Sicariato en Suba : carnicero asesinado en emboscada

Hombre herido tumbado en calle mojada de ciudad oscura

El martes 26 de mayo de 2026, a plena mañana, un carnicero fue ejecutado a tiros en el barrio Ciudad Jardín, en la localidad de Suba, al noroccidente de Bogotá. La víctima fue identificada como José Víctor Rojas González, comerciante del sector y propietario de varios establecimientos de carnes en la capital colombiana. Lo que hace este crimen especialmente perturbador no es solo su brutalidad, sino el nivel de premeditación que revelan las cámaras de seguridad.

Un ataque preparado con horas de anticipación

Las imágenes de seguridad captadas en la zona y difundidas posteriormente por Caracol Radio muestran detalles escalofriantes. Los dos sicarios llegaron al sector más de una hora antes del crimen, se instalaron en una panadería cercana y desayunaron con toda calma antes de ejecutar el plan. Esa frialdad operativa habla de una organización con experiencia y recursos.

Según la información conocida, uno de los atacantes tenía dificultades físicas para correr —problemas con una pierna— lo que explica por qué el conductor de la motocicleta lo esperó estacionado junto a la acera. El sicario realizó el trabajo a pie, recorrió unas dos cuadras en retirada, y se subió al vehículo que ya estaba listo para arrancar.

El teniente coronel Julio Botero, vocero oficial de la Policía para este caso, confirmó la dinámica del ataque : “Dos sujetos se movilizaron en motocicleta y, a bordo de ella, huyeron del lugar de los hechos”. Lo que los videos agregan es que, durante la huida por la Avenida Suba, el parrillero disparó hacia atrás —directamente contra unos jóvenes que habían intentado detenerlos lanzando botellas— antes de desaparecer entre el tráfico.

Un dato técnico que cambia todo : los asesinos sabían que Rojas González usaba chaleco antibalas. Por eso le apuntaron directamente a la cabeza. No fue un ataque improvisado. Fue una ejecución calculada, con inteligencia previa sobre el objetivo.

El arma utilizada fue abandonada cerca de un restaurante de comida rápida en los alrededores inmediatos del lugar del crimen. José Víctor Rojas González cayó en la puerta del local Fruvcampo, donde trabajaba como carnicero.

La sombra del clan Rojas : cuatro muertos y contando

Este homicidio no es un hecho aislado. Es el quinto golpe contra lo que las autoridades identifican como el clan Rojas, y el patrón es demasiado claro para ignorarlo. La Fiscalía General de la Nación investiga una cadena de crímenes contra varios miembros de esta familia dedicada al negocio de carnes en Bogotá.

Para entender el alcance de la violencia contra este grupo familiar, conviene revisar los casos documentados :

  • Mauricio Rojas González fue asesinado el 27 de septiembre de 2024 en el barrio Normandía, atacado por dos sicarios en moto.
  • Yahir Ruiz Rojas, primo de José Víctor, sobrevivió a un intento de sicariato el 13 de abril de 2026 en el barrio Barrancas (Usaquén), gracias a que portaba chaleco antibalas y contaba con dos empleados armados.
  • Otros dos primos del carnicero Yahir Ruiz han sido asesinados en circunstancias que permanecen bajo investigación.
  • José Víctor Rojas González, el caso más reciente, ejecutado el 26 de mayo de 2026 en Suba.

El negocio familiar tiene una dimensión considerable. Según documentos en poder de la Unidad Investigativa de El Tiempo, José Víctor Rojas González era propietario de al menos tres establecimientos : Club de Carnes 100 por ciento Novillo, Distribuidora de carnes finas MR, y La Excelencia de la 100 (con dos sedes), todos en Bogotá. Esta concentración de activos puede explicar, al menos en parte, por qué el clan es blanco de ataques sistemáticos.

Víctima Fecha del ataque Localidad Resultado
Mauricio Rojas González 27 de septiembre de 2024 Normandía Fallecido
Yahir Ruiz Rojas 13 de abril de 2026 Barrancas (Usaquén) Sobrevivió
José Víctor Rojas González 26 de mayo de 2026 Ciudad Jardín (Suba) Fallecido

Sicariato en moto : una modalidad que no cede en Bogotá

El modus operandi descrito en Suba es prácticamente idéntico al de decenas de ataques registrados en la capital durante los últimos dos años : dos hombres en motocicleta, uno conduce y el otro dispara, huida rápida por vías principales. Esta modalidad sigue siendo la favorita de los grupos criminales en Bogotá precisamente porque combina movilidad, velocidad y dificulta la identificación de los responsables.

Lo que distingue este caso es el nivel de planificación. Desayunar en una panadería cercana mientras se espera el momento exacto de actuar no es improvisación —es protocolo. Y conocer de antemano que la víctima llevaba chaleco antibalas implica una red de información que va más allá del crimen callejero común.

Este tipo de sicariato organizado en zonas urbanas de Bogotá plantea una pregunta incómoda : ¿cuánto saben realmente las autoridades sobre quién está detrás de la persecución sistemática del clan Rojas ? La Fiscalía tiene al menos cinco eventos documentados vinculados a la misma familia. Eso es suficiente para hablar de un patrón criminal estructurado, no de coincidencias.

Francamente, la imagen más reveladora de toda esta historia no es la de la fuga en moto. Es la de dos hombres comiendo tranquilamente antes de ir a matar. Esa calma dice más sobre el estado del crimen organizado en Bogotá que cualquier estadística oficial.

Luis Rodríguez
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