara, que lleva años importando especies protegidas cuya procedencia resulta dudosa.” Para Jacquet, instrumentalizar la emoción colectiva en torno a los hipopótamos de Escobar para proyectar una imagen de zoo-refugio es, francamente, una estrategia de greenwashing que no resiste el análisis.
El debate sobre el sacrificio de los hipopótamos de Escobar y la división que genera en Colombia no es solo emocional : tiene implicaciones jurídicas reales. En 2021, un tribunal estadounidense reconoció la personalidad jurídica de estos animales, abriendo la puerta a que puedan ejercer derechos en su nombre propio. Abogados, diputados y académicos trabajan hoy junto a la Comisión de Puerto Triunfó para explotar esa vía legal antes de que las primeras eutanasias se ejecuten.
Una batalla jurídica que puede cambiar las reglas del juego
Si los defensores logran consolidar el reconocimiento jurídico de estos animales ante los tribunales colombianos, el gobierno no podría ordenar su sacrificio sin enfrentarse a un proceso legal sin precedentes en América Latina. Eso convierte a Colombia en un laboratorio involuntario del derecho animal a escala global.
La pregunta ya no es solo qué hacer con 200 hipopótamos. Es hasta dónde está dispuesta una sociedad a llegar para reconocer que los errores humanos no se resuelven eliminando a quienes los padecen. Treinta años de abandono institucional crearon este problema. Que la solución sea ahora un rifle parece, como mínimo, un argumento que merece mucho más debate del que el gobierno colombiano parece dispuesto a sostener.
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