Disidentes de las Farc se enfrentan en la Amazonía colombiana

Soldados armados patrullando sendero en selva densa y húmeda

Al menos 48 personas murieron en una sola semana en el departamento colombiano del Guaviare, una cifra que resume la brutalidad de los enfrentamientos entre facciones disidentes de las FARC. Once de esas víctimas eran menores de edad, según confirmó el diario El Espectador. No estamos ante un episodio aislado : la selva amazónica se ha convertido en el nuevo escenario de una guerra que lleva seis décadas desangrando a Colombia.

El Guaviare, epicentro de una guerra fratricida

El departamento del Guaviare ocupa una posición estratégica en el mapa colombiano : linda con la Amazonia, está atravesado por rutas históricas del narcotráfico y permanece fuera del control real del Estado. Ese vacío de poder es exactamente lo que buscan quienes se disputan el territorio hoy.

Los protagonistas del conflicto actual son dos facciones que, hasta abril de 2024, formaban parte de una misma organización armada. Por un lado, el Estado Mayor Central (EMC), dirigido por el alias “Iván Mordisco”, que rechaza cualquier proceso de paz y concentra cerca de 5.000 combatientes repartidos por todo el país. Por el otro, el Estado Mayor de los Bloques y Frentes (EMBF), liderado por “Calarcá”, que agrupa alrededor de 1.500 hombres y declara querer retomar el diálogo con el gobierno.

La ruptura entre ambas facciones se produjo tras el colapso de las negociaciones que el gobierno del presidente Gustavo Petro mantenía con estos grupos. Desde entonces, la rivalidad territorial se disparó. La prensa local apunta a un motivo concreto : el control de rutas de contrabando y narcotráfico que cruzan la región. No es ideología lo que se juega en el Guaviare : es dinero y poder sobre el territorio.

Ante la escalada de violencia, Petro ordenó bombardeos en la zona, una decisión que costó tres vidas adicionales. Una respuesta que muchos analistas cuestionan, dado que el mismo gobierno intentó durante meses negociar con estos grupos. La contradicción es difícil de ignorar.

Raíces del conflicto : de la paz de 2016 a la fractura actual

Para entender qué ocurre hoy en el Guaviare, hay que retroceder al acuerdo de paz firmado en 2016 entre el gobierno colombiano y las FARC. Ese pacto histórico desmovilizó a la mayoría de la guerrilla, pero no a todos. Una parte de los combatientes se negó a deponer las armas y continuó operando bajo distintas denominaciones.

Las disidencias surgidas desde entonces se organizaron progresivamente, ganaron territorios y reconstruyeron estructuras de mando. Durante años, los grupos que hoy se enfrentan coexistieron bajo una misma identidad organizativa. Las negociaciones fallidas con el gobierno Petro actuaron como catalizador de la ruptura definitiva.

Facción Alias del líder Efectivos estimados Postura frente al diálogo
Estado Mayor Central (EMC) “Iván Mordisco” ~5.000 combatientes Rechaza la negociación
Estado Mayor de Bloques y Frentes (EMBF) “Calarcá” ~1.500 combatientes Favorable al diálogo

Este historial de crímenes y violaciones de derechos humanos cometidos por estructuras de las FARC no desapareció con el acuerdo de paz. Un fallo judicial reciente así lo recuerda : siete exjefes de las FARC fueron condenados por más de 21.000 secuestros en Colombia, una sentencia que ilustra la magnitud del daño acumulado durante décadas.

Las disidencias heredaron ese modelo de control territorial y violencia instrumental. Lo que cambió es el objetivo inmediato : ya no se trata de un proyecto político, sino del dominio de economías ilegales.

Amazonia en llamas : narcotráfico, territorio y consecuencias humanitarias

El conflicto en el Guaviare no es solo una crisis de seguridad. Sus implicaciones van mucho más allá. La región amazónica colombiana concentra rutas de tráfico de cocaína que conectan zonas de cultivo con los puntos de salida hacia mercados internacionales. Quien controla esas rutas, controla una fuente de financiación millonaria.

Las consecuencias humanitarias son devastadoras. Observa la cadena de impactos :

  • Desplazamiento forzado de comunidades indígenas y campesinas
  • Reclutamiento de menores por parte de grupos armados
  • Bloqueos alimentarios que afectan a poblaciones aisladas
  • Destrucción de infraestructuras locales en zonas sin acceso estatal
  • Expansión de cultivos ilícitos ante la ausencia de alternativas económicas

El impacto ambiental tampoco es menor. La deforestación en la Amazonia colombiana avanza ligada directamente a la presencia de grupos armados : talan bosque para cultivos de coca, para ganadería extensiva o simplemente para afirmar presencia territorial. Según datos del IDEAM, Colombia perdió más de 133.000 hectáreas de bosque en 2023, con el Guaviare entre los departamentos más afectados.

Francamente, reducir este conflicto a una disputa entre guerrilleros sería un error de análisis. Lo que ocurre en el corazón de la selva colombiana refleja décadas de abandono estatal, economías criminales consolidadas y una paz incompleta que nunca llegó a estos territorios. Las negociaciones fallidas no crearon el problema : simplemente dejaron al descubierto las fracturas que ya existían.

El reto para el Estado colombiano no es solo militar. Recuperar el Guaviare exige presencia institucional real, alternativas económicas para las comunidades y una estrategia que no se limite a los bombardeos. Sin eso, cada acuerdo roto solo producirá una nueva guerra con actores distintos y el mismo territorio ensangrentado.

María Gómez
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