El sĂĄbado 6 de junio de 2026, un sicario en motocicleta disparĂł contra Cristian Herrera, periodista de 48 años del diario La OpiniĂłn de CĂșcuta, mientras regresaba a su casa. Lo matĂł frente a su familia, en plena luz del dĂa. No hubo error ni confusiĂłn : fue una ejecuciĂłn deliberada en una ciudad que ya conoce demasiado bien este tipo de mensajes.
Con su muerte, el nĂșmero de periodistas asesinados en Colombia desde 1977 asciende a 171 vĂctimas, segĂșn recuerda el diario regional El Colombiano. Un conteo que no para de crecer y que, segĂșn el mismo medio, comparte siempre el mismo denominador : la ausencia de esclarecimiento y la impunidad casi total.
Un veterano del periodismo en la regiĂłn mĂĄs peligrosa del paĂs
Herrera no era un principiante. Llevaba dĂ©cadas cubriendo la realidad del departamento de Norte de Santander, una zona fronteriza donde convergen el narcotrĂĄfico, la guerrilla del ELN, disidentes de las FARC y la influencia desestabilizadora del rĂ©gimen de NicolĂĄs Maduro, hoy encarcelado en Estados Unidos. El Espectador lo describiĂł como alguien que “ejerciĂł su carrera de periodista judicial en una regiĂłn disputada por mĂșltiples grupos criminales, con la complicidad de autoridades legales”.
Ganador de varios premios nacionales de periodismo, Herrera sabĂa perfectamente los riesgos que corrĂa. Tras recibir amenazas graves, llegĂł a exiliarse en Chile. Al regresar a Colombia, el Estado le otorgĂł protecciĂłn oficial. Aun asĂ, en 2024 escribiĂł en X con una lucidez amarga : “El periodismo de investigaciĂłn estĂĄ muriendo en Norte de Santander.” Nadie le hizo suficiente caso.
Al momento de su asesinato, segĂșn Noticias Caracol, estaba investigando las actividades irregulares de un senador reciĂ©n elegido. La lĂnea entre la investigaciĂłn periodĂstica y la sentencia de muerte en CĂșcuta puede ser delgada como el filo de un cuchillo.
| Periodista | Fecha | Lugar | Presunto responsable |
|---|---|---|---|
| Cristian Herrera | 6 de junio de 2026 | CĂșcuta, Norte de Santander | Sicario en moto (en investigaciĂłn) |
| Mateo Pérez Rueda, 24 años | Mayo de 2026 | Briceño, Antioquia | Disidentes de las FARC |
CĂșcuta : un escenario de crĂłnica roja permanente
Para entender por quĂ© matan periodistas en CĂșcuta, hay que entender quĂ© es CĂșcuta hoy. La ciudad fronteriza con Venezuela concentra una acumulaciĂłn explosiva de poderes ilegales : contrabando estructurado, trĂĄfico de drogas, presencia activa del ELN y una corrupciĂłn que filtra incluso las instituciones legĂtimas. El Espectador no dudĂł en calificarlo : ejercer el periodismo allĂ, con pocos recursos y sin protecciĂłn real, “es un acto de fe”.
El asesinato de Herrera a plena luz del dĂa, frente a su familia y sin ningĂșn intento de disimulo, no es solo un crimen. El Tiempo lo analiza como una expresiĂłn de “degradaciĂłn social”, una señal de que las estructuras criminales ya no sienten necesidad de operar en las sombras. Cuando asesinan a un reportero asĂ, el objetivo no es solo silenciar a una persona. Es intimidar a los que queden.
Las consecuencias son concretas y documentadas. SegĂșn el anĂĄlisis del mismo diario, el resultado de esta violencia sistemĂĄtica es demoledor :
- Regiones enteras caen bajo la autocensura generalizada.
- Las fuentes se secan por miedo a represalias.
- Los periodistas locales dejan de investigar los temas mĂĄs sensibles.
- El poder criminal llena el vacĂo informativo que deja la prensa intimidada.
Esto no es teorĂa. Es lo que ya ocurre en varias zonas de Colombia.
Una crisis humanitaria que ahoga la libertad de prensa
El asesinato de Cristian Herrera no llegĂł solo. Apenas un mes antes, Mateo PĂ©rez Rueda, periodista de solo 24 años, fue torturado y asesinado en el municipio de Briceño, en el occidente del paĂs, por disidentes de las FARC. Dos periodistas en menos de cinco semanas. La prensa colombiana no estĂĄ ante un fenĂłmeno aislado, sino ante una tendencia que se agrava.
Desde la firma del acuerdo de paz en 2016 con las FARC, que redujo drĂĄsticamente la violencia en muchas regiones, las zonas fronterizas con Ecuador, PanamĂĄ y Venezuela han visto exactamente el efecto contrario. Nuevos grupos armados ocuparon los territorios que el Estado no fue capaz de llenar. La Cruz Roja, citada por El PaĂs AmĂ©rica, advierte que Colombia atraviesa hoy la peor situaciĂłn humanitaria de los Ășltimos diez años.
Para El Espectador, el asesinato de Herrera en CĂșcuta es directamente “una agresiĂłn contra toda Colombia”, y representa un fracaso tanto del gobierno local como del presidente Gustavo Petro. Es una afirmaciĂłn dura, pero difĂcil de rebatir cuando un periodista con protecciĂłn del Estado muere igualmente.
El editorial de La OpiniĂłn de CĂșcuta, el propio diario de Herrera, publicĂł su respuesta con una frase que resume todo : “No apagarĂĄn su voz.” Es un grito de resistencia honesto. Pero la pregunta real, la que incomoda de verdad, es cuĂĄntos periodistas mĂĄs tendrĂĄn que morir antes de que esa voz encuentre, al fin, una protecciĂłn efectiva y no solo homenajes pĂłstumos.
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