Catalina Giraldo : sus Ășltimas palabras antes de la eutanasia

Paciente embarazada recibe apoyo de su acompañante en hospital

El 9 de julio de 2026, Catalina Giraldo, psicĂłloga bogotana de 33 años, muriĂł mediante eutanasia en una clĂ­nica de BogotĂĄ. Horas antes, frente a las cĂĄmaras de Noticias Caracol, pronunciĂł palabras que recorren el paĂ­s : “Me siento muy tranquila. Hace muchos años no sentĂ­a esta tranquilidad.” No hubo dramatismo. Solo una mujer que, despuĂ©s de una dĂ©cada de sufrimiento, eligiĂł cuĂĄndo decir basta.

Una década de tratamientos sin mejoría sostenida

DetrĂĄs de esa serenidad habĂ­a diez años de lucha contra tres diagnĂłsticos psiquiĂĄtricos graves : trastorno depresivo mayor, trastorno lĂ­mite de la personalidad y trastorno de ansiedad. Tres enfermedades incurables que, combinadas, convirtieron su cotidianidad en una carga permanente.

El recorrido clĂ­nico de Catalina fue exhaustivo. Entre los tratamientos que recibiĂł figuran :

  • MĂĄs de 40 esquemas farmacolĂłgicos distintos
  • Terapia electroconvulsiva
  • Infusiones de ketamina
  • MĂșltiples hospitalizaciones psiquiĂĄtricas

Ninguno produjo una recuperaciĂłn estable. El punto de quiebre, segĂșn sus propias palabras, llegĂł durante una de esas internaciones : “Me vi en una cama de hospital por un nĂșmero de veces que ya he olvidado. No podĂ­a caminar, estaba muy restringida porque estaba en un ĂĄrea de supervisiĂłn.” Fue entonces cuando se prometiĂł a sĂ­ misma no volver a ese lugar.

Hablar con su familia tampoco fue sencillo. “Al principio fue muy difĂ­cil”, recordĂł, describiendo cĂłmo su madre y su hermana interpretaban su decisiĂłn como una rendiciĂłn. Catalina insistiĂł en que no era rendirse : era reconocer que prolongar ese estado no era vivir. El sufrimiento crĂłnico e irreversible era, para ella, razĂłn suficiente para exigir una salida digna.

El bloqueo institucional que la empujĂł hacia la eutanasia

En octubre de 2025, Catalina presentĂł formalmente una solicitud de asistencia mĂ©dica al suicidio (AMS), un procedimiento distinto a la eutanasia. La diferencia no es menor :

Procedimiento Quién administra el medicamento Autonomía del paciente
Eutanasia El médico Decisión delegada en parte al profesional
Asistencia médica al suicidio El propio paciente Control total sobre el momento y la forma

Para Catalina, esa distinciĂłn era fundamental. “Me negaba a solicitar nuevamente la eutanasia porque sentĂ­a que estaba traicionando esta lucha, que no estaba siendo fiel a mis principios”, explicĂł. La AMS representaba, en su visiĂłn, una expresiĂłn mĂĄs pura de su autonomĂ­a.

La respuesta del sistema fue un muro. Su EPS rechazĂł tramitar la solicitud argumentando que el Ministerio de Salud no ha reglamentado ese procedimiento. La Corte Constitucional despenalizĂł la AMS en 2022, pero ni el Congreso ha legislado al respecto ni las primeras decisiones judiciales resolvieron el fondo del problema. La organizaciĂłn DescLAB, que acompañó jurĂ­dicamente el caso, calificĂł este entramado como un “bloqueo institucional”.

Atrapada entre una sentencia constitucional sin desarrollo legal y una EPS que se amparaba en ese vacĂ­o normativo, Catalina optĂł por la eutanasia. No por convicciĂłn, sino por descarte. “No siento que me estĂ© rindiendo; siento que estoy entregando un poco ahora la responsabilidad a otros”, dijo antes del procedimiento. Vale la pena señalar que este tipo de obstĂĄculos administrativos afecta tambiĂ©n otras ĂĄreas del sistema sanitario colombiano, como la escasez de medicamentos en Colombia y sus implicaciones para los pacientes mĂĄs vulnerables.

Las palabras que Catalina dejĂł a la Corte Constitucional

Catalina sabĂ­a que su caso no terminarĂ­a con su muerte. Con lucidez notable, dirigiĂł un mensaje directo a los magistrados, encabezados por la presidenta de la Corte Constitucional, la magistrada Paola Meneses : “Yo voy a fallecer en las prĂłximas horas, pero no fallece conmigo este proceso.”

Su argumento no era abstracto. PlanteĂł que negar el acceso a una muerte asistida y segura no previene los suicidios, sino que los vuelve mĂĄs violentos. “La gente se suicida y la gente se va a seguir suicidando. Negar esta realidad es desconocer lo que estĂĄ pasando en el paĂ­s y en el mundo”, afirmĂł con franqueza. Desde su perspectiva, acompañar dignamente ese proceso es un acto de salud pĂșblica, no una celebraciĂłn de la muerte.

La distinciĂłn que hizo Catalina merece atenciĂłn : reconociĂł que la mayorĂ­a de los suicidios son prevenibles y deben serlo. Pero sostuvo que hay casos, como el suyo, donde el dolor crĂłnico e irreversible convierte esa lĂłgica en una imposiciĂłn cruel. “Esto tambiĂ©n es un acto de autonomĂ­a e independencia frente a una vida que tal vez ha sido arrancada por las manos del dolor.”

CerrĂł su mensaje con una imagen que refleja su enfoque : “Espero que me recuerden como una persona que iniciĂł este camino, pero que deja apenas la puertica abierta.” No reclamĂł protagonismo. Quiso ser semilla, no sĂ­mbolo.

Lo que su caso revela sobre la salud mental y la muerte digna en Colombia

El caso de Catalina Giraldo expone una contradicciĂłn evidente en el sistema colombiano : la Corte Constitucional reconoce derechos que las instituciones no estĂĄn en condiciones de garantizar. Cuatro años despuĂ©s de la despenalizaciĂłn de la AMS, ninguna EPS tiene un protocolo claro para tramitarla.

Para quienes trabajan en salud mental, el relato de Catalina no es excepcional en su sufrimiento, sĂ­ en su visibilidad. Pacientes con enfermedades psiquiĂĄtricas graves e incurables siguen enfrentando los mismos muros : diagnĂłsticos reconocidos, tratamientos agotados y solicitudes de muerte digna archivadas en despachos judiciales.

Lo que Catalina abriĂł, mĂĄs allĂĄ del debate jurĂ­dico, es una pregunta Ă©tica que Colombia no puede seguir postergando : ÂżcuĂĄnto sufrimiento sostenido debe demostrar una persona para que el sistema reconozca su derecho a decidir ? La respuesta no la dio ningĂșn magistrado. La dio ella misma, con tranquilidad, a horas de morir.

MarĂ­a GĂłmez
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