El 4 de septiembre de 2026, el nombre de María Consuelo Córdoba volvió a ocupar los titulares de Colombia. No por primera vez, pero sí con una fuerza distinta. Su historia arrancó hace 26 años en Bogotá, con un ataque con ácido que le cambió la cara y la vida para siempre. Hoy, a sus 58 años, ella misma relata qué pasó con el hombre que le hizo eso.
Del amor tóxico al ácido : los años previos al ataque
Todo comenzó en Cartagena, donde María Consuelo y su agresor se conocieron en una reunión casual. Compartieron dieciocho años juntos, con dinámicas familiares que, con el tiempo, se volvieron peligrosas. Él tomaba. Llegaba borracho. Le pegaba. “Me pegaba en el ojo, me lo hinchaba”, declaró ella en el podcast Vamos Pa’eso y Derecho Pa la Gente, sin rodeos ni eufemismos.
La decisión de romper ese ciclo llegó cuando María Consuelo optó por trasladarse a la capital. “Fue una decisión mía”, explicó. Ya tenía trabajo asegurado en una casa de familia y un lugar donde quedarse. Él se opuso desde el principio, exigiéndole que regresara a Cartagena una y otra vez. Ella le respondía que estaba bien, que no iba a retroceder.
Esa resistencia fue el detonante. En el año 2000, el hombre viajó hasta Bogotá para encontrarla. Lo que sucedió esa noche marcó el antes y el después de su existencia :
- María Consuelo abrió la puerta sin sospechar nada.
- El agresor llevaba ácido guardado en una caneca de aguardiente.
- Le lanzó el líquido directamente al rostro.
- Ella no supo de inmediato qué sustancia era, solo sintió el ardor.
- El hombre huyó corriendo antes de que pudiera reaccionar.
“Yo no sabía que era ácido porque lo tenía en una caneca de aguardiente”, recordó. Esa frase resume la brutalidad calculada del acto : disfrazó el arma para que la víctima ni siquiera pudiera anticiparse. Tras el ataque, María Consuelo estuvo más de tres años hospitalizada, sometida a múltiples intervenciones quirúrgicas para tratar las quemaduras en su rostro.
Un año desaparecido en el Chocó : la impunidad que duele más que el ácido
Mientras ella luchaba por sobrevivir en un hospital de Bogotá, su agresor corría libre. “Yo estuve hospitalizada y él libre, tranquilo por las calles”, dijo María Consuelo sin ocultar la rabia. El hombre huyó al departamento del Chocó, donde permaneció durante más de un año sin rendir cuentas ante ninguna autoridad.
Las autoridades colombianas lograron finalmente localizarlo y trasladarlo a Bogotá. Sin embargo, el proceso judicial que siguió fue decepcionante. La Fiscalía General de la Nación le impuso una condena de apenas cuatro años de prisión. Cuatro años por un ataque que destruyó el rostro de una mujer y la condenó a décadas de sufrimiento físico y psicológico. Para muchos, esa sentencia simboliza exactamente el tipo de impunidad estructural que perpetúa la violencia de género en el país.
| Etapa | Detalle |
|---|---|
| Año del ataque | 2000, en Bogotá |
| Tiempo hospitalizada | Más de 3 años |
| Fuga del agresor | Más de 1 año en el Chocó |
| Condena judicial | 4 años de cárcel |
| Autorización de eutanasia emitida | Hace 4 años (desde 2022) |
Francamente, esa cifra de cuatro años de condena frente a décadas de consecuencias para la víctima es imposible de justificar. El caso de María Consuelo no es una excepción : refleja un patrón judicial que históricamente ha minimizado los crímenes con sustancias químicas contra mujeres en Colombia.
La eutanasia y el derecho a una muerte digna
La EPS Capital Salud aclaró públicamente algo que muchos desconocían : la autorización para que María Consuelo acceda al procedimiento de eutanasia lleva cuatro años vigente. No es una solicitud pendiente. Es una decisión ya validada médica y legalmente. La entidad comunicó directamente con la paciente para verificar su situación de primera mano y reiteró que “va a garantizar su atención”.
Capital Salud fue explícita en su posición : “La decisión hace parte de su voluntad y del ejercicio de su derecho a morir dignamente”. La EPS también subrayó que acompañará, de forma libre y autónoma, cualquier determinación final que tome María Consuelo. Ese acompañamiento incluye las intervenciones quirúrgicas ya realizadas como parte del manejo de las lesiones derivadas del ataque.
Para entender mejor el contexto de este tipo de decisiones en Colombia, vale recordar casos como el de Catalina Giraldo y sus últimas palabras antes de la eutanasia, que pusieron sobre la mesa el debate sobre el derecho a morir con dignidad en el país.
Lo que María Consuelo pide no es solo cesar el dolor físico acumulado durante 26 años. Es también recuperar el control sobre su propio cuerpo, algo que le arrebataron aquella noche en que abrió una puerta sin imaginar lo que vendría. Su caso interpela a toda la sociedad colombiana sobre dos frentes simultáneos : la impunidad real frente a los ataques con ácido y el acceso efectivo a una muerte digna cuando el sufrimiento supera cualquier umbral tolerable.
Si vives o conoces una situación de violencia, puedes llamar a la línea nacional 155 o a emergencias en el 123. La Fiscalía General de la Nación también recibe denuncias en el 018000919748 o desde celular marcando el 122.
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