Transición energética : juego de rol para entender los arbitrajes

Equipo profesional discutiendo en mesa redonda

La transición energética en Colombia no es un problema de ecuaciones. Es un problema de personas, intereses y decisiones que se contradicen. El país tiene un mix eléctrico 70% hidroeléctrico, compromisos climáticos ambiciosos y, al mismo tiempo, una economía donde el carbón y el petróleo representan más del 55% de las exportaciones. Ese equilibrio imposible es exactamente lo que un grupo de investigadores decidió convertir en juego.

PowerShift : cuando gobernar la energía se convierte en simulación

PowerShift es un juego de estrategia diseñado por investigadores —entre ellos equipos vinculados a la Agence française de développement (AFD)— que pone a los participantes en la piel de los actores reales de una economía. No es un juego de mesa trivial. Cada jugador encarna un rol con recursos limitados, objetivos concretos y presiones externas : hogares vulnerables, empresas con rentabilidad que defender, o un gobierno que necesita recaudar impuestos sin hundir el consumo.

La metodología que lo sustenta se llama modelización de acompañamiento (enfoque ComMod). Su principio central es sencillo : aprender haciendo, y sobre todo, aprender fallando. El juego no busca que los participantes lleguen a la solución correcta. Busca que entiendan por qué no existe una sola solución correcta.

Nueve sesiones organizadas en Bogotá reunieron más de 150 participantes de más de 50 instituciones : ministerios, sector privado, sociedad civil e instituciones financieras. Esa diversidad no es un detalle menor. Es la clave. Pocas veces un funcionario del Ministerio de Hacienda y un representante de comunidades rurales se sientan a tomar decisiones juntas en tiempo real.

La dinámica revela algo que los modelos cuantitativos no capturan fácilmente : las decisiones de unos afectan directamente a los otros. Cuando el gobierno sube impuestos redistributivos, las empresas mueven capital al exterior. Cuando bajan los ingresos petroleros, los hogares buscan sobrevivir con la deforestación. No son hipótesis : son situaciones que efectivamente emergieron durante las partidas.

Los dilemas reales que el juego hace visibles

Hay un escenario que resume perfectamente la brutalidad de los arbitrajes de la transición energética. Durante una simulación del fenómeno El Niño, la caída en la producción hidroeléctrica obligó a los participantes a relanzar centrales térmicas. Resultado : la economía se estabilizó a corto plazo, pero los objetivos climáticos retrocedieron. Nadie tomó esa decisión por ignorancia. La tomaron porque no había otra opción viable en ese momento.

Ese es exactamente el tipo de tensión que la crisis francesa de los chalecos amarillos en 2018 ilustró en la realidad : una política climática técnicamente coherente que colisionó con la realidad económica de millones de hogares. PowerShift permite experimentar ese choque antes de que ocurra.

Los indicadores que sigue el juego —emisiones, consumo, deforestación, comercio exterior— permiten observar, turno a turno, las consecuencias de cada decisión colectiva. Los participantes pueden ajustar estrategias, pero no deshacer errores pasados. Exactamente como en la vida real.

País Perfil de participantes Dinámica predominante
Colombia Ministerios, sector privado, sociedad civil Restricciones fiscales ligadas a dependencia extractiva
Francia Actores institucionales mixtos Conflictividad social y bloqueos políticos
Suiza Exclusivamente académicos Intercambios deliberativos y analíticos

La comparación entre países es reveladora. A reglas idénticas, los comportamientos cambian radicalmente. Los participantes proyectan en el juego sus marcos institucionales, sus reflejos culturales frente al Estado y su tolerancia al conflicto. Eso demuestra algo fundamental : las decisiones de transición no ocurren en un vacío neutral, sino dentro de relaciones de poder y prácticas institucionales específicas.

Lo que aprendieron los jugadores —y lo que eso implica para la política real

Los resultados de las evaluaciones post-sesión son contundentes. El 66% de los participantes declaró una ganancia significativa de comprensión, y el 81% indicó haber ampliado su visión sobre las trayectorias posibles. Un autor del IPCC que participó en una sesión en Suiza señaló abiertamente que los modelizadores de escenarios cuantitativos ganarían incorporando enfoques cualitativos como este.

Frankamente, ese comentario dice mucho. Los modelos macroeconomicos —como el modelo GEMMES, desarrollado con instituciones colombianas e integrado oficialmente en las herramientas del Ministerio de Hacienda— son indispensables. Pero no producen empatía. PowerShift sí.

Los tres aprendizajes clave que emergen de las partidas son :

  1. La coordinación entre sectores no es opcional : su ausencia es la causa principal de los fracasos simulados.
  2. Comprender las restricciones del otro cambia la forma en que se negocia y se decide.
  3. Una reducción de emisiones provocada por recesión económica no equivale a una transición exitosa.

El juego tiene límites que conviene no ignorar. Requiere tiempo, participantes comprometidos y múltiples turnos para explorar escenarios complejos. No produce soluciones trasladables directamente a decretos ni reemplaza el análisis técnico. Un alto funcionario colombiano lo resumió con precisión : “Es una experiencia social de toma de decisiones entre actores de una economía capaz de reflejar la realidad de cualquier país.”

Lo que PowerShift abre, más allá del contexto colombiano, es una pregunta incómoda para cualquier gobierno que planifique su política climática : ¿cuántos de los actores afectados por esa política han sido invitados a simularla antes de implementarla ? La transición no se diseña en una hoja de cálculo. Se construye —o se bloquea— en la interacción entre personas con intereses distintos que raramente se sientan en la misma mesa.

Luis Rodríguez
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