El pasado 27 de junio, Luis cruzó el río como cualquier otra mañana para llegar a su escuela en Puerto Nare, en el centro de Colombia. Pero ese día no fue uno más. El niño vio, a pocos metros de la embarcación, la silueta inconfundible de un hipopótamo. Su madre, Nancy Tabares, escuchó el relato con el corazón encogido. No era la primera vez que alguien de su familia se topaba con uno de estos animales : ella misma los había cruzado de niña, a apenas 55 kilómetros de allí, en las cercanías de la Hacienda Nápoles, la legendaria propiedad del narcotraficante Pablo Escobar.
Ese encuentro infantil en el río no es un episodio aislado. Refleja una crisis ambiental que Colombia lleva décadas ignorando a medias, y que hoy amenaza de forma directa a comunidades enteras a lo largo del río Magdalena.
Selmo, el hipopótamo del río : cuando el camino a la escuela se vuelve peligroso
Al ejemplar que ronda Puerto Nare los habitantes lo han bautizado Selmo. Las cicatrices visibles en su cuerpo cuentan una historia : probablemente fue expulsado de su grupo por intentar desplazar al macho dominante, un comportamiento típico en esta especie. Desde entonces, se desplazó siguiendo el curso del río Magdalena, que atraviesa Colombia de sur a norte, hasta instalarse en una zona donde niños cruzan a diario en canoa para ir a la escuela.
Vanessa Arango, secretaria del Comité de Acción Comunal de Puerto Nare, lo explica sin rodeos : “Es muy bonito verlos desde arriba o desde los carros. Pero yo me muevo en canoa. Y les aseguro que de tan cerca no es tan bonito”. Esta frase resume la brecha brutal entre quienes observan el fenómeno como espectáculo y quienes lo viven como amenaza cotidiana.
Ante el riesgo real para los menores, un juez emitió el 8 de septiembre una orden a las autoridades ambientales de Antioquia para que adoptaran medidas antes de finales de octubre. A finales de ese mismo mes, Caracol Radio informaba de una decisión judicial equivalente en el departamento de Santander, donde también se presionaba a los responsables regionales para reunirse con el gobierno nacional y buscar soluciones coordinadas.
Estas son las principales razones por las que la situación se ha vuelto urgente para las comunidades ribereñas :
- Los niños cruzan el río en embarcaciones pequeñas a diario para asistir a clases.
- Los hipopótamos son impredecibles y territoriales, especialmente los machos solitarios.
- La velocidad de reproducción supera cualquier capacidad de control actual.
- Las autoridades actúan con retraso sistemático frente a cada incidente.
De los cuatro hipopótamos de Escobar a una invasión biológica sin freno
Pablo Escobar adquirió cuatro hipopótamos en los años 80 para poblar el zoológico privado de su hacienda. Tras su muerte en 1993, nadie se ocupó de ellos. Sin depredadores naturales en el ecosistema colombiano, comenzaron a reproducirse a un ritmo que hoy alarma a los biólogos. Las proyecciones actuales estiman que, de mantenerse la tendencia, Colombia podría albergar cerca de mil ejemplares para el año 2050.
Para entender la magnitud del problema, basta comparar los datos disponibles sobre incidentes con humanos :
| Contexto | Incidentes registrados | Muertes aproximadas por año |
|---|---|---|
| Colombia (histórico total) | 3 a 5 incidentes | Sin muertes confirmadas hasta la fecha |
| África (continente) | Múltiples anuales | Cerca de 500 muertes por año |
Esa diferencia no debe generar complacencia. África lleva siglos conviviendo con hipopótamos; Colombia apenas tres décadas, con una población que crece exponencialmente. El biólogo Germán Andrade, en declaraciones recogidas por El Espectador, critica con dureza lo que denomina una “ética a la carta” : la tendencia a proteger a estos animales por su atractivo visual, mientras se ignora el impacto sobre las comunidades locales, los pueblos indígenas y las demás especies del ecosistema. Para Andrade, estamos ante una invasión biológica descontrolada que exige decisiones políticas valientes, no marketing turístico.
Porque sí, hay quien ha convertido a los hipopótamos en reclamo turístico. Los operadores que los explotan como atracción se oponen frontalmente a cualquier medida de control. Los defensores del bienestar animal también. El resultado es un bloqueo político que lleva años paralizando soluciones efectivas, mientras los hipopótamos siguen cruzando ríos y los niños siguen compartiendo el agua con ellos.
Conoce más sobre el impacto ecológico de los hipopótamos de Escobar en Colombia para entender hasta qué punto esta especie está transformando los ecosistemas del país.
Eutanasia, santuario o esterilización : lo que las autoridades no terminan de decidir
Una persona que sufrió heridas en un encuentro con uno de estos animales lo dijo sin ambigüedades : “Están esperando a que alguien muera”. Esa frase incómoda sintetiza la crítica más extendida hacia las instituciones colombianas. Hasta ahora, los programas de esterilización y traslado han fracasado por su alcance insuficiente frente a la velocidad de reproducción.
Gustavo Petro, en el tramo final de su mandato, impulsó un plan de eutanasia selectiva para reducir la población de forma controlada. Una decisión polémica, pero respaldada por argumentos científicos sólidos. Su sucesor, Abelardo de la Espriella, optó por un enfoque distinto : la creación de un santuario para concentrar y gestionar a los ejemplares.
Francamente, ninguna solución única bastará. La esterilización es lenta y costosa a esta escala. El santuario requiere una infraestructura enorme y financiación sostenida. La eutanasia genera rechazo mediático inmediato. Lo que sí está claro es que seguir sin actuar tiene un coste humano real : niños que cruzan ríos con miedo, comunidades que ajustan su vida cotidiana a la presencia de un mamífero de más de una tonelada, y autoridades que responden a órdenes judiciales en lugar de anticiparse al problema. Colombia necesita un plan nacional, no parches locales.
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